A casi un año de gestión del Ministerio de Educación en el actual gobierno, me preocupa lo críptico y violento que ha sido el debate sobre la educación en Chile, instalando conceptos que son fáciles de digerir por los medios y la opinión pública, con supuestas urgencias de carácter nacional y sin considerar la opinión ciudadana, todo, a través de estrategias comunicacionales de marketing y gallitos ideológicos entre unos pocos que tienen el control del país.

Me preocupa la interrupción del debate democrático sobre los temas que humanizan a los sistemas educativos, y en su consecuencia, la falta de diseño y promoción de políticas inclusivas que garanticen el derecho a la educación de todxs, especialmente de aquellxs que con sus diferencias enriquecen la educación al interior de los establecimientos.

Un ejemplo de este escenario es el dramático despojo que hace la Ministra al deshacer la Unidad de Inclusión y Participación Ciudadana, un equipo que me tocó constituir y dirigir desde el 2014 hasta el 2018, dedicado a promover y resguardar los Derechos Humanos de grupos de especial protección (diversidad sexual y de género; migrantes; pueblos indígenas; personas con discapacidad; entre otros) y el vínculo con la ciudadanía.

Para conocer el trabajo que hizo esta Unidad, recomiendo visitar (antes que la bajen) la web http://memoriaparticipacionciudadana.mineduc.cl, donde aún se pueden descargar la mayoría  de las políticas, informes y documentos que se desarrollaron junto a organizaciones sociales, organismos internacionales, académicos y comunidades educativas. Solo por mencionar algunos:

  • Los informes de resultado de más de 12 mecanismos de participación ciudadana para fortalecer la Reforma Educacional.
  • La “Circular 0768 de la Superintendencia sobre el derecho de niños, niñas y jóvenes trans” y las “Orientaciones para la inclusión de personas LGBTI en el sistema educativo chileno”, políticas hicieron vibrar el ridículo bus naranja.
  • Las normativas, lineamientos y orientaciones para garantizar el derecho a la educación de niñxs migrantes.
  • Los informes del proceso de participación para la infancia “Yo Opino es mi Derecho” con más de 1.5 millón de niñxs opinando sobre las políticas que los afectan.
  • El premio “Oscar Arnulfo Romero” para reconocer las buenas prácticas de educación y el curso “La Escuela vista desde los Derechos Humanos” dirigido a docentes y directivos.
  • El memorial “Un Pueblo sin Memoria es Un Pueblo sin Futuro” que apareció como fondo de la foto cuando Chile ganó la Copa América.
  • El diseño de una propuesta participativa con el pueblo de Rapa Nui para fortalecer su lengua y cultura.
  • Las recomendaciones de Naciones Unidas desde Ginebra sobre los exámenes de Convenciones ratificadas por Chile, a las cuales me tocó asistir y representar al MINEDUC en tres ocasiones.

En fin, si el MINEDUC le sigue quitando apoyo político a estas unidades de trabajo, la educación seguirá siendo una maquina de reproducción de desigualdades, donde el debate, reflexión y aprendizaje, sobre y desde la riqueza de la diversidad humana, dejará de ser una prioridad y seguiremos validando sistemáticamente vulneraciones de derecho, y donde la decisión tomada por el país respecto a retomar la Formación Ciudadana de manera transversal, seguirá intencionalmente siendo postergada.

Por último, me parece peligroso que la Ministra en un año decida instalar conceptos de #AdmisiónJusta y #AulaSegura, cuando silenciosamente elimina estos equipos que trabajaban por el reconocimiento de la diversidad y la relación con la sociedad civil. Con esto, la siguiente campaña comunicacional que debería defender el gobierno, con real honestidad, tendría que llamarse #SegregaciónJusta.


Arquitecto de la Pontificia Universidad Católica y ex director de la unidad de participación e inclusión del ministerio de educación. Actualmente trabaja en Educación y Ciudadanía.