Se despliega teoría desde unos partidos y unas izquierdas que jamás antes se ocuparon “del  feminismo”. También desde las academias que a menudo nos ven como su objeto de estudio. Desde los medios de comunicación masiva, que ahora cambiaron a los animadores por expertos psicólogos y que producen animadores y animadoras psicologizantes. El Banco Mundial, el liberalismo y sus militarismos -claro está- hace rato que nos manipulan, somos su fuerza reproductiva y productiva. Y en esa línea, hasta la derecha defensora de la vida del feto quiere decirse “feminista”. También hemos percibido como en la realidad local, “el feminismo” se fue transformando en otra opción de “movilidad social” a la vez que de potenciales votantes… Es la disputa política por “el feminismo”.

Lo habían desprestigiado por siglos, pero de pronto lo vieron (al “feminismo”). Primero lo nombraron “Género”, “Estudios de género”; y en los partidos hicieron “comisiones femeninas”, “comisiones Mujer”. Los más arriesgados constituyeron “comisiones de Género”, y los más oportunistas y actuales se definieron “feministas”. Y dijeron que ahora comprendían esto de la “Violencia contra la Mujer”, que las víctimas “tienen problemas psicológicos…”, que los agresores “son víctimas de la pobreza”, que “hay que educar a víctimas y victimarios con equidad…”… Explicaciones clasistas, racistas, colonialistas y misóginas.

Empezó a sonar “violencia de género” que, en el discurso público (y así lo usa la prensa con todo el poder político que ostenta y niega), pretende que la violencia patriarcal se daría en el contexto de “dos géneros” equivalentes. Dos géneros que serían equitativos, igualitarios, recíprocos… Es decir, una idea que encubre que “género” es una relación de poder. Es un postulado que puede llegar a aceptar -en teoría- que habría más de dos géneros, pero jamás que pueda no haberlos.

Y también, esto de “Las Violencias”, que desconectaría las formas de violencia entre sí, y que difuminaría entonces, la condición patriarcal heterosexual obligatoria, funcional al capital y a la dominación, funcional a la violencia contra las mujeres.

Memoria borrada

Se popularizaron como “femicidios”, las interpretaciones de lo que antes llamaban “crímenes pasionales”. Las ciudadanas comenzaron a ver desde la experiencia de amigas, hijas, madres, hermanas, familiares, los crímenes contra las mujeres como algo más que “destino trágico”. Y vieron que “el feminismo” o lo que imaginaban y conocían como “feminismo” “no es tan extremo”… Que lo realmente extremo es el patriarcado. De pronto cobraba sentido aquello que por siglos en Europa, en Nuestra América y en otros territorios, mujeres de color, negras, migrantes, descendientes de esclavas, guachas de los invasores, lesbianas, habían dicho: que “la violencia machista no es normal, pero se ha normalizado…”.

Y surgió una vorágine ciudadana heroica, buscando hacer justicia por primera vez porque parece que antes, otras mujeres, ancestras, abuelas, madres, revolucionarias, mujeres organizadas, que fueron asesinadas y torturadas por las dictaduras, no lo habrían hecho… en las calles, en escritos, en periódicos separatistas, detenidas en los cuarteles, desnudándose en las plazas públicas, gritando afuera de las instituciones, funando-escrachando a instituciones y agresores, siendo parte de revoluciones de las que luego fueron y/o borradas…

La memoria y la historia política del feminismo, sus corrientes autónomas, radicales, antirracistas, lesbianas, permanecen, con y sin disputa por “el feminismo”, negadas.

Las instituciones descansan tranquilas por no tener que tratar con aquellas locas, extrañas, conflictivas, molestas, feas, lesbianas, confrontacionales, que tiran piedras contra sus aposentos políticos y comunicacionales.

La clase política y sus instituciones ya pueden hablar con ciudadanas decentes y proponerles medidas parciales. Los proyectos de apoyo a fundaciones ciudadanas desarrolladas desde casos de algunas víctimas de femicidio, comenzarán (comienzan) a florecer y habrá (hay), recursos para ello, como para feminismos “novedosos”, especialmente aquellos que pudieran transmitir la idea de que los debates políticos de varias décadas del movimiento feminista en el estos territorios, no sería un problema político, sino “generacional”. Ahí se zanja el debate: viejas olvidadas, ególatras, envidiosas, y todas las anteriores,  “contra” la sabia joven y nueva… (Lo he escuchado, me lo han sugerido y me han preguntado, directamente, en entrevistas).

Primera Asamblea Ni Una Menos Chile 2016 foto: Ni Una Menos-Chile

“Sororidad” inter clase

 Las leyes, las tipificaciones para “parar la violencia” (sin hacerlo), surgen como callampas alucinógenas; y sin ninguna radicalidad frente a un fenómeno político que es radical.

Mujeres de la clase política y aspirantes a tales, levantan su voz “sorora” entre izquierdistas, nuevas izquierdistas y ministras derechistas. Les ha servido esto de la “sororidad”, un concepto que Audré Lorde, lesbiana feminista negra de clase, puntualizó como una falacia inter-clase/inter-raza, porque supone una “homogeneidad” que no existe “en la experiencia” de las mujeres, y pretende borrar las opresiones de clase y raza “que nos neutralizan”.

El “nuevo feminismo” mixto y heterosexual, no quiere aceptar la memoria de un feminismo que confronta al Patriarcado como sistema político y que NO nombra al machismo, la lesbofobia, la homofobia, la transfobia como “cultura”, “inequidad”, “falta de oportunidades”, “discriminación”… Todos aquellos conceptos que como “diversidad”, le son tan saludables al capitalismo neoliberal y (neo)colonial porque son y se quedan en la superficie.

Por otro lado, despliegues teóricos y partidistas desde la izquierda persisten en negar a los feminismos críticos al marxismo, críticos al leninismo, críticos al socialismo real, críticos a los feminismos institucionales y partidarios. Así borran a feminismos que no siendo liberales, siendo autónomos, materialistas y/o de clase, no han olvidado la historia misógina y heterosexual obligatoria que aún persiste y que vivenciamos en sus matrimonios partidarios, de los que -en buena hora-, escapamos.

Somos feminismos modestos sin grandes teorías sobre “la verdad –única- revolucionaria”, pero no carentes de saberes, intuiciones y experiencias políticas. Un error garrafal que es ético y político de las izquierdas institucionalizadas, ha sido su negación de las humanas y los feminismos no liberales, como un potencial político inevitable de autoliberación que no requiere de sus guías masculinas y/o masculinizadas.

Es importante aportar, desde mi experiencia, que no es difícil al vivenciar la violencia machista y en reflexiones colectivas entre mujeres, llegar a preguntarnos concretamente: “¿Por qué los hombres, padres, hermanos, hijos, compañeros, se creen dueños de nosotras…?”… Y de ahí a comprender el vínculo inseparable y funcional de la violencia en lo íntimo, lo personal y lo colectivo, hay unos pocos pasos. Pero ojo, es un proceso político y no un acarreo eleccionario y/o parlamentario.

Sospechas maliciosas

No es menor, sino coyunturalmente estratégico, y por lo tanto un hecho político, que el feminismo sumamente mixto y hetero, rechace el Separatismo Político feminista; que busque invisibilizarlo y nos impute que si proponemos separatismo es porque “no vemos al pueblo ni a la clase”, como me plantearon unas enfurecidas militantes de Pan y Rosas en el encuentro de Mujeres que Luchan en diciembre 2018 (Santiago); de lo que desprendo que nosotras, las lesbianas feministas y feministas separatistas, ¿no seríamos pueblo ni clase…?

Ignoran el Separatismo como una estrategia política feminista y lesbiana de alcances ético-políticos. El desarrollo intuitivo y/o deliberado del Separatismo Feminista movimientista en colectivas, grupos de mujeres, de vecinas, de pobladoras, de mujeres que viven violencia, de lesbianas, en diversos territorios, en corrientes de clase, antirracistas, anticapitalistas, anticoloniales, son vivencia política, no son discurso ni teoría ni obras clásicas de la literatura política. No se reflexiona genuina y libremente sobre la violencia machista y heterosexual obligatoria, en grupos mixtos con la presencia amenazante y de soberbia intelectual de hombres del pueblo, también blanqueados y parlamentaristas, homofóbicos, lesbofóbicos, misóginos, racistas.  

Sospecho, porque la sospecha es lo primero que aprendí de viejas feministas izquierdistas, que sin la memoria del Separatismo Feminista de activistas, lesbianas feministas, pensadoras feministas, los clásicos de la postmodernidad, los Movimientos de la Diversidad y/o Disidencia, psicólogas, antropólogas y académicas, entre otras, no hubiesen podido nutrirse.

Sospecho que sin las marchas y acciones de sólo mujeres contra la violencia en las calles de Nuestra América, habría sido más escaso y superficial el eco público. Y sé que sin las obreras anarco-comunistas en territorios del Norte (Chile-Bolivia), de Argentina y otros, sin sus clubes de librepensadoras (de solo mujeres), sin su prensa obrera feminista separatista, nuestra historia feminista de clase habría quedado relegada al Sufragismo y a una Ciudadanía a la europea.

También sospecho que los esfuerzos para romper el Separatismo Feminista en las calles, en las organizaciones y en los movimientos feministas, no son desinteresados, y sostienen, otra vez, los intereses masculinos actualizados; los mismos que antes nos dijeron que “para acabar con el machismo en nuestras filas” (así hablaban) “había que esperar a la Revolución”… Y han sido revoluciones que luego se nos han revelado heterosexistas, machistas, dogmáticas, militaristas, entre otros elementos que marcan sus dificultades patriarcales… Y es que, las herramientas del amo no van a desmantelar la casa del amo, como dijo Audré Lorde.


Terapeuta, escritora, lesbiana feminista wallmapu