Cultura

La apuesta por los clásicos del Normandie: El gran 2018 del cine del centro de Santiago

Por: Bruno Delgado / Publicado: 21.12.2018
IMG_2385a / Foto: Gonzalo Rubio
"Lirios Rotos", "El Acorazado de Potemkin", "Luces de la Ciudad" y "El gabinete del Dr. Caligari" fueron algunas de las películas que se exhibieron en la sala ubicada en Tarapacá con San Diego en el Cine Club que contó con 16 funciones que incluían la exhibición de la obra, una breve clase y un foro para discutirla. Alerta de spoiler: fue todo un éxito.

Son las 19:50 horas de un jueves de abril fuera del Cine Arte Normandie. Las tardes de otoño ya se están haciendo notar y cerca de una veintena de personas hacen fila para entrar. La película que los convoca no es uno de los estrenos más esperados del mes, tampoco una de superhéroes ni una de los Oscar. O esto último más bien sí, pero no del 2018, sino de 1940. Hablamos de “La Dilegencia” de John Ford, una de las primeras obras que formaron parte del Cine Club que la histórica sala ubicada en Tarapacá con San Diego inauguró este 2018.

Esa escena, gente ansiosa esperando ver un clásico a las 20 horas, se repetiría un jueves cada dos semanas hasta diciembre bajo la misma promesa: recorrer la historia del cine con un filme diferente cada vez, siempre a la misma hora. La única diferencia era que metraje tras metraje más público iban llenando las 250 butacas para echarle una ojeada a los grandes capítulos del cine.

Mientras la cartelera nacional se inunda de blockbusters o sigue siendo colonizada por las producciones estadounidenses de gran presupuesto y las salas alternativas buscan hacerse un espacio exhibiendo alguna que otro título independiente, el cine del centro de Santiago apostó sus cartas a películas que iban desde 1920 al 1960, en lo que desde el punto de vista comercial era, al menos, arriesgado. Alerta de spoiler: Fue todo un éxito.

Foto: Gonzalo Rubio

Si a fines del 2017 alguien les decía a los organizadores del Normandie que su proyecto que obtuvo un fondo del Consejo de la Cultura (hoy Ministerio de la Culturas y las Artes) iba a convocar en total durante el año a mil personas, no se lo hubieran creído. Pero la realidad es que, hasta diciembre, ya van inscritos en el Cine Club más de 1.500 interesados inscritos no solo en clásicos como “Notorious” (1946) y “La Carreta Fantasma” (1921), sino que en aprender a verlas y discutirlas después de la función.

En el cine querían “hacer algo que generara comunidad y un sentimiento de pertenencia en torno a la sala”, explica Scarlett Bozzo, coordinadora de proyectos del Normandie, sobre la ambiciosa iniciativa que debutó el 5 de abril con “Lirios Rotos”, una película de 1919 de D.W. Griffith, y con la que buscaban reunir cada dos semanas a un grupo de interesados que quisieran dedicarle entre de 3 y 4 horas a pensar en 24 cuadros por segundo y en blanco y negro.

“Superó con creces nuestras expectativas porque pensábamos que una película de los años ‘20, muda, era un éxito si llegaban 40 personas y tuvimos un promedio por sesión de 100 personas”, añade Bozzo.

Pensando en 24 cuadros por segundo

“Las películas que mostramos en el Normandie no son de cine arte, no solo son importantes para la historia del cine sino para todos, son parte del acervo cultural de la humanidad”, comenta Christian Maldonado, uno de los profesores que participó del Cine Club dando una breve clase antes de la película que funcionaba como un didáctico resumen del autor, introducción a su obra y contexto para la película.

Para el cineasta de la Universidad Arcis que lideró las clases comentando películas como “El Acorazado de Potemkin” (1925) de Sergei Eisenstein y “El Atalante” (1934) de Jean Vigo, la belleza en que reside la iniciativa cinéfila se apoyó en dos pilares: las ganas por ver clásicos en pantalla grande, y crear un grupo diverso y transversal en torno al cine.

“El Cine Club te permite ver la película en el formato natural para el que estaban pensadas: en pantalla grande, de forma colectiva con la luz apagada, en silencio y calma”, asegura Maldonado.

Foto: Gonzalo Rubio

Y es que ver en toda su magnitud la mítica escena de las escaleras de Odessa de “El Acorazado de Potemkin”, la que cambió para siempre la forma de entender el montaje, o ese soberbio primer plano de las lágrimas que recorren el rostro de Maria Falconetti en “La Pasión de Juana de Arco” (1928) de Carl Theodor Dreyer, es una experiencia que pocos afortunados han podido tener hoy. Un lujo que estuvo de vuelta hace tan solo unas semanas en el cine a cuadras de la Alameda.

“Estas obras fueron concebidas en su nivel de transmisión de emociones para verse en pantalla grande. La gracia no es solo que te mostramos películas fuera del circuito y que son relevantes, sino que las puedes apreciar con la fuerza expresiva de la sala”, alienta Christian, quien se toma su tiempo al elegir las mejores palabras para transmitir su amor por el cine, emoción con la que cree logró conectar con parte importante del público.

Durante la última sesión del cine club que se realizó el 22 de noviembre, tras la película, cuando se prenden las luces y el micrófono comienza a correr entre los asientos para que se compartan las impresiones que les dejó, un joven tomó la palabra para compartir su experiencia después de haber ido a todas las funciones y que ahora tenía algo que decir. Christian lo relata: “Nos dijo que estaba muy agradecido del cine club porque a él le gustaban las películas, pero que lo veía como una cosa superficial, un divertimento, pero que desde que empezó a quedarse a los foros aprendió un montón y que ha mejorado su mirada”.

Escena que llegó a su clímax con la respuesta del mismo Maldonado. “Le comenté que sus palabras eran importantes porque aquí nos damos el lujo de detener el mundo por un momento. Cuando traspasas la entrada y entras a la sala detenemos el tiempo un ratito y como eso pasa, estás dispuesto a entregarte a lo que estás mirando. Es recuperar la atención perdida en este mundo tan inmediatista. Y ese detener el mundo genera la buena reflexión y es lo que genera el cine club”.

“Es casi un acto de disidencia y son necesarios esos actos porque sino la máquina te aplasta”, reflexiona el cinéfilo que aplaude que esta experiencia ya esté confirmada para una segunda tanda para el 2019, con nuevas películas y nuevos enfoque para seguir repasando las películas y el cine.

La educación del cine

Cuando el Normandie apostó por el cine club, tenía los objetivos claros. El primero, era lograr ser lo suficientemente convocante para ir generando una base de socios. El segundo, aportar a la formación de audiencias críticas interesadas en aprender más de cine. Y el tercero, que esas audiencias fueran transversales, heterogéneas y accesible para todos: la entrada para la clase, el visionado de la película y el foro costaban solo mil pesos.

Para Scarlet Bozzo el éxito tras esta experiencia está en que “hay una gran necesidad y ganas de aprender, más allá de la que entrada sea barata”, bromea, aunque inmediatamente añade que gran parte del ciclo se realizó en invierno, de noche y en días de semana. “Es un esfuerzo ir después de la pega o clases, tarde, estar tres horas sentado y salir al frío. Pero la gente fue y siempre volvían con ganas de más”, agregó.

“Creo que formar y ser aporte en la educación cultural siempre ha estado en el ADN del Normandie y es lo que lo ha hecho existir por 37 años”, recuerda Bozzo aunque sin perder la vista en el presente: “Aquí hay un gran ausente que es el Ministerio de Educación, si bien tiene programas que fomenten el arte en la educación, la perspectiva global de la educación apunta a otra parte. Estamos lejos de incorporar más horas de arte o ver el cine como una herramienta en la formación de los alumnos y nosotros intentamos aportar haciendonos cargo al fomentar el cine”.

Opinión que comparte Christian Maldonado, quien también critica que en los colegios públicos en general solo se haga la división entre Música y Artes Plásticas, cuando perfectamente podrían sumarse otras expresiones como el cine: “Aprender a ver cine te ayuda abrir la mente y te ayuda a desarrollar el pensamiento crítico y analítico, y no solo para la manifestación artística concreta, sino para la vida”.

Foto: Gonzalo Rubio

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