Opinión

Periodistas feministas

Por: Mónica Maureira Martínez / Publicado: 29.12.2018
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Con todo, en la emergencia de la “ola feminista”, en la cima del torrente, aparecieron al fin las periodistas, las profesionales feministas que, remando contracorriente y soportando cuestionamientos y falta de imparcialidad, se sumaron a denunciar la reproducción sexista que los medios hacen de la violencia machista, impulsando una incipiente crítica de medios feminista y desde un enfoque de derechos humanos que articuló la palabra de las mujeres que opinan sobre los medios, que los tematiza y evalúa; que evalúa el momento del periodismo, a sus profesionales y prácticas.

Las expectativas en torno a un mejor periodismo y nuevos medios quedaron suspendidas este 2018. El escenario estuvo marcado por cierres de revistas, proyectos mediáticos truncados, malas prácticas y desprolijidad editorial, por la urgente reinvención de una industria en crisis como la televisión. Faltaron días y ocasiones para reflexionar en torno a un sistema de medios altamente competitivo, que impide articular un discurso crítico incorporando como eje central la responsabilidad política que estos tienen como socializadores y promotores de cambio social.

Un discurso crítico respecto a la producción de informaciones y contenidos sexistas, estigmatizantes, discriminadores hacia las mujeres, lo feminizado, lo que escapa de la heteronorma; que reproducen estereotipos y prejuicios victimizantes y violentos, que perpetúan desigualdad y situaciones injustas también al interior de los medios. Un discurso crítico respecto a cómo los medios de comunicación y el periodismo deben comprender y atender la violencia contra las mujeres: un problema político y social; no una anécdota, ni un fenómeno. Un periodismo que se pregunte por las responsabilidades que tiene el Estado y sus autoridades en la violencia institucional hacia niñas y mujeres. Faltaron días para propiciar un debate que permitiera desmontar el actuar negligente, autocomplaciente, insuficente, poco oportuno o derechamente oportunista en el que caen algunos medios cuando la “agenda de género” irrumpe en lo público.

Con todo, en la emergencia de la “ola feminista”, en la cima del torrente, aparecieron al fin las periodistas, las profesionales feministas que, remando contracorriente y soportando cuestionamientos y falta de imparcialidad, se sumaron a denunciar la reproducción sexista que los medios hacen de la violencia machista, impulsando una incipiente crítica de medios feminista y desde un enfoque de derechos humanos que articuló la palabra de las mujeres que opinan sobre los medios, que los tematiza y evalúa; que evalúa el momento del periodismo, a sus profesionales y prácticas.

Una crítica de medios que permitió ver su irresponsabilidad al no atender ni mirar la sociedad en la que están insertos ni cuestionar la pasividad con que otros actores, otras instituciones producen, reproducen y se manifiestan respecto a prácticas abusivas, jerárquicas y discriminadoras. Se abrió un espacio para acceder a la palabra, a la opinión entre la cultura del “columnismo” chileno tan legitimado desde lo masculino.

Así aparece un periodismo liderado por mujeres; un periodismo feminista como apuesta política por un oficio que no reproduzca subordinación, por medios que no generen precarización, que cuestione en qué condiciones trabajan las mujeres y que impulse un cambio de prácticas y estructuras en los medios y otros agentes de socialización como la educación.

Medios feministas, periodismo feminista para instalar una mirada crítica desde el medio y hacia los medios, que problematicen la configuración de la noticia, las decisiones en la pauta, las designaciones y todo el desarrollo del relato informativo. Un quehacer feminista desde el periodismo que visibilice a las mujeres como sujetas de información y comunicación, como personas críticas con las dinámicas de reproducción, representación y participación de las mujeres en los medios y la prensa; que cuestione la porfía en el uso de un lenguaje que insiste en tratar (a las mujeres) como minoría.

Asomaron periodistas feministas para reivindicar un asunto que es político: propiciar espacios asociativos y colaborativos que permitan reconocimiento; recordar la latencia de un debate por un mejor periodismo (hasta ahora) sobrecargado de noticias obsesionadas con el eslogan y la info-espectáculo, todo a favor del rating, del click. Profesionales y medios feministas para desacralizar la objetividad periodística y desnaturalizar la violencia simbólica porque la desigualdad entre mujeres y hombres, ese desequilibrio de poder construido en base a lo femenino y lo masculino, y toda su estela de violencia, no puede seguir cuestionada, aminorada o trivializada en honor a la neutralidad.

Mónica Maureira Martínez
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