fbpx
Opinión

Que lo sepa todo Chile: Su nombre es Matías Pérez Cruz y esto es lo que hizo

Por: Richard Sandoval / Publicado: 06.02.2019
columna richard /
Que lo sepa todo Chile: su nombre es Matías Pérez Cruz, el año pasado su empresa ganó 28.215 millones de pesos en utilidades salidas de nuestros bolsillos necesitados del calor de un gas, y somos nosotros mismos como ciudadanos y consumidores quienes lo podemos atacar con la simple decisión, que podemos hacer viral, de preferir otra marca, designar a Gasco como el símbolo del abuso de poder y maltrato a los comunes y corrientes. Que sepa todo Chile que Matías Pérez Cruz no merece un peso más de nuestros sueldos para comprarse terrenos junto a lagos y violar la ley expulsando con total falta de respeto, insultos y agresiones a quienes podrían ser nuestras madres.

Que lo sepa todo Chile, que nadie cuide su identidad por miedo a su poder: Compártelo, replícalo, coméntalo, declámalo. Su nombre es Matías Pérez Cruz, es dueño del 90% de Gasco, y hace algunas horas se convirtió en el emblema máximo del abuso de poder en Chile, de la desigualdad entre el millonario y el ciudadano común. Pongámoslo de ejemplo, enseñémoslo en las escuelas, para que nunca más tenga que pasar. Hace sólo unas horas humilló, maltrató, tiró a golpear el celular y faltó el respeto de tres mujeres trabajadoras que lo único que hicieron fue contemplar un lago desde una orilla trágicamente colindante con el terreno de un empresario violento y conservador, con aires de dueño de Chile. Hace sólo unas horas Matías Pérez Cruz violó el artículo 589 del Código Civil y el decreto ley 1.939 que impide a cualquier particular expulsar e impedir el uso de un balneario en Chile. Por muchos ceros que tenga su cuenta.

Que lo sepa todo Chile: su nombre es Matías Pérez Cruz, y a través de su voz habla el verdadero rostro de lo peor de la cultura chilena que hemos construido en torno a la servidumbre hacia el que tiene plata. En su voz rancia de frases putrefactas comprendemos que el Señor de la Querencia nunca fue sólo una teleserie, y el espíritu de la hacienda mancillando al inquilino se mantiene vivo en parte importante de la sociedad de este país en que los millones de dólares te dan impunidad. Es esta democracia imperfecta y su impunidad a los poderosos, esta democracia que premia con clases de ética a los ladrones de cuello y corbata y pacta en cuotas la multa a un senador delincuente como Iván Moreira la que le ha permitido a Matías Pérez Cruz y su soberbia espeluznante tratar a las tres trabajadoras veraneantes del Lago Ranco como si fueran de su propiedad: “SE ME VAN, SE ME VAN A IR”.

Lo más triste es que todos como país hemos sido testigos de cómo desde el poder, desde los representantes que todos hemos elegidos, se ha construido el castillo del permiso al abuso para que Pérez use su asqueroso lenguaje de propietario de personas con quien sea que se le pare enfrente. Porque este hombre no se confundió: él conoce la Ley, él sabe que no puede echar a nadie de la orilla del lago, él sabe que no tiene derecho a echar a un veraneante a “donde revientan las olas”, pero lo hace igual, porque así son los empresarios que tanto se esmera en cuidar nuestra democracia para que no nos dejen sin empleo: al momento de mirarnos creen que su plata ya nos compró, creen que ya somos menos válidos que ellos, que ya les debemos un respeto supremo. Pero le tenemos una noticia señor Pérez Cruz: no somos sus peones, y hay millones nietos de inquilinos que ya no estamos dispuestos a cargar con el peso de la herencia que a usted lo lleva al abuso. Hay miles que educados, por nuestras familias, por la vida o en alguna escuela, podemos responder, con argumentos, con preguntas, con dignidad, a la virulencia fétida que vomita su deseo de mandar.

Le tenemos noticias señor Pérez Cruz: hay leyes, hay Estado de Derecho, hay democracia formal, hay incluso palabras, tratos y modos que nos protegen de bandidos como usted que cuando se queda mudo en su intento de arrasar, porque ha comprendido que no tiene la razón, se abalanza como una bestia a romper el celular que lo está grabando; porque es valiente para abusar en el silencio, pero no vaya a ser que el país conozca que el destacado empresario que se expande por América y que necesita amigos en la bolsa es un energúmeno, un animal salvaje que defiende sin clemencia lo que cree suyo, un antidemócrata de facto que no da confianza.

Que lo sepa todo Chile: su nombre es Matías Pérez Cruz, el año pasado su empresa ganó 28.215 millones de pesos en utilidades salidas de nuestros bolsillos necesitados del calor de un gas, y somos nosotros mismos como ciudadanos y consumidores quienes lo podemos atacar con la simple decisión, que podemos hacer viral, de preferir otra marca, designar a Gasco como el símbolo del abuso de poder y maltrato a los comunes y corrientes. Que sepa todo Chile que Matías Pérez Cruz no merece un peso más de nuestros sueldos para comprarse terrenos junto a lagos y violar la ley expulsando con total falta de respeto, insultos y agresiones a quienes podrían ser nuestras madres.

Que lo sepa todo Chile, su nombre es Matías Pérez Cruz, presidente de Gasco y financista de la campaña presidencial de José Antonio Kast, a quien defendió de Pablo Longueira cuando el ex ministro aseguró que era imposible que Kast pasara a segunda vuelta. Pérez le dijo a Longueira que estaba hablando “una carajada sin límites”. Buenas palabras para describir lo que hoy de usted conoce Chile. No lo olvidemos nunca, no caigamos en la enfermedad crónica de nuestra nación que olvida los daños que el poder le ha hecho. Pérez Cruz, quien se autocalificó como parte de una “excelencia empresarial”, quién atacó las reformas tributaria y laboral del gobierno pasado, quien dijo que el portazo al proyecto minero Dominga era “un daño gravísimo al estado de derecho” porque “un país no crece cuando no tiene imperio de la ley”, hoy ha mostrado la cara de la miseria empresarial y del absoluto abandono del imperio de la ley, de la que además se declara tan perito como abogado al que no se le puede discutir. Vaya qué abogado.

No señor Pérez Cruz, las ciudadanas que fueron a bañarse al lago Ranco, en evidente lejanía de su intimidad propietaria -a menos de cinco metros de las olas-, no se le van, porque no son suyas, y nadie de nosotros en este país es suyo. Chile no se le va, porque por más que lo quiera las personas no pueden ser sus esclavos. Chile se levanta en la voz de quienes ya se enteraron que son libres y que ante el abuso de patanes de su calaña lo que queda es denunciar y sancionar. Si la justicia no actúa, si el gobierno no reprende con la fuerza necesaria -con la misma fuerza con que el ministro de Bienes Nacionales Felipe Ward hace grandes campañas defendiendo el derecho a usar los balnearios-, esperamos que su sanción sea su descrédito empresarial y una campaña masiva para no comprar su gas. Las tres denunciantes, en tanto, que se queden tranquilas sabiendo que son mejores que el abogado y excelentísimo Matías Pérez Cruz.

Richard Sandoval
Contenido relacionado

Mejoramiento térmico en los hogares para un invierno digno

La escasez

Déjanos tus comentarios
La sección de comentarios está abierta a la reflexión y el intercambio de opiniones las cuales no representan precisamente la línea editorial del diario ElDesconcierto.cl.
Te puede interesar

Presidente de la CPC y repartición de dividendos en Cencosud: “La empresa está en su legítimo derecho”

Piñera y su especial llamado al sector empresarial: “Protejan los empleos y la salud de sus trabajadores”

La tercera vía neoliberal