Cultura

De culto: Vox Populi, la guarida del amor gay (y del otro)

Por: Elisa Montesinos / Publicado: 25.08.2018
fotos_Desc057 / Ángel de Sodoma, performance de Francisco Casas ©Johnny Aguirre
Para muchos la fiesta de cierre del bar restaurante que funcionó por 19 años en Ernesto Pinto Lagarrigue Nº 364 fue la mejor de sus vidas. Terminó cuando se acabó la última gota de alcohol la mañana siguiente a que Chile saliera campeón de América, en julio del 2015. Más allá de eso, el “Vox” será recordado como un lugar que abrió espacios para la diversidad sexual en tiempos de segregación y ocultamiento.

En la fiesta de cierre con bar abierto y baile, música y videos de Rafaella Carrá, discursos de Juan Pablo Sutherland y Johnny Aguirre, canciones al piano y demases, no cabía un alfiler. Ahí estuvieron quienes formaron parte de casi dos décadas de historia. Menos Lemebel y Copello, que no llegaron a ver el final del bar que los tuvo entre sus parroquianos; ni Pancho Casas, que estaba en Lima. Muchos otros no pudieron llegar porque ese día en que Chile salió campeón no había transporte público. Algunos caminaron desde Plaza Ñuñoa, otros terminaron gateando y así mismo tuvieron que irse a la casa, porque ni taxis había.

Fiesta de cierre, julio 2015 ©Johnny Aguirre

“Entre la literatura y la pintura”, lo define el fotógrafo Johnny Aguirre, dueño e ideólogo del espacio junto a su pareja, el francés Patrick Schneider. “Siempre había pinturas en los muros; en resumen, siempre había hueveo”, dice Aguirre. Se hicieron exposiciones de pintores y fotógrafos, lanzamientos de libros y performances, y hasta se lanzó la candidatura presidencial de Jorge Arrate.

Nació como un bar para el público homosexual, se formaron innumerables parejas y hasta se hicieron matrimonios donde cualquiera oficiaba de sacerdote en una época en que el matrimonio gay era un sueño inalcanzable en Chile. Pero a poco andar comenzó a frecuentarlo gente de todos los colores y el Vox se fue abriendo a la diversidad, convirtiéndose en un espacio para todos: “fue el primero donde iban lesbianas y gays hombres y heteros, todos juntos”, dice Johnny, quien ya trabajaba de fotógrafo y también se las había batido de mesero y barman en otros bares. Había aprendido el oficio, además de estar metido en el ambiente cultural, lo que le dio un plus a su local. Él mismo preparaba los tragos y atendía mesas. Fueron años acostándose a las 5 o 6 de la mañana, hasta que consideró que ya era suficiente. El Vox Populi había marcado tendencias y abierto un camino.

“La sociedad cambió en esos años y de a poco se fue dando una apertura”, reflexiona. Cuando comenzaron, los lugares para los gays eran oscuros “casi como pecaminosos”, dice, como si hubiera que esconderse. Ellos quisieron crear algo distinto, abierto, luminoso, donde pudieran besarse y tomarse la mano, sin tener que estar ocultos. Que pudieran sentirse, además, como en su casa. Para lo cual, la casona y su patio, se acondicionaron, convirtiéndose en un lugar acogedor.

Vicente Ruiz posa en las paredes decoradas con collages de revistas ©Johnny Aguirre

Por ahí se vieron Vicente Ruiz, Patricia Rivadeneira y Mateo Iribarren, que venía de un teatro cercano después de las funciones; la crítica Nelly Richard; las poetas Carmen Berenguer y Malú Urriola; Las Yeguas del Apocalipsis como yeguas y por separado; pintores como Tita Gana y Hugo Cárdenas. “El Cardenio era el alma de la fiesta”, recuerda el fotógrafo. Fiesta parece ser una de las palabras claves; se armaba fácil y duraba hasta entrada la madrugada, siempre vinculada al arte.

Hugo Cárdenas en la inauguración de la muestra del pintor Titi Gana ©Johnny Aguirre

Además de la noche final, varias son las jornadas memorables que recuerda. Una vez le tocó atender una mesa donde estaban las fotógrafas Julia Toro y Paz Errázuriz, la crítica Nelly Richard, Mónica Echeverría y Catalina Parra. “Venían de un lanzamiento, yo no las conocía a todas, fui a atenderlas y me quedé conversando con ellas toda la noche, ya no trabajé más ese día”, cuenta. También se hacían performances planeadas e improvisadas. Pancho Casas hizo algunas en el patio. Lemebel se sentaba en la barra “y después de tres rones, hacía performance. Su vida misma era una performance, la forma en que interactuaba con la gente; su humor. Pedro era de barra”.

También en la barra cantó Maggy Lay ante un grupo de estudiantes iberoamericanos que visitaron Chile para un curso de sexualidad. Natalia Valdebenito actuó en los stand up que se hacían los domingos.

Uno de los hitos que hablan del bar como un espacio de libertad fue la fiesta de desagravio organizada por Johnny para la jueza Karen Atala –quien tras un fallo de la Corte Suprema perdió la tuición de sus hijas por ser lesbiana– cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos falló en contra del Estado chileno por discriminación y violación al derecho de igualdad.

Johnny Aguirre con la jueza lesbiana Karen Atala ©Johnny Aguirre

Otra jornada memorable fue un homenaje al artista Francisco Copello, poco después de su muerte. “No se olviden de Copello”, se tituló. Invitaron a varios escritores. Lemebel y Pancho Casas llevaban años sin hablarse. Los dos preguntaron si el otro iría. “Cada cual llegó por su lado con su séquito”, relata Johnny. “Al fragor del alcohol se hablaron y terminaron bailando el vals del No arriba de la barra a las 5 de la mañana”.

Flyer del homenaje a Francisco Copello

 

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