Lo vi por Instagram primero. Era como un screenshot de un chat de WhatsApp. Se lo mostré a mi hermano, porque la primera noticia que vi fue de Conce y él tiene amigas allá. Fue por eso que le dije que tuviera ojo. Después caché que tenía relación con la página Nido. No sé si lleguen a un secuestro o a una violación, porque esas ya son palabras mayores, pero comparten imágenes e información personal, eso es real. Eso me pasó a mí.

Fue el 2015. Un día un compañero de la U me habla por Facebook y me dice: “Oye Belén, sabís que hay unas fotos tuyas en esta página”, y me manda el link. Después me dice que es para que tuviera ojo, “porque obviamente es alguien de tus contactos”. Y claro, ahí veo que eran mis fotos de Facebook, pero mi Facebook lo tenía en privado, para que sólo mis amigos pudieran ver las fotos. Igual cabe destacar que las fotos mías que subieron no eran ninguna foto en bikini o ropa interior, nada de ese tipo. Eran fotos de mi cara, posando, pero no eran fotos como con poca ropa siquiera. Unas fotos muy normales.

Me puse a revisar Nido y sí po, estaban mis fotos y además habían fotos de varias niñas más. Y resultó que cuando me puse a revisar, me di cuenta que habían incluso videos míos: en ese tiempo estaba intentando aprender a tocar teclado y subí un par de videos tocando unas canciones y también estaban en la página, con puros insultos o comentarios que siempre hacían referencia a las niñas como “maracas” y cosas de ese tipo.

Quedé plop. Me dio un poquito de miedo. No sé si tenga relación exactamente, pero coincidió en ese tiempo con que yo estaba recibiendo mensajes de acoso sexual por teléfono de un número desconocido. Eran mensajes muy explícitos, dos o tres veces a la semana. Decían cosas como “te voy a reventar el culo”. Revisé y el número no tenía WhatsApp; llamaba y siempre sonaba apagado. Investigué un poco y alcancé a saber que el número era de una persona en Iquique, que había estado a nombre de una mujer mayor, y que además era prepago. Me imagino que debe haber sido un teléfono robado o de la abuela de alguien, porque no creo que una señora haya estado enviándome mensajes así.

Eso duró como un mes. Después de haber visto la página, escribí por Facebook preguntando si alguien sabía botar páginas web. No di más detalles. Inmediatamente me percaté, porque quedé atenta al foro, que alguien publicó un screenshot de esa publicación que hice. Entonces efectivamente era alguien de mis contactos.

Tuve un sospechoso en ese momento, para ser franca. Era un tipo medio obsesivo. No pensé que fuera él en ese entonces, hasta que publiqué que quería botar la página. Me habló por privado y me dijo: “¿Te subieron las fotos a una página?”. Ahí me entró un poquito la duda. Era más o menos cercano a mí: era amigo de una amiga, nos conocimos por amigos en común, carreteábamos juntos, hablábamos, compartíamos series, cosas de ese tipo. Pero en un momento se empezó a mostrar un poco obsesionado: no le gustaba que me hablaran otros hombres, se molestaba si le decía que me gustaba otra persona o si sabía de alguien con quien tuviera una actitud más romántica. Así que me alejé de él.

Lo primero que se me ocurrió fue hablar con una niña que era del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC). Le planteé mi situación y me dijo que no era un tema callejero sino cibernético. Ella no sabía mucho cómo ayudarme, pero me contactó con una persona de la PDI. Así que hablé con alguien del área de Cibercrimen, pero cometí el error de enviarle un correo a los de Nido exigiéndoles que me dieran información de la persona que estaba subiendo mis datos, mis fotos, mis cosas, y ellos dieron de baja el hilo de la conversación. Sin eso era más difícil que los pillaran los de Cibercrimen.

Entonces cerré mi cuenta de Facebook. También llamé a la compañía de teléfonos para pedirles que cambiaran mi número. Claro, porque si lo bloqueaba, el número que me llamaba cambiaría de número y seguiría llamando. A los meses después, abrí una nueva cuenta en Facebook y fui filtrando la gente que agregaba. Al tipo este lo bloqueé de todas partes. De hecho, cuando volví a abrir redes sociales, lo busqué para bloquearlo. Más que todo por precaución.

No sé qué conocimientos pudo haber tenido esta persona sobre deep web o códigos encriptados, pero, por las cosas que he leído en Nido hasta el momento, creo que son personas que conocen a las niñas de las fotografías, porque normalmente dejan información bastante personal de la gente. Tengo la teoría de que fueron personas que rechazadas por las niñas y hacen esto a modo de venganza. Son personas medias dementes, un poco antisociales. Es rancio todo. La situación es penca y siguen habiendo tipos así.

He leído comentarios de gente que reclaman que hay niñas a las que les han robado sus fotos más privadas o que suben “packs” y que la culpa es un poco de las niñas por sacarse esas fotos, pero yo creo que no es tan así, porque las mías eran fotos súper normales. Una se siente súper vulnerada. Me pasó con fotos normales, así que me imagino qué deben pasar las que son menores de edad. Yo entonces tenía 26 años, igual una lo toma de otra manera.

Con todo esto me reflotó el miedo. Uno nunca sabe qué loco está detrás de la pantalla, si lo que dicen es verdad o no. Porque, pucha, detrás de una pantalla todos somos valientes. Igual puede ser que ellos en la vida real sean súper pollos, pero también puede ser que no. O puede que por ahí, uno sea más desquiciado. No se sabe quién está ahí.

El nombre fue cambiado para resguardar la integridad de la fuente.