Carmen 

A 35 años de su primera edición en factura artesanal y corcheteado a mano, la editorial Quimantú publicó una nueva edición de Bobby Sands desfallece en el muro, libro de Carmen Berenguer inspirado en el militante del IRA que murió siendo un prisionero político y protestando con una huelga de hambre. Tal como entonces, volvió a presentarlo en la Sociedad de Escritores de Chile. La publicación inspiró al pintor Guillermo Núñez a hacer un libro de artista, y a editoriales cartoneras a publicar distintas ediciones. Pero hasta ahora no se había publicado por una editorial tradicional –el libro original fue una autoedición–. Además, el 2018 Cuarto Propio publicó Obra poética, que en más de 500 páginas reúne toda la poesía de la escritora. Esto es parte de lo que dijo en entrevista:

“Hay parámetros conductuales, si se puede decir, masculinos para analizar los textos que son solamente masculinos. Hay un canon que se acepta como canon oficial y generalmente es masculino. Es muy raro que haya una autora analizada por la manada literaria chilena, y a todas nos ha costado. A partir del congreso de literatura del 80 (se refiere al Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana realizado en 1987) surge una crítica literaria feminista. Entonces desde esa perspectiva, hay lecturas feministas, entonces ya no necesitamos la mirada masculina sobre nuestras letras. Si la hay, bien, pero no era algo importante”.

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Nelly 

El 2018 la ensayista y crítica cultural Nelly Richard publicó los libros Abismos temporales Feminismo, estéticas travestis, y teoría queer; y Arte y política 2005 – 2015  Proyectos curatoriales, textos críticos y documentación, (ambos publicados por Editorial Metales Pesados, en el segundo reúne ensayos de diferentes autores, ella incluida).

“Lo de Bolsonaro es complejo porque no se puede omitir que muchas mujeres están votando por él pese a su discurso fuertemente discriminatorio. El feminismo no es espontáneo: es toma de conciencia en base a una producción y transmisión de saberes que nos dan a leer cómo operan no sólo el poder sino los micropoderes. Las mujeres también han sido tramadas por el patriarcado hasta niveles muy ocultos de su configuración subjetiva. Lo que ha hecho Bolsonaro hábilmente es separar a “las mujeres” (buenas) de “las feministas” (malas) tornando a estas antipopulares para las demás, que se sienten violentadas por la estridencia de sus reclamos, por el exhibicionismo de los cuerpos desnudos en las calles, por su desnaturalización de lo femenino asociado a la maternidad, etc”.

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Elvira 

El año pasado la poeta Elvira Hernández fue premiada por partida doble: obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier que entrega la Universidad de la Frontera. Además publicó el libro Pájaros desde mi ventana (Alquimia Ediciones).

La escritura es un espacio que ha sido casi el último bastión masculino. La mujer ha logrado avanzar profesionalmente en casi todos los ámbitos de la sociedad, pero a los trabajos que representen una obra escrita no se los reconoce, porque significa otorgarles cierta autoridad. Estoy pensando en Gabriela Mistral a cuya prosa todavía no se le da una mirada. Porque es posible decir que ella es una poeta, pero es más difícil decir que además es una intelectual. Ese otorgamiento de autoridad es lo que cuesta. De hecho la generación del 60 prácticamente no tenía mujeres. Conversando en una ocasión con Eugenia Echeverría me decía que ella llevaba sus cosas, se las rechazaban y le decían: “nooo Eugenia, tienes que prepararte un poco más”. Entonces claro, era muy difícil. Cuando este congreso de mujeres escritoras se constituye (se refiere al mismo congreso mencionado por Carmen Berenguer, que se realizó en 1987), es importante no solamente para nuestra generación, sino que ahí llega Eugenia Echeverría –yo la conozco ahí– y se acercan mujeres que habían estado postergadas, porque es un momento de rearticulación de esta sociedad totalmente desorganizada a partir de la dictadura”.

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Diamela 

Publicó Sumar y se convirtió en la quinta mujer en ser reconocida con el Premio Nacional de Literatura. En un discurso impecable y sin torpedo, al recibir el premio en La Moneda Diamela Eltit se refirió a sus raíces en una familia de inmigrantes y al derecho de migrar, también a la desigualdad entre hombres y mujeres.

“Saqué Lumpérica el 83, estaba el CADA, pero había empezado mucho antes. Fue una escritura lenta porque no encontraba el registro que yo quería obtener. Estaba caminando hacia ese registro y estuve varios años escribiendo. Esa novela salió en dictadura, un tiempo muy adverso a las producciones literarias y culturales. No había aparato cultural diverso ni mucho menos. No había mucho qué esperar, porque no había espacios donde pudieras verificar esa espera. Todo era lo que la gente decía que decían. Era más bien una cosa de murmullos y oralidades. Y en esos murmullos había una especie de consenso que era una novela muy críptica. No era fácil oírlo; tampoco era tan difícil porque tengo una cierta distancia con lo que escribo, y eso me da una cierta resistencia a los decires, entonces pude seguir. Pero también en otro registro siempre pensé que también había una cuestión de género. Una lectura de género. Porque parte de la tradición literaria se ha hecho en ciertas experiencias de escritura. Es cierto que lo han hecho más bien hombres y eso ha sido siempre bien recibido. Pero al emerger una mujer proponiendo otra experiencia literaria fue más crítico, más cauto o más decir que no se entiende nada”.

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Paz

Tuvo dos muestras de fotografía en nuestro país, una gran retrospectiva que desembarcó en el Museo Nacional de Bellas Artes –tras haberse exhibido en España, México y Francia– y la muestra Ropa Americana en el MAC Quinta Normal, en que Paz Errázuriz retrata a personas del mundo LGTB y de orientación sexual no binaria usando prendas de segunda mano.

Hubo un tiempo mucho más precario en que no era fácil vislumbrar hacer un libro –ella ha publicado más de un decena–, y menos imaginar un retrospectiva como esta, que da cuenta de sus cuatro décadas de trabajo. Un tiempo en que no trabajaba con curador. Algo relativamente nuevo en su carrera y que no ha hecho más de tres veces (las enumera: en Photo España, en Londres y ahora en esta retrospectiva con el español Juan Vicente Aliaga). El sistema con el que se formó era muy distinto. “Cada uno armaba su cuento; tú comprenderás lo que implica incluir a un curador, hay una economía diferente. Nosotros éramos de una precariedad absoluta. Tú tenías que hacer todo. Tú hacías tus propias fotos, tú las colgabas, tú las elegías, tu amigo o tu amiga te ayudaba en el montaje, pa acá, pa allá, qué pongo primero… Esa ha sido la experiencia de recuerdos que tengo infinitos, con la Julia Toro, la Leonora Vicuña, con los Hoppe, y de repente se empieza a ordenar de otra manera, la fotografía hoy día tiene otro espacio, otro status”.

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Periodista