Opinión

La sonrisa de José Antonio Kast y la imposibilidad de diálogo con los intolerantes

Por: Adolfo Estrella / Publicado: 20.12.2018
kast / Foto: Agencia Uno
Aburridos de tener que elegir entre la Coca-Cola y la Pepsi-Cola políticas, deslegitimados, agotados y declinantes todos los discursos, en un mundo autoritario, pero sin autoridad, el discurso populista ofrece un proyecto de refundación de un orden simplificado y simplificador, pero tangible.

1. José Antonio Kast (JAK), estrella emergente del firmamento populista, sonríe, siempre sonríe. Es capaz de decir las mayores barbaridades, eso sí con una tranquilidad y simpatía a prueba de bombas, mientras las entremezcla con otras barbaridades, con medias verdades o directamente con mentiras. Se muestra afable y sonriente, sin exasperarse nunca, mientras rechaza derechos, defiende dictadores, legitima exclusiones y promueve intolerancias. En su sonrisa, que es parte de su retórica, es decir de su estrategia de persuasión y de guerra, cabe todo. Su sonrisa es su arma de combate, su carro de asalto, su guerra relámpago.

2. La sonrisa y bonhomía de JAK seduce incluso a sus supuestos enemigos, quienes –ingenuos o ignorantes– al creer dialogar con él, difunden su imagen y legitiman sus proyectos: lo engrandecen. Es invitado a todo tipo de programas de televisión y radio; es objeto de múltiples entrevistas que acepta gustoso, incluso cuando el escenario de participantes le es desfavorable. Lo importante es aparecer, estar siempre presente, siempre diciendo algo, sonriente y benévolo, dando soluciones simples a problemas complejos. Mientras tanto, sus huestes saturan foros digitales y, con pésima ortografía, insultan, agreden y aceptan el mundo binario y elemental que JAK les propone.

3. JAK es el enunciador mayor dentro una constelación de enunciadores menores, medianos y mayores, en plena efervescencia por estos días en Chile y el mundo. Participan de este grupo de intransigentes Camila Flores, desnudando su libido pinochetista; Teresa Marinovic, locuaz y siniestra; Ignacio Urrutia, bufón burdo, a los que se suma de vez en cuando algún parlamentario de fácil verborrea y con ansias de protagonismo y voluntad de participar en esta revolución de terciopelo que ha provocado la aparición de JAK. Mientras tanto, en las alcantarillas sociales y mediáticas, pululan el Movimiento Social Patriota y Acción Identitaria, entre otros.

4. JAK y su constelación de enunciadores, sin prisas, pero sin pausas, está socavando el sentido común nacional sustituyéndolo por un sentido común populista o directamente fascista, sin que nadie hasta ahora sea capaz de ofrecer un contra-discurso de igual potencia disruptiva. El progresismo político, derrotado y diezmado, enmudece e incluso le aporta nuevas energías a sus argumentos y políticas discriminadoras (ej. Eduardo Frei Ruiz-Tagle)

5. La estrategia de JAK y sus secuaces consiste en ir tensionando el campo de lo decible en democracia, radicalizando emociones, estirando la tolerancia, enunciando afirmaciones elementales, toscas, pero que permiten a las almas nacionales, ordenar el mundo en “ellos” y “nosotros”, en buenos y malos.

6. Haciendo caso omiso del principio de no contradicción todo puede ser dicho mientras contribuya a esta definición tribal y salvaje de la convivencia social. Sus temas: seguridad, autoridad, restricción de derechos, inmigración… Su retórica: hipérboles (“estamos llenos de inmigrantes”); sinécdoques (“un inmigrante delinque ergo “todos los inmigrantes son delincuentes”) las paradojas (“creemos en la circulación de libre de capitales” / “hay que poner límites a la inmigración”), entre otros recursos. Su léxico: delincuentes, marxistas, invasión, orden…

7. Este “populismo” light, neoliberal, católico y conservador, no se enfrenta, por ahora, de manera abierta y desafiante a la democracia liberal, sino que utiliza el orden institucional y su discurso pragmáticamente, aunque su origen y fuerza nace de un malestar social con la democracia. Convive con estos otros populismos y neofascismos, más duros, pero, por eso mismo, más torpes y atolondrados. Mientras éstos últimos siguen una lógica expresiva, desafiante y menos estratégica, JAK tiene mayores posibilidades de liderazgo porque sabe medir sus impulsos y actuar de acuerdo a un plan minuciosamente detallado, pero no por eso menos capaz de aprovechar con éxito las contingencias de la historia, por ejemplo, el triunfo de Bolsonaro.

8. Dicen lo que otros no se atreven a decir, aunque lo piensen y sientan. Su posición es profundamente liberadora para aquellos que se mordieron la lengua durante estos treinta años. Pero también para los nuevos chilenos desorientados en las redes de las deudas y el consumo. Su eficacia consiste en su poder simplificador, reductor de diversidad. La sinrazón de la razón populista permite liberación de deseos sociales, estabilidad cognitiva y emocional en un mundo con “crisis de decisión” estimulada por la sobreoferta banal en los mercados de consumo políticos.

9. Aburridos de tener que elegir entre la Coca-Cola y la Pepsi-Cola políticas, deslegitimados, agotados y declinantes todos los discursos, en un mundo autoritario, pero sin autoridad, el discurso populista ofrece un proyecto de refundación de un orden simplificado y simplificador, pero tangible. Este es el pueblo que ya ha caído en las redes de la psicología de masas de fascismo, entregándole a unos líderes de pacotilla sus energías, sus frustraciones, sus miserias. Nada nuevo, pero todo es terrorífico.

10. La intolerancia, la construcción de enemigos, la ausencia de argumentación basada en hechos, la política de la mentira, la invención de realidades, etc. hace imposible el diálogo con estos maestros y aprendices de populistas o neofascistas. Esto define una imposibilidad lógica, dialéctica o argumentativa, de conversar con ellos. Su estrategia retórica niega la posibilidad de realizar un intercambio de opiniones diferentes, en igualdad de condiciones, base de la democracia.

11. Conversar con ellos es quedar atrapados en una perversa estrategia retórica donde pase lo que pase son ellos siempre los que ganan. Para ellos el valor de la conversación está en lograr presencia pública y dejar siempre instalada dos o tres conceptos elementales, repetidos hasta el cansancio. Revisar entrevistas, tertulias o debates donde aparecen estos personajes muestra la perplejidad y desesperación de sus interlocutores inundados por cascadas de opiniones imposibles de rebatir una a una, donde se mezclan verdades, medias verdades y mentiras. Diálogos de sordos que llevan al paroxismo y a la categoría de arte, el diálogo de sordos en el que casi siempre ha consistido el debate político.

12. Hay que negar cualquier tipo de dialogo con ellos, no por miedo a la controversia con opiniones diferentes, sino porque sustentan una ideología que incluye la defensa de quienes propugnaron el exterminio de interlocutores que ideologías, valores y principios semejantes a los que uno defiende. Dicho de otra manera: conversar con estos personajes es avalar Cuatro Álamos, Villa Grimaldi, la Venda Sexy etc. Y eso es intolerable.

13. La sonrisa-trampa de JAK esconde un profundo desprecio por el interlocutor. Esa afabilidad oculta un cuestionamiento de la propia posibilidad de cualquier diálogo basado en la igualdad de los que dialogan. Es una sonrisa instrumental: podrá cambiar, a peor, cuando las exigencias políticas y comunicacionales así lo requieran.

14. No propugnamos su exterminio. No defendemos colgarlos de los brazos, ni apalearlos, ni aplicarles corriente en los genitales, ni violarlos con perros, ni arrancarle los ojos con corvos, ni dinamitarlos, ni lanzarlos al mar amarrados a rieles… Propugnamos el ostracismo, la desafección, la indiferencia, el silencio… mientras se muevan en el campo de los discursos, pero, al mismo tiempo, el enfrentamiento legal, político y callejero cuando sus acciones nos afecten, nos excluyan, nos persigan, nos discriminen.

15. Hablamos de “intolerancia frente al intolerante” no intolerancia frente al diferente. El autor de esta columna cree en el respeto a igualdades y las diferencias, sobre todo en relación a los más débiles, ente los que se encuentran los inmigrantes. Pero no hay posibilidad de diálogo con la sonrisa de JAK porque esa sonrisa nos ataca y nos debilita, nos reduce a ser bailarines en la tragicomedia del cual él es dramaturgo, el productor, el actor y el que vende las entradas. Él es el dueño del circo y del espectáculo mediático y digital.

Adolfo Estrella
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