El movimiento feminista ha logrado convocar a todas las organizaciones sociales culturales y políticas este 8M, contundente e impensado hace un tiempo en que la oposición  muy confundida se ha debatido en una bolsa de gato.

Desde ese punto de vista estamos en presencia de un fenómeno inaudito en el que la mayor sorpresa se la ha llevado el gobierno en un escenario que ha sido bochornoso para el trasero americano del imperio y su demanda al representante chileno de intervenir en un golpe de Estado a Venezuela. Dejando el país sumido en las llamas.

Creo que no alcanzaron a darse cuenta, cegados por el oro negro, que en Chile estaba ocurriendo un sismo profundo, llevado a cabo por una coordinadora feminista, inicio de la gran revuelta en las instituciones académicas de la educación superior (2018). De tal manera, que puso en jaque los apacibles corredores universitarios y sus aulas para dar curso a una profunda investigación interna con el fin de develar los acosos sexuales y la discriminación de género a alumnas que habían sido objeto de acoso sexual. Fue un tiempo duro y complejo. No obstante ese fue el impulso de la revisión cultural que ocurría más allá de las aulas, y en todo el país.

No se ha perdido el tiempo y hoy a horas de la convocatoria multitudinaria a la huelga  este 8M, se habría excedido su condición de género, según las autoridades desde el Ministerio de la Mujer, la Secretaría de Gobierno y la intendenta exigiendo marcha sin desnudo, hasta la primera dama Cecilia Morel, intentando salir al paso y poniendo en evidencia que el gobierno no alcanzó a adecuar mejor su estrategia, objetando  que el movimiento feminista, se había politizado en su propuesta anticapitalista y antiliberal.

No obstante ha sido demasiado tarde porque este movimiento feminista en su amplia convocatoria ha transversalizado la huelga desde sus demandas igualitarias en el salario al derecho a ser dueñas del propio cuerpo, hacia las demandas de la mujer trabajadora, los sindicatos, las demandas de la tercera edad con sueldos miserables, sin derechoa a la salud. Y a todas las vejaciones diarias que padece la mujer desde siglos, la esclavitud más larga que sienten todas las feministas de Chile.

La huelga de hoy será  la más seria alternativa política de la que se haya tenido memoria. Los escenarios en la marcha, son múltiples y por primera vez observo a un grupo de feministas escritoras entusiastas en este devenir.

En mi experiencia de escritora, el feminismo ha sido un lugar para pensar el poder en la literatura escrita por muchas escritoras invisibilizadas por la masculinidad dominante, que resulta provinciana en el siglo XXI.

Estoy de acuerdo con la Premio Nobel, la escritora, Elfriede Jelinek, lo que se expone en su obra, su tema de reflexión son las relaciones de poderes jerárquicos y subalternos, estén donde estén. El feminismo cree hoy día,en las relaciones horizontales en las culturas hegemónicas, no solo en sus roles, sino en el desmontaje de aquellas estructuras que hacen posible que exista ese sistema de jerarquías.

No se trata de una pelea entre escritores, sino apelar a las viejas estructuras chovinistas, que sostienen ese poder institucional de la literatura y el canon, premios, medios, becas etc. A propósito de los estereotipos nacionales, cuando fui jurado de un certamen literario donde la ganadora fue mujer recibí toda clase de epítetos que me hicieron pensar que nos faltaba mucho todavía. Sin embargo, y puedo decir que el gesto fundacional del congreso literario y feminista contracultural de 1987, fue poner en escena  y corregir esos desniveles culturales. Su clave fue la conceptualización de la feminización en la cultura y creo que dicho concepto ha tenido impacto en la conciencia sobre la literatura y su política  logocentrista.