Desde hace ya bastantes meses, diversas organizaciones del sector socialista del Frente Amplio han instalado el debate en torno a la convergencia política y han trabajado en conjunto en su construcción. A contrapelo de la lamentable tendencia de las izquierdas a la fragmentación, la unidad hoy constituye una necesidad histórica: debemos reconocer los elementos que nos unen – que son la mayoría –  y permitir que las diferencias sobrevivan como las tensiones creativas necesarias para que un proyecto transformador avance y no se estanque.

La necesidad de esta unidad, sin embargo, no puede estar reducida a un mero cálculo utilitario, sino que debe responder a un objetivo mayor. Debe tener la mirada puesta en un horizonte transformador, de fortalecimiento de los sectores y movimientos sociales claves para esta tarea y en el robustecimiento del Frente Amplio. Es por esto que desde el Movimiento Político SOL hemos venido insistiendo desde principios de año en que una convergencia de estas características debe levantarse en torno a la unidad estratégica – la unidad del proyecto político –  y orgánica – un solo partido-.

De este modo, antes que unidades instrumentales orientadas a transformar la convergencia en un “frente amplio dentro del frente amplio” y que, por lo tanto, reduzca la unidad al mero electoralismo y reproduzca a la interna una lógica de la negociación, que no logra superar la dinámica de la acumulación para sí entre proyectos diferentes ni  la dinámica viciosa entre la combinación de ambos elementos, defendemos la necesidad de tener altura de miras y bajar las banderas propias en función de un bien superior. El proceso de convergencia debe estar orientado a constituir un partido articulado en torno a la unidad política y que, al mismo tiempo, sea capaz de respetar la diversidad interna y las distintas tradiciones que en un principio aloje en su interior. De este modo, una nueva organización, levantada a partir de los principios políticos convergentes, como el socialismo, el feminismo, la democracia radical, el ecologismo y el anticolonialismo, así como sostenida en una profunda vocación de mayorías y de poder, se constituye hoy como una cuestión necesaria.

Y es necesaria al menos por los siguientes motivos.

En primer lugar, por la necesidad de la emergencia de una fuerza política que en un principio se oriente a representar, pero busque constituirse ella misma en una expresión de los sectores populares, subalternos y de trabajadores y trabajadoras de nuestro país. El avance de un programa con características socialistas, orientado a restituir los derechos que fueron saqueados a nuestro pueblo, a reestructurar las relaciones de poder, democratizar radicalmente Chile y situarlo en una nueva dinámica regional orientada a la integración, deben ser parte central de este proceso. Es decir, la convergencia orgánica aparece como una necesidad para fortalecer la lucha político social.

Por otro lado, es urgente la emergencia de una fuerza política unitaria que sea capaz de empujar una oposición social y política al gobierno en particular y al proyecto neoliberal (y sus distintas expresiones políticas) en general. Este espacio político hoy se encuentra vacante y exige ser ocupado, no sólo por la mera vacancia, sino que principalmente porque es el único espacio desde donde realmente se puede apostar, tanto al ejercicio de la oposición, como a la articulación del proyecto de superación al neoliberalismo. La unidad política, nuevamente, es una condición necesaria para esto.

Lo nuevo, en las circunstancias actuales, no es sólo que este proceso plantee una convergencia históricamente necesaria, sino que además se trata hoy de una convergencia posible. Esta coincidencia histórica entre necesidad, oportunidad y disposición es una coyuntura que todas las fuerzas debemos saber no dejar pasar.

Desde el Movimiento Político SOL vemos, así, este proceso como una oportunidad pocas veces presentada. No somos ciegos a las diferencias y dificultades actualmente existentes, pero estas son  increíblemente menores a aquello que nos une, por lo mismo las divergencias existentes deben aprovecharse como una oportunidad para el debate y reflexión estratégicos. Esa potencia se constituye así en una invitación para la imaginación y creación política, orientada a construir una fuerza a la altura de los desafíos actuales, comprometida con la lucha político social y los sectores trabajadores y subalternos del país, que debe orientarse a enfrentar sin vacilaciones al proyecto neoliberal en sus diversas expresiones y a construir con decisión el camino del socialismo en Chile.