Leí este libro de 183 páginas de trozos de la vida de docentes donde podía: en el parque, en mi casa, en la oficina, en la micro, en un café y en varios lugares asociados a este ser mujer docente, académica, madre y compañera.

Me imagino que los relatos, compilados en este libro, fueron escritos, construidos, por hombres y mujeres que tratan de vivir la vida lo mejor posible, en los tiempos que permite esta vida tan compleja de los que estamos en involucrados en el mundo de la educación. Porque como leí por ahí, quieren que uno trabaje como si no tuviera hijos y que crie hijos como si no trabajara.

A diferencia de otros textos, este me absorbía, me pasé de la micro, mis hijos me dejaron en el parque porque no me vieron de lo quieta que estaba, se me quemó una carne en el horno. Lo más divertido tal vez fue que en un café levanté la vista y dos mozos me estaban mirando… “¿Se va a ir señora? Es que cerramos hace 20 minutos”. No me habían interrumpido, porque estaban intrigados porque leía y se me caían las lágrimas.

La verdad es que me emocioné, lloré, me enrabié, sentí nauseas, me reí. Todo esto, porque no es ficción, es la realidad de las escuelas y profesores en tiempo del management, de carrera docente y en los tiempos de las escuelas inclusivas.

La primera cosa que me llama la atención del libro, es la potencia vincular del trabajo docente. No hay ningún relato que se quede lejos del vínculo: esta relación obligada entre adultos, jóvenes y niños se transforma en un vínculo cuando es un encuentro. Como dice Telma Barreiro en su maravilloso libro “Los del Fondo” (refiriéndose a esos pequeños, y no tan pequeños, que están en la galería de nuestras aulas): “Si hay algo que define a la profesión docente es el vínculo; vínculo con cada niño o niña, con el grupo, con estos estudiantes que “juntos son dinamita”, con los padres de los y las estudiantes que se han transformado en clientes, con las autoridades, directoras y jefes de UTP, con sus pares , y consigo mismo, con su historia y con sus emociones”.

En el libro, me parece que el vínculo individual es el que más fácil aparece y al que la mayoría de los docentes pueden acceder porque se trata de la humanidad. Y entre los docentes, desde que elige esta profesión, está la humanidad y las ganas de estar para otros.

Los otros vínculos son los complicados. Cada niño y niña es sencillo de uno a uno, pero el grupo, es una tarea titánica. En marzo llegan entre 30 y 45 almas a la sala de clases. Y es ahí donde pasan y pesan todos los temas sociales. La competencia, la violencia, la falta de normas, la falta de esperanza, la integración, la exclusión, el cariño, el compañerismo. El aburrimiento y la entretención. “La vida es eterna en 40 minutos” porque ese batallón tiene que aprender a respetarse, quererse, cuidarse, compartir y aprender juntos.

Dos alumnos se pegan, ¿Qué hago?, ¿Cómo pongo el cuerpo? . Aquí está la idea del “manejo de grupo”.

Y aquí está el ejercicio de la autoridad, en un mundo que nadie quiere asumir que debe tomar decisiones, una autoridad sin autoritarismo es algo que la escuela no ha hecho nunca; con igualdad de derechos, pero diferencia de roles. Una autoridad que trabaje desde la experiencia.

Si los niños y niñas pequeño/as, nos piden que los miremos, queramos, enseñemos y les pongamos orden a su mundo, los adolescentes nos piden explicaciones. SI les pedimos salir de su barrio, estudiar, ser alguien en la vida, ¿Por qué nosotros seguimos ahí? Y ahí la pregunta por el sueño de futuro es muy lúcida. ¿Por qué sigue aquí profe? Es difícil llevar el grupo porque no pasa por “metodologías de enseñanza” sino por cómo cada uno de los profesores soluciona su propio lugar en el mundo y desde ahí, se presenta a los estudiantes.

Transformarse en un referente para los muchachos significa ser alguien que les diga que “así más o menos se hace”. Frente a una sociedad donde el mundo adulto está desprovisto de goce, de espacio, de energía, de dinero, de espacio político. Donde muchos de los padres y madres están tratando de ser “mejor que como fueron conmigo”, que significa trabajar para tener cosas mejores que la pobreza que vivió la mitad del país entre los 80 y 90, cuando no existían las deudas.

Y es esa autoridad, la que se juega frente al grupo. Esa autoridad es la que previene la violencia irracional, esa violencia que muestra la profe cuando dos estudiantes se agreden con escopetas hechizas. La autoridad de alguien que ha sido autor de su vida, porque autor es la raíz de la palabra autoridad. Esa es la autoridad que permita que exista un horizonte de expectativa como decía otro texto de los leímos. Los estudiantes señalan que existe un pasado, presente y futuro, que ven en la vida y en las materias que aprenden de sus profesores.

De ahí, que los profesores de historia sean los favoritos, ellos muestran la continuidad del mundo llena de logros y de cambios políticos, de gente que ha dado la vida por causas y por la mejora de la humanidad, y también de gente que ha matado y que nos ha hecho creer que no existe “un mundo en común”. Las corrientes liberales y conservadoras nos han tratado de hacer creer que no existen causas, que todos son corruptos, que todos son malos. Y que los buenos son jóvenes, no es cierto, hay gente que pelea a diario y que pelea desde hace muchos años, es sorprendente cómo se ha silenciado las luchas de los años 80, y hay luchas que han valido la pena, que valen la pena, el medioambiente, el feminismo, eliminar la desigualdad, la lucha de clases, fin a las deudas y a comprar cosas de marcas, fin a apple porque contamina al no permitir actualizar sus programas, cuántas luchas son posibles…

Esa autoridad que cuenta un cuento, una historia, esto lo hacen varios de los relatos frente a los estudiantes deprimidos o abandonados, son los profesores los que permiten que el adolescente no se suicide, no se corte, no quiera destruirlo todo. Porque el profe, como nadie en la sociedad, organiza un microespacio donde su experiencia es lo que da sentido. Por eso y por mucho más, como aparece en este libro, es que tenemos que cuidar a los profesores.

Me quedó doliendo el texto sobre la evaluación docente y las capacitaciones de verano distintas del trabajo que realizan las compañeras que compilan los textos que dan origen a esta publicación.

La evaluación docente, externa e individualizada, solo piensa el desempeño como algo mecánico y en lo que uno puede ver el “máximo desempeño”, es una evaluación que Dejours llama “evaluación de utilidad” y que no es la que hace crecer la experiencia ni el oficio. Esta sirve para dar bonos, la hacen los superiores jerárquicos y tiene como fin la producción. La sociedad del management ha abusado de esa evaluación y es la única que importa. La experiencia que hace crecer el oficio es la evaluación de pares que da el reconocimiento de la belleza de la obra que uno hace.

Y aquí aparece el vínculo con los directores y equipo de gestión. Si hay un rol terrible es el que encarnan estos trabajadores. Yo acompaño e investigo esta función desde hace tres años, porque quería ver de cerca al enemigo principal de los docentes. Lo que me he dado cuenta es que son administradores de un régimen que les promete reconocimiento si logran controlar al resto a través de evidencias y pautas de cotejo. Y todos sabemos que el lenguaje que se ocupa y la manera como se relacionan daña el vínculo con el docente en muchas escuelas. Hay algunos que son claramente unos hábiles y deslumbrantes que logran zafarse de la exigencia managerial y construyen comunidad, pero a un costo enorme. La relación con los directores está llena de sarcamos y malos entendidos como lo muestran estos relatos; amenazas, despidos, los profesores sienten que deben cuidarle la plata y la ideología al sostenedor. Y están ahí, con miedo de darle espacio a la palabra docente porque se arman los sindicatos y se comienza a luchar por los derechos. El directivo siente que su profesor es el que pone problemas a la gestión, a la excelencia y a sus indicadores de performancia de una organización que no es una escuela. ¿Cuántos de ustedes creen que subir el puntaje de una prueba estandarizada y aumentar la asistencia a clases son los indicadores por excelencia de un buen trabajo? Si creemos en los indicadores, el profesor está en falta, pero el profesor siente que es su alumno de integración que no permite la clase o el alumno vulnerable, o sus familias. Y las familias se defienden adolescentemente, aliándose con sus hijos e hijas contra la institución escolar. Padres que tienen en su recuerdo la institución violenta de la dictadura o post dictadura. Donde todas las instituciones fueron violentas, no hay datos de maltrato en casa, pero estoy segura que fue mayor que en otros momentos, por eso los derechos de los niños el año 89. Familias que se refugian frente a su sensación de incompetencia, buscando la mejor escuelas transformándose en clientes como en el sueño de Milton Friedman.

Y aquí como profesora de diversidad asumo que a los profesores les diagnosticaron a los niños y niñas, les dijeron como etiquetarlos y luego se les pidió diversificar la enseñanza con tecnologías sin sentido y descontextualizadas.

Nos damos cuenta que necesitamos hacer que la enseñanza les haga sentido, que no significa ¿para qué sirve?, sino cómo lo relaciono con la vida de los estudiantes. Más que cómo me sirve es ¿qué relación tiene lo que me enseña con mi vida?

La educación siempre ha sido para disciplinar lo cuerpos y ahora ¿Podrá ser un espacio para otra cosa? Yo creo que sí… porque es un espacio para el vínculo y los vínculos pueden cambiar y así también cambiar las sociedades. Y aquí tenemos un tremendo espacio que no aparece en este libro porque es reciente, pero la codocencia, cuando es planificada y tiene un lugar, es un espacio de construcción de otra forma de enseñar.

Y por último, el vínculo entre pares, que es lo que hace que este libro tenga sentido. Formarse, hablar, contar, no para quejarse, sino para mostrar que la situación es mucho más compleja que la voluntad y mucho más hermosa que la simple búsqueda de la excelencia. Juntarse y hablar nuevamente, porque sí, porque la pega es dura, porque es necesario y porque esto que se llama educación se co-contruye. La sociedad de la excelencia dice que pensar no sirve. Claro que sirve, es necesario y protector. Hay que cuidar a nuestros profesores para que puedan seguir haciendo la labor y para que puedan mejorar lo que hacen.

Solo me queda felicitar a todos los que escribieron este libro y a las compiladoras. Y agradecer de todo corazón la experiencia de leer y comentar este trabajo colectivo.

Título: Palabra Docente

Autoras: arévalo, Ana, Reyes , Leonora

Sello: Ocho Libros

Editorial: Ocho Libros

Nª de Pág: 183.

Precio Referencia:$12.000