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Jorge Alís: El maestro de la comedia se echó al bolsillo a la Quinta

Por: La señora Juanita / Publicado: 28.02.2019
jorge alis / Agencia Uno
Argentino de nacimiento, pero chileno por vocación, porque hay que tener mucha vocación para serlo, nos envuelve con su ritmo para fotografiarnos. Porque Chile no es la Copia Feliz del Edén, sino una selva de deudas, consumismo, individualismo, clasismo y racismo. ¡Cuántos ismos tiene Chile!

Abre con un pie de cueca, con parejas de negros bailando. El vestuario y la escenografía cambian. Algo distinto está por venir. Otra vibra, otra energía llena de color y alegría se apodera del escenario. Sale Jorge Alís. El mismo del “argentino culiao”, que tanto me hizo reír la vez pasada. Y que ahora tenía el desafío de superarse así mismo. El fantasma de Jani Dueñas rondaba por los pasillos. El circo romano. La Raquel Argandoña, ni tonta ni perezosa ayer, después del triste espectáculo de la Jani, aprovechó la rueda de prensa de la comediante para hacerse notar y, cómo no, si la Raquel no tiene un pelo de tonta y olió la sangre, sabía que el monstruo de la Quinta había despertado, y ella no quiso estar ausente e hizo algunas preguntas. ¿Qué preguntas?, eso no importa. ¿A quién le puede importar lo que pregunte la Argandoña?. El día anterior vimos valentía, pero bien poco humor, y hoy por fin fue distinto.

Se subió al escenario un artista, un comediante, alguien que instaló en la Quinta una especie de café concert, que me hizo recordar algún viaje que hice con mi pelao a Buenos Aires. Desde el minuto uno había una fragancia a teatro, escenografía, comedia y rutinas. No para reír por reír, sino que para hacer un humor con crítica social y reflexión. Esta vez alejado de la prepotencia y más bien pensando en que todos somos parte de esto, y nadie se salva. Ponerse al lado o en un pedestal moral sería falso y arrogante. No queremos eso. Jorge Alís, argentino de nacimiento, pero chileno por vocación, porque hay que tener mucha vocación para serlo, nos envuelve con su ritmo para fotografiarnos. Porque Chile no es la Copia Feliz del Edén, sino una selva de deudas, consumismo, individualismo, clasismo y racismo. ¡Cuántos ismos tiene Chile!

Alís, consciente de dónde nos aprieta el zapato, se desplegó en el escenario con una rutina de las mil maravillas. Cero bache, sin relleno, con una planificación de un ingeniero en cálculo, pero con naturalidad y seguridad del que sabe que ensayó, planificó y se preparó para la noble tarea de hacer reír. Radiografía al mozo chileno, al taxista, al facho pobre, al metro o transporte público, a los grupos de WhatsApp, a la vida familiar y laboral, a la corrupción de los empresarios, FAA y políticos. Una verdadera batería de situaciones que son certeros retratos de los que somos.

Mi pelao, que lo hago trasnochar para que me acompañe a ver el festival, para que me ayude a tomar notas, porque debo entregar esta columna al otro día, lo único que hizo fue matarse de la risa y al final no anotó nada. La verdad que me llegaron a doler los pómulos de tanto reírme.

Esa manera de ver al chileno tan particular que tiene Alís, de entrar en su alma, de sacarnos la foto, que somos reprimidos, chaqueteros y envidiosos. No sé, decirlo, pero en buena, con humor, sin necesidad de mirar en menos a nadie, todo lo contrario, ser parte también de esa mediocridad y desde ese lugar, que puede ser el de cualquiera, levantar un espejo y otro espejo, y otro, y otro más, hasta quedar exhaustos de nosotros mismos, de nuestra vida neoliberal y plana. Y reírnos, reírnos como si se nos fuera la vida en eso. La risa como catarsis, como manera de purificación.

Ser capaz de captar el cambio de la sociedad chilena, instalarse en los detalles que pasamos por alto, pero que si los juntamos se transforman en rasgos de identidad. Somos una sociedad distinta, no lo sabré yo que soy ya una veterana, y el espectáculo que vi anoche indica que lo bueno y lo malo puede ayudarnos a reír y también a reflexionar. Los contrastes de la sociedad para un verdadero comediante son su caldo de cultivo. Porque el comediante debe ser alguien que represente las diferencias y los lugares comunes, pero mucho antes de la representación, debe haber una mirada honesta, y eso es lo que vimos anoche con Alís. Honestidad y trabajo. Una forma de entender el humor como filosofía, como herramienta de introspección de la sociedad y con profundidad de campo.

De lo que va hasta el momento en cuanto a humor del festival, Jorge Alís por paliza, es lejos lo mejor. Digo paliza, porque ayer nadie tuvo dudas que cuando al público se le presenta un espectáculo de principio a fin, sabe agradecerlo y premiarlo. “El argentino culiao” marca un antes y un después en el escenario de la Quinta Vergara. No hay para qué hacerse el buena onda ni el prepotente que viene de vuelta, hay que hacer la pega y hacerla bien. Esa es la fórmula, lo demás es música.

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