País

Nenet no quiere abandonar a su hija: las complicaciones que viven las madres haitianas con hijos chilenos a raíz del Plan de Retorno

Por: Diego Alonso Bravo / Publicado: 30.01.2019
Ilustración: Sebastián Toro.
Eglanette Demerlus llegó a Chile con tres meses de embarazo. En febrero pasado nació Jeandelyn, la única mujer de los cuatro hijos que tiene. Los otros tres están en Haití. Vive hace 18 meses aquí y no ha encontrado trabajo. Quiso participar de la propuesta de gobierno para volver a su país, pero no pudo porque su hija es chilena. Su caso permite revisar lo humanitario del “plan de retorno humanitario”, y las debilidades del mismo.

La voz de Nenet es dulce, al menos cuando habla en creol. Con solo escucharla, nadie se imaginaría que sus ojos tienen un brillo tenue, ni que todo lo que dice es con una desidia profunda. Cuando habla en español, o cuando vocaliza alguna de esa treintena de palabras que más o menos conoce de oído, su voz se vuelve un hilo, como si esa misma voz estuviera cautiva del miedo a hacerlo mal, a no poder decir lo que en verdad quiso decir.

La diferencia de idioma no fue algo en lo que pensó mucho hace 18 meses atrás, en agosto de 2017, cuando su hermana le envió los pasajes para que pudiera venir desde las afueras de Puerto Príncipe a trabajar a Chile. Por lo que había escuchado, acá era el paraíso: sus compatriotas llegaban y trabajaban y hacían “mucha plata, mucha plata”, que les permitía vivir tranquilos y enviar algo de dinero a sus familias en la isla. Un escenario para ella ideal, pese a no saber leer ni escribir en creol, ni mucho menos en español.

Lo que hizo inquebrantable su decisión fue una hija: al subir el avión, Eglanette Demerlus, “Nenet”, de entonces 37 años, tenía tres meses de embarazo.

Dejó atrás el trabajo en las plantaciones de papas y plátanos, y la venta esporádica de comida. También quedaron allá sus tres hijos hombres y su pareja, el padre de la niña. Entonces llegó a Chile sin muchas cosas más que eso que había escuchado de una vida que prometía ser mejor, o al menos con más dinero. Pero el camino se puso cuesta arriba.

Como no encontraba un trabajo estable, decidió concentrarse en su embarazo. Hasta que el 16 de febrero del verano pasado, en el Hospital San Borja nació su hija Jeandelyn Salomon Demerlus. Y lo que en un principio fue una alegría, con los días se transformó en una preocupación.

Hubo momentos en que Nenet no podía comprar comida para ella y, por ende, para Jeandelyn. Tampoco pañales. Vivió así, con fe en que las cosas podían mejorar, hasta abril, cuando la bebé tenía dos meses de nacida. Entonces Nenet decidió volver a Haití. El problema, como entonces y como ahora, es el dinero.

La esperanza apareció cuando el gobierno anunció en agosto el “Plan Humanitario de Regreso Ordenado”, propuesta enfocada en la comunidad haitiana insolvente económicamente. Nenet le comentó a una amiga que quería ser parte del plan de gobierno, y por esa amiga llegó a Foinel Hilaire, presidente de la Organización Social de los Haitianos en Valparaíso (OSHAL), un grupo de apoyo, acompañamiento y asistencia a los caribeños en la quinta región.

El 16 de octubre, Foinel viajó de Limache a Estación Central, Santiago, para ayudar a Nenet con la documentación necesaria para ser parte del “Plan Humanitario”. Fueron juntos a la notaría, pidieron el compromiso de participación voluntaria del proceso para ella, él lo firmó como testigo, y fueron después a las oficinas que dispuso el Ministerio del Interior para el proceso.

Cuando Nenet empieza a contar esta parte de la historia, una tarde de enero en el patio de la casa de una amiga suya -que hace de traductora, ahora de 39 años, con Jeandelyn en su coche, a pocos días de cumplir un año, su voz en creol suena imperturbablemente dulce, mientras que en español, con un hilo de aire, dice: “Mucho problema; mucho, mucho problema”.

Desde la Policía de Investigaciones le dijeron que por su bebé ella no podía regresar a su país, que si quería volver a Haití, tenía que comprar los pasajes e irse, pero que con el plan de retorno propuesto por el gobierno, era imposible. Al menos no junto a su hija.

El problema que hasta ahora la tiene atrapada en el país es la nacionalidad de su hija. Jeandelyn es chilena. Y Nenet se niega a abandonarla.

El plan del plan

El de Nenet es un caso extremo, pero no el único. A Foinel, en la Quinta Región, lo han contactado al menos tres mujeres en situaciones semejantes, que se niegan a abandonar a sus hijos para volver a Haití. Y si hubiera que buscar el origen que las llevó a todas a este escenario, se podría empezar en el artículo 10 de la Constitución, que garantiza: “Son chilenos: 1°.- Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno, y de los hijos de extranjeros transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena”. De allí el salto, desde el punto de vista legal, es hasta la publicación del “Plan Humanitario” en el diario oficial, el 26 de octubre.

Según el documento, el “Plan Humanitario de Regreso Ordenado al País de Origen de Ciudadanos Extranjeros” nació luego de una solicitud de ayuda en dos ocasiones (21 y 30 de agosto) de grupos de inmigrantes haitianos. El objetivo de dichas reuniones fue “para el regreso seguro y ordenado de nacionales haitianos a su país de origen”. Con eso, y una mención a los objetivos de la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), se dio forma al argumento.

El director del Departamento de Extranjería y Migración, Álvaro Bellolio, da más detalles: “El plan nace de una iniciativa de comunidades haitianas y voceros que presentaron en la comisión de gobierno interior, invitados por el diputado independiente y ex alcalde de Coquimbo, Pedro Velásquez. En la comisión solicitaron ayuda del gobierno para el retorno, ya que consideraban que muchos de sus compatriotas habían sido engañados al entrar a Chile entre el 2015 y el 2017, y que estaban teniendo fuertes problemas de inserción y solo deseaban retornar, pero no tenían los medios para volver. Desde el Ministerio del Interior se realizó una consulta a múltiples líderes de comunidades para ver su parecer sobre la medida, además de conversar con gobiernos locales, y se estableció el Programa y sus condiciones”.

Las dudas respecto a la representatividad de quienes participaron de esas comisiones aparecieron el 30 de octubre, cuatro días después de lo del Diario Oficial.

En la página web del Instituto Nacional de Derechos Humanos se publicó una carta a nombre de la Plataforma Nacional de las Organizaciones Haitianas en Chile (PLANOCH). Allí, los más de 30 firmantes escribieron que ven “cierta obsesión por parte de algunas autoridades por relacionar a los inmigrantes afrodescendientes con la inseguridad ciudadana, la delincuencia y la pobreza”. Además, mencionan que “las razones de supuesto carácter humanitario que motivarían el ‘Plan de Retorno’ se desvanecen cuando contradictoriamente se niega a los inmigrantes el derecho a procurarse su subsistencia, cuando se nos prohibe trabajar, cuando se exigen documentos innecesarios para realizar los trámites, cuando se prolonga indefinidamente y de manera absurda los trámites para mantenernos en una situación de eterna semi-regularidad migratoria”.

Sobre la representatividad de la comunidad frente al gobierno, escribieron: “Ha parecido bastante curioso el hecho de que al mal llamado ‘vocero’ no se le haya exigido algún tipo de evidencia y/o dato duro que respaldase su discurso y/o planteamiento por más insignificante que pudiese ser”. Si se le hubiese exigido, al menos referido a los hijos chilenos de padres haitianos, el dato no habría resultado insignificante.

Ilustración: Sebastián Toro.

Chilenos hijos de haitianos

El telón de fondo de la discusión, de acuerdo a una publicación en el diario El Mercurio, es que en 2018 fueron los haitianos (ambos padres) quienes, dentro del total de los inmigrantes, tuvieron la mayor cantidad de hijos, predominando en 11 de las 16 regiones. La concentración estuvo en la Región Metropolitana, con 3.475 inscripciones de un total de 11.226 casos donde ambos padres son extranjeros. Luego, en Valparaíso, hubo 379 inscripciones de padres haitianos de un total de 677 casos con ambos padres extranjeros.

La razón de este comportamiento, según el director del Centro Nacional de Estudios Migratorios (CENEM) de la Universidad de Talca, Medardo Aguirre, se debe a distintos factores que hacen de los haitianos un grupo migratorio distinto al resto de latinoamérica: “Son uno de los grupos en que llegan más hombres que mujeres en general, y también llegan más en pareja; en cambio con los inmigrantes latinoamericanos, son más mujeres las que llegan primero y después traen a su familia”, explica el estadista.

Otro punto, según Aguirre, tiene que ver con la “aculturación”: “No es de extrañar que haya hijos chilenos con los dos papás haitianos porque la estrategia de aculturación que ellos han utilizado es más bien de aislamiento. O sea, ellos no se integran. Los matrimonios son entre ellos, se relacionan entre ellos. El resto de los inmigrantes latinoamericanos asimilan la cultura chilena y mantienen algunos rasgos de la cultura propia, porque vienen con la intención de quedarse”.

Ese círculo restrictivo de comportamiento quedó evidenciado en el estudio “Haitianos en Chile: integración laboral, social y cultural”. Entonces ¿qué criterios se utilizaron para definir quiénes podían participar del plan?

Según Bellolio, los criterios “son amplios, y como indica la resolución, son para todos los extranjeros de países no fronterizos, que libre y voluntariamente firmen la declaración notarial de que quieren regresar por interés propio, sin presiones externas, y que no posean juicios o condenas pendientes en Chile”. A ello se agrega el apartado respecto al hijo chileno, dispuesto en la página referida al plan en la página de extranjería, que explica que “los solicitantes no deben tener cónyuge, conviviente, hijos o menores de 18 años de edad chilenos que se encuentren bajo su cuidado personal o curaduría en Chile”.

Visto así, Nenet podría abandonar a su hija, acogerse al plan y volver a Haití. Pero ella dice que no, que no podría hacerle eso a su única mujer.

Y si no se consideró a las madres haitianas de hijos chilenos, fue porque “que el Ministerio del Interior financie que familias con ciudadanos chilenos salga del país, desde nuestra perspectiva, excede sus competencias”, cuenta Bellolio. Y agrega: “Existen otras instituciones que colaboran con la movilidad humana de personas de distinta nacionalidad, como la Organización Internacional para la Migración. La resolución que funda el Programa consideró que el Departamento de Extranjería y Migración tiene potestad de ayudar a extranjeros a retornar a sus países, no de que chilenos puedan salir de Chile”.

Es solo una niña pequeña

También han llegado noticias de casos así al Servicio Jesuita Migrante. Su director, José Tomás Vicuña, usa preguntas para entender lo arbitrario de la situación y del plan en general: “¿Por qué un niño haitiano o haitiana podría volver a Haití y uno chileno (de padres haitianos) no? ¿Es ese el interés superior del niño, o es el interés superior del niño chileno? Eso abre una diferencia, y no solo en niños y niñas, sino en cualquier persona: no debería haber distinción así por nacionalidad […] Porque si hay una preocupación humanitaria, también hay que ver que es la familia la que quiere volver”.

Para Nenet, el plan tuvo efectos inmediatos adversos. Según Álvaro Bellolio, el plan “es una excepcionalidad”, por lo que a su parecer, no tiene efectos a mediano y largo plazo porque así “no está proyectado”. Lo que sí defiende es que, en el corto plazo, “personas extranjeras que no se pudieron insertar en Chile, por múltiples razones, ya sean climáticas, familiares, laborales o sociales, y no tengan los recursos para volver, puedan regresar a su país de origen para mejorar su calidad de vida”.

Una visión completamente distinta tiene Medardo Aguirre. Para él, el plan “es más bien una estrategia a largo plazo para que personas vuelvan a Haití y manifiesten allá las complicaciones que han tenido en Chile, porque acá viven en condiciones precarias, pero incluso en consultas que hemos hecho, ellos dicen que prefieren estas condiciones precarias a las de allá, donde viven sin agua potable ni alcantarillado”.

“Esta situación no está tomando en cuenta que tras de esto hay personas que se les está estigmatizando, y que en realidad las políticas migratorias deberían ser parejas para todos, en igualdad de condiciones. Mientras sean para grupos especiales, lo único que genera es una imagen colectiva negativa”, cierra Aguirre.

Mientras estuvo en Haití, Nenet descartó abortar. Cuando Jeandelyn nació, decidió no dejarla con nadie que no sea ella. La tarde de enero que cuenta su historia con su voz dulce en creole y español frágil, exculpa a su hija: “Es solo una niña pequeña”.

Sobre el futuro para estos casos, Bellolio es tajante: “No existen observaciones”.

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