Cultura

Mauricio Palma: súper simpático, pero pucha qué fome

Por: La señora Juanita / Publicado: 01.03.2019
Palma / Agencia Uno
Estoy bien enchuchada, siento que en una de esas este cabro se apitutó, por qué su nivel amateur es evidente. Alguien empujó ese carro, ¿Julio César Rodríguez estás ahí? En ti estoy pensando. No quiero decir que fuiste tú, pero eres su amigo, ¿cómo nunca le dijiste que debía prepararse? Ir un rato al gimnasio del humor, no sé, revisar otras rutinas, practicar rapidez; por último, pronunciar bien las palabras, si hasta para eso tuvo problemas el chiquillo.

Chuta, ahora me toca comentar a Mauricio Palma, un cabro que no conocía ni en peleas de perros. Con pinta hipster retro se presentó en la Quinta como el chico buena onda. El que no tiene mucho qué decir y entregar, pero que es simpático y por eso nadie se lo va a cargar. Conozco a este tipo de cabros, mi hijo Charly, que estudió en la universidad, siempre llegaba con un Mauro Palma a la casa, el típico cabro de pelo largo, que tira la talla, medio artesa, pasado a pachulí, que te trata de tía a la primera y que no es gracioso, pero desea serlo.

La verdad es que el próximo año, cuando sea el Festival de Viña 2020, nadie se va acordar de este chiquillo. Más encima en medio de la presentación, cuando le entregan la gaviota solidaria, dice que hace un año con su grupo estaba ensayando. ¡Un año!  ¿Y qué hicieron un año ensayando me pregunto yo? ¿Tomar Piscola y fumar marihuana? Disculpe, pero es que si hasta yo en un año preparo algo mejor. Son 365 días, 12 meses, un año de juntar ideas, remates, afinar, descartar, probar, etc. Y lo que vi en realidad más que un año de preparación, parecen dos semanas.

Toda la primera parte, antes de Violento Parra, fue olvidable, anécdotas retro que cualquiera puede decir más o menos graciosamente en una fiesta de amigos. Un nivel de amateurismo que llegaba a poner los pelos de punta. Y digo esto no por querer pasar de pesada. Lo digo porque una debería acostumbrarse que para el Festival de Viña, lo mínimo es que el número del humor deba entregar un show que supere el pub o el bar de Bellavista. El simpático de la fiesta que se profesionalizó y toca la guitarra está bien, todos lo queremos. De hecho mi pelao es medio así, florerito y bueno pa tirar la talla, pero no por eso lo invitan a Viña.

Uno quiere ver un espectáculo, o si es un monólogo, que sea entretenido, y aquí lo único entretenido era ver cómo Mauricio Palma se reía de sí mismo. Insisto, el chiquillo es súper simpático, pero pucha qué fome. Y cuando de pronto le pegaba el palo al gato con algún chiste (sobretodo en Violento Parra) era tan corto que una no alcanzaba ni a reírse.

Vi toda la presentación entre pifias, con un “humorista” que quedó afónico de tanto gritar, que le hizo la pata al público para que no se lo pitearan (están matando un weón). Más que un humorista un equilibrista, alguien que pasó con nota 3,95, más vergonzoso que gozoso.

¿No tendrán asesores estos cabros, me pregunto yo?, ¿o sólo se rodean de amigos buena onda? Que le celebran todo y el cabro, como es medio pavo, agarra vuelo y un día, sin saber cómo, lo tenemos parado en el escenario más importante de Chile. Cuiden el festival señores, hasta cuándo nos siguen metiendo el dedo en la boca. Si no es tan difícil. No se puede experimentar con el humor ni mucho menos en un escenario que, insisto, debe ser respetado, porque por ahí han pasado grandes humoristas. Profesionales que han dado muestras de grandeza.

Estoy bien enchuchada, siento que en una de esas este cabro se apitutó, por qué su nivel amateur es evidente. Alguien empujó ese carro, ¿Julio César Rodríguez estás ahí? En ti estoy pensando. No quiero decir que fuiste tú, pero eres su amigo, ¿cómo nunca le dijiste que debía prepararse? Ir un rato al gimnasio del humor, no sé, revisar otras rutinas, practicar rapidez; por último, pronunciar bien las palabras, si hasta para eso tuvo problemas el chiquillo.

Hay tan poco que rescatar de Mauricio Palma que podría destacar a Violento Parra, el último personaje que tocaba la guitarra. Que comenzaba una canción, le iba súper bien y después cambiaba. Justo cuando iba por buen camino. O sea demasiado mezquino, todo lo contrario a lo que vimos con Jorge Alís. Sé que son odiosas las comparaciones, pero la noche anterior vimos exuberancia en el humor, una especie de banquete de comedia y hoy fue como ir a comer a un restaurante pituco, donde la comida que te ponen en el plato son trocitos menudos que no alcanzan apagar el apetito. Porque la Quinta se nota que está con apetito de humor, con ganas de pasarlo bien y reírse. La gente es buena onda, sí, el monstruo no es una masa amorfa de intransigentes desalmados, faltos de neuronas. Son gente común y corriente que pagó su entrada con esfuerzo, y que sabe perfectamente cuando le están faltando el respeto, que detectan de inmediato cuando no hay pega ni profesionalismo, por eso reclaman y pifean.

Mención aparte fueron las dos gaviotas que le dieron al chiquillo, que mirándolo bien es como la versión decadente de Jean Philippe Cretton. Siento que las dos gaviotas son una falta de tino por parte de la organización. Y por qué digo esto, porque si se pitearon a la Jani Dueñas, a este chiquillo darle dos gaviotas me parece mucho Lucho. Una gaviota tal vez, si es que. Porque hay que ganarse la de oro. O sino es como tirar y abrazarse. Falta de respeto también para personas como Jorge Alís, que se ganó bien ganadas las dos gaviotas que le dieron, y se nota por todos lados que sudó la gota gorda para hacer su espectáculo. Es cosa de pensar un poco, Alís recibió las misma dos gaviotas que Mauricio Palma ¿Es justo?, ¿hay lógica o coherencia?

Con humoristas como estos es cuando se prenden las alarmas. Una empieza a reflexionar y a darle vuelta (porque soy la señora Juanita, pero no soy lesa). Primera alarma, quién apitutó a este cabro para ir al festival; y la segunda, quién fue el inteligente que le dio la gaviota de oro.

Yo con el pelao siempre veíamos el Club de la Comedia, ahí hay varios chiquillos y chiquillas que demás se podrían subir al escenario y hacerlo mil veces mejor. Si no cuesta tanto. Señores de la organización, hagan la pega. Y si no la hacen por último devuelvan la plata.

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