Opinión

2018 el año de la mentira

Por: Catalina Baeza / Publicado: 31.12.2018
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El 2018 nos mostró que es posible, a través de mentiras, generar estados de ánimo e ideas en países. Nos mostró que es posible escoger un presidente sembrando noticias falsas. Este año termina revelando que fuimos y somos engañados por la policía, la clase política y los medios de comunicación.

Este año llega a su fin consagrando, entre otros grandes logros, la mentira.

La llamamos de muchos otros nombres: noticias falsas o fake news, para quienes les gustan los términos en inglés, o posverdad, palabra que ya había sido anunciada en 2016 por el diccionario Oxford como la palabra del año porque observa que su uso, en el año de Brexit y Trump, aumentó en 2000%.  Para muchos, entramos en una era de la mentira. El 2018 nos muestra que tienen la razón.

Divulgar noticias falsas y contradictorias, no es algo inocente. Es una estrategia muy bien elaborada de control de categorías, que a través de informaciones disonantes se utiliza de instrumentos no convencionales como las redes sociales para fabricar operaciones psicológicas. El objetivo es generar un ambiente de disonancia cognitiva: las personas, las instituciones e incluso los medios de comunicación y el periodismo quedan completamente confundidos en el equívoco.  En algún momento un supuesto líder aparece como un elemento restaurador del orden, de la confianza y de los valores universales: familia, religión y patria.  Un líder que divulgó las mentiras, pero que ahora nos revela la verdad.

Una de las más grandes mentiras de todos los tiempos es la idea del acceso privilegiado a la verdad. Las personas más viejas le cuentan a la juventud que poseen una cierta sabiduría y un conocimiento que les permite conocer más y mejor sobre el mundo que los rodea. Las religiones asumen conocer la verdad única y la ciencia disputa su parcela de acceso a la verdad, mientras los políticos se aprovechan de la ciencia o de la religión para imponer sus ideologías con disfraces de no-ideologías y sí de verdades absolutas que los medios se encargan de divulgar como si fueran tales. 

Para la mayoría de las personas la duda provoca un cierto malestar, un mareo, un cierto temblor en un mundo que clama por estabilidad, por certezas.  Certezas que muchas veces, en la cuenta regresiva, resultan falsas como las noticias que no son ciertas, pero otorgan más tranquilidad que la angustia de la duda para aquellos que viven en la creencia del supuesto privilegio al acceso a la verdad.

La tranquilidad emocional que provoca una certeza, aunque se demuestre falsa algunos días después, hará que pocas personas cambien la creencia instalada evitando cualquier información que la desmienta. En cambio, valorizarán todas las informaciones que la confirmen.  El autoengaño pasa a ser una excelente forma de perpetuar poderes dominantes y tanto los medios como los políticos saben de esto.

Somos, en general, seres conservadores y necesitamos de tiempo para aceptar los cambios principalmente cuando pertenecemos a una cultura que nos ha inculcado como verdadero el acceso privilegiado a la verdad. Hasta hace muy poco, le habíamos otorgado a políticos, religiosos y medios el derecho a difundirla. Ahora, con las redes sociales: whatsapp, twitter y facebook nos transformamos en cómplices activos de su difusión y así, nos ponemos al servicio de aquellos que buscan legitimar las mentiras.

El trabajo y el esfuerzo continuo que significa estar abiertos para nuevas informaciones, nuevas discusiones, diálogos públicos e ideas diferentes que nos permitan poner a prueba y corregir nuestras “verdades”, es la única forma de salir de la trampa de las certezas y de la mentira del acceso privilegiado a una única verdad.  El pensamiento crítico es hoy, más que nunca, indispensable.

El 2018 nos mostró que es posible, a través de mentiras, generar estados de ánimo e ideas en países. Nos mostró que es posible escoger un presidente sembrando noticias falsas. Este año termina revelando que fuimos y somos engañados por la policía, la clase política y los medios de comunicación. ¿Es novedad?  Sin duda no lo es, la mentira y el engaño son antiguas en nuestro modo de vivir en sociedad, pero es la búsqueda de la verdad lo que nos hace seres humanos y como personas, sabiendo que no tenemos acceso privilegiado a ella, es nuestro deber y nuestro trabajo buscarla y no permitir que se instale la mentira como un modo legítimo de difundir noticias, escoger presidentes, firmar acuerdos, condenar pueblos o impedir leyes.

Catalina Baeza
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