Cultura

Crisis del cuerpo y del lenguaje: “Sistema nervioso” de Lina Meruane

Por: Daniel Noemi / Publicado: 08.01.2019
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El cuerpo está en el centro de la poética y la política de la obra de Meruane. Un cuerpo herido –como en "Sangre en el ojo"–, carente, desintegrándose –como en "Fruta podrida"–, reinventándose; un cuerpo en peligro y peligroso. Un cuerpo que cuestiona los bordes y las fronteras de los discursos y las imaginaciones dominante. En "Sistema nervioso", libro que se presenta mañana en el MAVI, Meruane reúne múltiples sentidos de estos cuerpos. Y les adscribe un tiempo y un espacio urgente, desde la corporalidad del lenguaje mismo.

“El tiempo presente y el tiempo pasado, acaso estén presentes en el tiempo futuro y tal vez al futuro lo contenga el pasado” escribe T.S. Eliot, traducido por José Emilio Pacheco, al comienzo de sus Cuatro cuartetos. Nosotras (y nosotros) pertenecemos y devenimos en esa encrucijada: nuestros espacios son tiempos; nuestra memoria, la posibilidad de nuestro futuro. Sistema nervioso, de Lina Meruane, es una novela bellísima y radical, que reflexiona sobre esas pertenencias en la crisis de nuestro presente. Es, también, una búsqueda de orígenes imposibles, de inevitables encuentros y desencuentros familiares (todas las familias felices se parecen unas a otras…), y, por cierto, de otros mundos. Es, en no menor medida, una literatura que al mismo tiempo implosiona y se expande, haciendo estallar su sentido y su hermosa violencia.

Ella, la protagonista, vive en una ciudad del presente –una urbe que recuerda a Nueva York—e intenta terminar (o más bien comenzar) su tesis doctoral en astronomía: “su única misión era encontrar un planeta habitable para poder formular una hipótesis doctoral”. En ese presente tembloroso, vive con Él ­–a quien conoció en un museo de la memoria de su ciudad pretérita– quien entre excavaciones y carbono 14, busca devolver su tiempo y su identidad a aquellos a quienes la violencia del pasado insiste en desaparecer. Este encuentro de pesquisas, la astral y la subterránea, es uno de los modos en que el texto multiplica sus significados. Sí, recordamos Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán y el paralelo entre la búsqueda por los restos de ejecutados políticos y la historia del universo. El tiempo del pasado y el tiempo de la eternidad confluyen en el presente. Nuevos desaparecidos aparecen: los “migrantes cruzando fronteras, mujeres troceadas y niños perdidos en tierras áridas”. El ayer no deja de volver; el pasado no pasa. Y ante ello surge el desafío de cómo narrar esos tiempos, cómo darles un sentido. Si antes, en Sangre en el ojo, Meruane había interrumpido las frases, cortado la linealidad convencional del lenguaje que nos habla, en Sistema nervioso las muchas secciones –unas de ellas muy breves, de tan solo una frase– producen un efecto similar de corte, interrupción y reflexión. Es como si la escritura fuese siempre un intento que recomienza (quizá no la peor definición de literatura) y a través de ella la historia se hace posible: historia que nunca es única, nunca es la misma, siempre puede devenir diferente, otra. Una historia marcada por los cuerpos que la habitan y constituyen.

El cuerpo está en el centro de la poética y la política de la obra de Meruane. Un cuerpo herido –como en Sangre en el ojo–, carente, desintegrándose –como en Fruta podrida–, reinventándose; un cuerpo en peligro y peligroso. Un cuerpo que cuestiona los bordes y las fronteras de los discursos y las imaginaciones dominantes –recordemos su antológico relato “Hojas de afeitar”. Un cuerpo real y metafórico (un cuerpo que es también la nación, una imposible comunidad); un cuerpo que es usado y abusado –desde donde se largan las líneas de una biopolítica de y en la literatura. En Sistema nervioso, Meruane reúne múltiples sentidos de estos cuerpos. Y les adscribe un tiempo y un espacio urgente, desde –y esto es clave– la corporalidad del lenguaje mismo: la crisis (y el dolor) de los cuerpos es también la del lenguaje.

La narración recurre constantemente al pasado, no tanto para encontrar un sentido ahí, sino para poder escribir el presente. Así, la pregunta de Ella por su origen es también la pregunta por su pertenencia en el sentido más radical. Hacia el final, el “pretérito país… empieza a volverse, otra vez, lentamente, su país del presente”. ¿Qué sucede en esta conversión que no es solo del país sino también, y, sobre todo, la de Ella misma?

El Padre –un médico no creyente, octogenario, que se ha gastado a escondidas todo el dinero que le dejó su primera esposa en el doctorado de Ella– fulgura como posible encuentro de tiempos y memorias en los que podemos pensar la construcción de un futuro. Es operado de la próstata y hay complicaciones, Ella debe viajar de urgencia para verlo antes que muera. Pero el Padre no muere; es dado de alta: “ese padre resucitado está diciendo que el futuro tiene color de hormiga, que quiere irse a otro planeta”. Es con este Padre que resucita que Ella establece un pacto y un viaje que es la tesis que nunca escribió, que es la novela que leemos y que es también el más allá que estamos convocados a construir desde la memoria del pasado en la sempiterna precariedad de nuestros cuerpos.

No hay, creo, un afán religioso en esta conversión final (pero sí podemos imaginar un guiño a la exquisita diatriba de Meruane Contra los hijos). Al contrario: es Ella quien será la guía del Padre. Ella, tocada por la luz (Platón y Dante), lo lleva a él (y a nosotros) por la vía láctea de nuestra realidad. Sistema nervioso, así, quizás abre la posibilidad para soñar un futuro distinto –aún incierto, impensable, irredento– y nos llama a la memoria de ese futuro desde la certeza y la imaginación (la realidad y el deseo) de nuestros cuerpos. Y, al hacerlo, le devuelve a la literatura (ese deseo y esa realidad) toda su potencia transformadora.

El libro se presenta mañana miércoles 9 de enero en el Museo de Artes Visuales, MAVI, a las 19 horas. Participan la poeta Elvira Hernández y la narradora Alia Trabucco

Sistema nervioso

Lina Meruane

Random House

280 páginas

Precio de referencia: $14.000

 

 

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