Los españoles y españolas vivirán una primavera electoralmente vertiginosa. En el calendario ya estaba prevista la celebración de elecciones europeas, municipales y regionales –éstas últimas sólo en algunas zonas del país– para el próximo 26 de mayo. Ahora, además, este viernes se agregó una nueva fecha clave: el 28 de abril, luego de que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, anunciara la convocatoria de elecciones generales.

Sánchez, que llegó a La Moncloa el pasado 2 de junio tras ganar una moción de censura contra el gobierno del conservador Mariano Rajoy, tuvo que tomar esa decisión luego de que sus presupuestos generales no fueran aprobados por la mayoría del Congreso.

1. Presupuestos

La derrota presupuestaria fue clave para tomar la decisión del anticipo electoral: “Sin Presupuestos no se puede gobernar”, dijo el presidente. El voto en contra de los diputados independentistas catalanes – de ERC y PdCat– en Madrid fue decisivo para tumbar la propuesta económica de Sánchez. Las fuerzas soberanistas habían advertido desde hacía meses que darían su visto bueno a los presupuestos si el Pedro Sánchez daba señales de abrirse al diálogo y provocaba cambios en la acusación de la Fiscalía en la causa política que enfrentan 12 líderes independentistas en el Tribunal Supremo por haber convocado el referéndum del 1 de octubre de 2017.

Sin embargo, con el gobierno de Sánchez, el único cambio efectivo que hubo fue la rebaja de petición de penas de la Abogacía del Estado, que en vez de acusar a los presos de rebelión –que suponen penas de 16 a 25 años de cárcel–, lo hiciera por sedición –que supone entre 8 y 12. De ahí no se movió más Sánchez.

2. Diálogo y negociaciones

La derecha y la extrema derecha ha sacado rédito de cada intento del gobierno de negociar con los independentistas. Las instancias de diálogo fueron leídas por Cataluña como pequeñas concesiones para tratar de contentar a todo el mundo. Equilibrios para contar con el apoyo independentista en la Cámara, pero a la vez demostrar que no se dejaba convencer por ellos y sus teorías sobre la autodeterminación.  Nunca se presentó como una negociación de igual a igual entre dos partes sometidas a un conflicto político enquistado desde hace años.

La última ronda de conversaciones fue la gota que colmó el vaso. Ahí se quebraron las conversas definitivamente. Los catalanes habían solicitado abrir un espacio para hablar del derecho a la autodeterminación y contar con la figura de un “mediador” en un encuentro entre partidos catalanes y españoles. Ante la propuesta, el viernes 8 de febrero, la número dos de Sánchez, Carmen Calvo, comunicó a los independentistas su última oferta, que no incluía ni una cosa ni la otra. La exigencia de negociar el derecho a la autodeterminación es una línea roja para los socialistas, que se limitaron a aceptar la presencia de un “relator”, una figura cuyo rol sería similar al del notario, dar constancia de lo que se ha dicho. La oferta no convenció a los independentistas, que llevan los ocho meses de sanchismo reclamando un diálogo concreto sobre el tema. Por eso, el gobierno español dio por rotas las negociaciones. A partir de ahí, Sánchez asumió que las cuentas no verían la luz y ni siquiera serían tramitadas en el Congreso y se empezó a preparar la estrategia electoral.

3. Instrumentalización de la extrema derecha y la derecha

En la convocatoria de elecciones anticipadas también ha pesado la aparición en las portadas de la prensa de la marcha convocada por la derecha (Partido Popular y Ciudadanos) el pasado domingo en Madrid, que contó con el apoyo de la extrema derecha de Vox. La convocatoria se hizo para rechazar las supuestas concesiones del gobierno a las fuerzas independentistas, una letanía que la derecha española repite cada vez que se habla de diálogo con Cataluña. El ejecutivo está convencido de que la imagen de simpatizantes de PP y Ciudadanos llenando las calles moviliza al electorado de izquierda, por lo que espera recuperar votos fugados hacia otras fuerzas, como Ciudadanos.

Ahora, tras la convocatoria electoral, el relato de los socialistas se basa en situar a los independentistas votando en contra de las cuentas “más sociales de la historia” junto a la derecha. No obstante, Sánchez mantiene que la solución para el conflicto en Catalunya pasa por el “diálogo”.