Durante los últimos doce meses, con la instalación del segundo gobierno de Sebastián Piñera, se han llevado a cabo una serie de políticas que van contra los intereses de los trabajadores y trabajadoras con el fin de dar respuestas a las exigencias del empresariado y los grupos económicos. Podemos decir con certeza que 2018 ha sido el año donde la derecha ha iniciado el proceso de profundización del modelo neoliberal y de retroceso en materia de derechos laborales, uniéndose a la oleada que vive nuestro continente.

En este tiempo el gobierno ha confirmado que busca restituir un escenario donde los derechos laborales se encuentren restringidos y que los mínimos avances conseguidos en los últimos cuatro años se desvanezcan a través de la precarización de las condiciones de las y los trabajadores. Propuestas como el Estatuto Laboral Juvenil, la rebaja en cuatro o seis de la indemnización por años de servicio abaratando el despido, entrega facultades a los grupos negociadores para las negociaciones colectivas, se propone revisar los servicios mínimos en caso de huelga con el fin de anular este derecho y reduciendo el rol de la organización sindical o el aumento en la edad de jubilación son los titulares del plan del gobierno en esta materia y que debe ponernos en alerta a la hora de enfrentar el año 2019.

A pesar de una gestión económica dudosa y con el desempleo creciendo de forma sostenida, el gobierno mantiene cierto control de la agenda laboral sin que desde la organización sindical, en cualquiera de las diferentes plataformas hoy existentes, puedan hacer un contrapeso en la disputa política y social a la que nos enfrentamos. Hecho que afecta a las millones de chilenas y chilenos que trabajan en condiciones más precarizadas y rodeadas de inestabilidad.

Los meses que vienen por delante son un desafío para la forma en que las trabajadoras y trabajadores hasta ahora nos hemos organizados para defender nuestros derechos, ya que los proyectos que el gobierno ha presentado o propuesto son una forma de institucionalizar los abusos que los empleadores que por años aplican en el país.

Para esto debemos actuar con unidad. Pero no con una unidad momentánea sino que debemos construir una organización sólida y compacta que permita reinstalar a la organizaciones de las y los trabajadores como protagonistas del debate político nacional. Ya no podemos quedarnos en las demostraciones de fuerza en eventos particulares, debemos reinstalar a la organización sindical y social como factor clave a la hora del debate público.

Es fundamental para ello que dejemos de lado los intereses particulares y la calculadora política. No será posible enfrentar de buena forma la oleada neoliberal de Piñera sin que seamos capaces de unir esfuerzos en pos del beneficio colectivo. Esto, de paso, permitirá sentar las bases para poder conducir un proceso real de transformaciones que permitan restituir en Chile una democracia plena y que las generaciones futuras puedan vivir en una sociedad que tenga resguardados sus derechos.

No podemos enfrentar el actual escenario desde nuestras pequeñas iniciativas. Debemos fortalecernos en la Unidad de todas las fuerzas sociales que aspiren a construir una democracia plena, justicia social y resguardo de derechos.

Esto no es tan solo una necesidad del momento, todo lo contrario, tiene que ver con ser responsables por el presente y el futuro de Chile. Y las y los trabajadores debemos estar a la altura.