La presencia de la mujer chilena en acontecimientos sociales es pesquisable desde los tiempos de la Colonia en adelante. Sin embargo, el tema que formula este libro se refiere acotadamente a los hitos y a los movimientos que van a influir directamente en el sufragio femenino, vale decir, desde los tiempos posteriores a la instauración de la República.

Se ha considerado como punto de partida central en este proceso la dictación del llamado Decreto Amunátegui del año 1877, que habilitó a la mujer para realizar estudios universitarios. Esta opción se funda en que las investigaciones sobre esta materia, lo señalan, en forma reiterada, como un punto de partida concreto y nítido en la lucha reivindicativa por los derechos civiles y políticos de la mujer. Este argumento también se sostiene en el convencimiento de que las mujeres profesionales pudieron sintetizar y representan desde sus funciones laborales y administrativas las aspiraciones contenidas en otros grupos femeninos, cuyo quehacer estaba inmerso en el espacio privado.

Si bien es necesario señalar que la mujer obrera participó del espacio público con demandas sociales y movilizaciones importantes y también se sumó activamente a la lucha por sus derechos políticos, y además considerando que las primeras organizaciones sociales de mujeres surgieron en el norte del país y correspondieron a esposas y familiares de trabajadores del salitre, fueron, no obstante, las mujeres que prematuramente accedieron a la Educación Superior, pertenecientes en su mayoría a las pujantes capas medias, quienes pudieran conceptualizar con mayor eficacia los argumentos precisos para entablar un diálogo con los estamentos de poder de su época.

Por este motivo la dictación del llamado Decreto Amunátegui puso en marcha un proceso que se presentó como irreversible; esta es, la paulatina y creciente incorporación de la mujer a los sistemas productivos y administrativos nacionales y, desde esas posiciones, la legítima aspiración a obtener la calidad de ciudadanas completas.

Sin embargo, es necesario señalar la fuerte influencia del feminismo internacional en esta tarea, especialmente del pensamiento y accionar de las feministas inglesas y estadounidenses, que fuera conocido y difundido por un grupo de mujeres chilenas, que se abocaron a poner en marcha esas ideas de acuerdo al contexto social y cultural de su época.

Por otra parte, en la primera mitad del siglo XX, intervinieron múltiples factores sociales nacionales e internacionales que modificaron las estructuras con nuevas problemáticas. La industrialización ascendente, la migración masiva de habitantes del campo a la ciudad, la incorporación de diversas teorías sociales y políticas, los conflictos bélicos internacionales (Primera y Segunda Guerra Mundial), las crisis económicas que alteraron la subsistencia familiar, la extensiva politización de la población, el acceso a la educación, fueron factores que, en su conjunto, favorecieron la integración de la mujer de la primera mitad del siglo XX a un mundo cultural más amplio que el de las generaciones precedentes.

Esta crónica, no pretende desligar el proceso de obtención del voto político de las mujeres del resto de los acontecimientos de su tiempo, ni menos desestimar las acciones y gestos solidarios de un grupo destacado de hombres públicos que apoyaron la gestión sufragista. Por el contrario, cada paso esta signado por las marcas plurales de otros gestos sociales y aún por los acontecimientos producidos en sociedades de latitudes distantes.

Pero, también, es necesario enfatizar que el compromiso de la lucha de la mujer por mejorar sus condiciones cívicas, apuntó a materias que tocaron no sólo a instancias concretas, sino especialmente a devenires simbólicos y de sostenida raigambre cultural, como el problema abierto por la administración y categorización de los roles. La lucha por el voto político implicó, de una u otra manera, el deseo y la necesidad de incidir en el interior de una sociedad para modificar la desventajosa dualidad ideológica que dividía a la especie humana, no sólo en hombres y mujeres, sino en sujetos calificados, explícita e implícitamente, como seres superiores e inferiores.

La lucha por el voto político emprendida por las mujeres chilenas, constituyó pues una tarea de ruptura con ciertas convenciones que, de manera determinista, ubicaban a la mujer en un lugar de inferioridad física, intelectual, afectiva y social. La demanda sufragista se articuló en múltiples, diversas e incluso, contradictorias estrategias. Tácticas que abarcaron desde la súplica a la exigencia, de la exigencia a la negociación, con los poderes políticos, a través de la diversidad de partidos políticos existentes, se entrecruzaron en torno a la necesidad de reformulaciones sociales y jurídicas para obtener un mejoramiento en la condición de la mujer. Con temor, pudor o rebeldía, desde posiciones conservadoras o de vanguardia, las organizaciones de mujeres pertenecientes a diversas posiciones políticas, sociales y religiosos, confluyeron, no obstante, en un único objetivo: el imperativo del sufragio.

Más de 30 años transcurrieron para ver cumplido plenamente el objetivo. Después de 30 años de un agitado accionar, el 18 de enero de 1949 se promulgó la ley Nº 9292 y que fuera publicada en el Diario Oficial de Chile el 14 de enero de 1949 y que permitió el sufragio femenino irrestricto.

Este libro, se detiene en tres aspectos primordiales: la dictación del llamado Decreto Amunátegui, las organizaciones de mujeres desde el año 1913 hasta 1949, y las figuras de dos importantes sufragistas chilenas. En este sentido, la opción se ha centrado, de manera preferencial en las feministas e intelectuales, Amanda Labarca y Elena Caffarena. Esta elección se funda en considerar a mujeres cuya especificidad está directamente ligada al sufragio y a la búsqueda de la paridad social, que es el tema que esta crónica aborda. Y, en este sentido, protagonistas sociales como María de La Cruz que, si bien surgió en los tiempos cercanos a la obtención del voto político, y aun cuando crea el Partido Femenino, su máxima figuración se hizo ineludible en una etapa posterior de la historia política de la mujer, como fue el acceso femenino al Parlamento.

La figura de Amanda Labarca tiene una alta importancia en los actuales estudios nacionales e internacionales sobre la mujer como protagonista de la lucha emancipatoria. Por otra parte, Amanda Labarca, como intelectual y escritora prolífica, proporciona un importante material para la comprensión de los problemas de la época. Elena Caffarena es la fundadora del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH, y su Secretaria General desde su creación en 1935 hasta 1941. Agrupación que es considerada por los especialistas como central en la historia de los movimientos de mujeres, además, Elena Caffarena aparece citada en múltiples textos actuales como una de las más destacadas sufragistas de la época y es autora de libros jurídicos que abordan la condición legal de la mujer. Desde luego, no puede olvidarse la importancia de otras figuras, pero, sería materia de una publicación específica el reconstruir las trayectorias individuales de las mujeres participantes en la gestión sufragista.

Así, este libro recoge tres aspectos, el llamado Decreto Amunátegui; las organizaciones; y el pensamiento de dos sufragistas. Materias que, en su conjunto permiten una aproximación a ese fragmento crucial de la historia social de la mujer.

Esta crónica busca presentarse también como una memoria y homenaje a las dirigentes y a las participantes de esa sostenida empresa. Aquellas que comprendieron que ejercer el derecho a voto amplio, garantizaba la entrada a un proceso democrático y buscaron así su propia democratización social y una ampliación más igualitaria y actual de la categoría de lo femenino.

Crónica del sufragio femenino se presentará este sábado 15 de diciembre a las 20 horas en La Furia del Libro. Presentan: Alejandra Castillo, Patricia Espinoza, Kena Lorenzini y Claudia Rojas Mira.


El Desconcierto

Periodista