La intolerancia hacia las personas trans parece estar creciendo en Chile, si el parámetro que se utiliza para medir el descontento son los medios de comunicación. Zuliana Araya, la mujer que está en su segundo mandato como concejala de Valparaíso y que se presenta como una de las representantes más importantes de esa comunidad a nivel nacional, tiene claro ese diagnóstico, pues lo ha vivido.

“Los medios han visibilizado más a los transfóbicos, porque les gusta ese tipo de gente provocadora, como (José Antonio) Kast. Les sube el ráting”, dice Zuliana. “Al menos, en Valparaíso, yo siento que la gente nos respeta más, aunque todavía hay cosas por mejorar”.

Dirigenta y una de las fundadoras del Sindicato Transgénero de Valparaíso, Zuliana intentó ingresar a la política en el 2008, pero no logró un cupo en el Concejo Municipal, pese a que tuvo una buena votación. Le jugó muy en contra que la ley le obligara a usar su nombre de hombre, el cual muy poca gente conocía. En 2012, ya con el nombre de Zuliana Araya en la papeleta de votación, fue electa como concejala por el PPD porteño, y revalidó su cargo en 2016.

La anécdota electoral ayuda a explicar la importancia de la Ley de Identidad de Género y porqué ella fue invitada a las comisiones que discutieron el proyecto en el Congreso, donde se enfrentó a la abogada ultraderechista Pía Adriasola (esposa de Kast) y a la promotora del transfóbico “bus de la libertad”, Marcela Aranda.

“Hubo una situación durante esos días en la cual yo protegí a Kast”, relata Zuliana. “Él trató de provocar a nuestras organizaciones con sus frases y la gente se preparaba para tirarle cosas, que es la reacción que él quería generar. Yo me puse por delante y evité la funa”.

La concejala también reclama que “las mujeres trans nunca son tenidas en cuenta para el 8 de marzo, en los eventos oficiales de los gobiernos”. Pero cree que el mejor Día de la Mujer para su comunidad será en 2020, después que la Ley de Identidad de Género esté plenamente vigente.

“Vamos a marchar con nuestros nuevos carnets, mostrando nuestros nombres verdaderos”, adelanta.

El Desconcierto conversó con Zuliana Araya para conocer más de su experiencia. Ella nos habló sobre las dificultades de su infancia en Valparaíso, su paso por el Sename, los logros con el sindicato y las otras demandas de la comunidad trans, además de su relación como concejala con dos muy distintos alcaldes porteños: el conservador Jorge Castro (UDI) y progresista Jorge Sharp (Movimiento Autonomista / FA).

“Mi vida política comienza cuando nos juntamos con mis compañeras para crear el Sindicato de Transgéneros de Valparaíso. Ya llevamos casi 20 años en esa lucha. En ese tiempo había muchos problemas. Mis compañeras eran torturadas y algunas morían en las cárceles. Pasamos por miserias que como seres humanos es difícil de comprender, pero hemos logrado salir adelante. En el principio había más o menos 250 mujeres trangénero de toda la región de Valparaíso. Con el éxito que tuvimos pasaron a tentarme con la idea de una candidatura al Concejo”, cuenta Zuliana, sobre sus primeros pasos en la lucha política.

– ¿Entonces fue esa experiencia la que la llevó a la política?

– Sí, y fue algo raro porque en un principio yo no tenía idea de cómo hacerlo. Cuando asumí la dirigencia del sindicato mi vida era el comercio sexual y los problemas que enfrentábamos. Entonces, empezamos a decirle basta a la discriminación y a los malos tratos a nuestra comunidad y encontramos el camino por dónde reclamar institucionalmente sobre esas cosas, y defender nuestro derecho a la salud, nuestro derecho a identidad, y así empezamos a organizarnos mejor, entre los años de 2006 y 2007.

– Más o menos en la época en que tuvo su primera candidatura.

– Claro. En 2008 yo compito por primera vez, cuando teníamos poco más de 250 personas en el sindicato. Yo no era una completa desconocida, la gente sabía de nuestro trabajo. También nos conocían por nuestra ramada en Valparaíso, para fiestas patrias. Pero de ahí a pensar que podría ser elegida era demasiado. Además, la autoridad electoral no dejó que me inscribiera como Zuliana, entonces la cédula de votación salió con mi nombre masculino, que no es el nombre por el que la gente me conoce. Se hizo aún más difícil pensar en un éxito.

– Pero en 2012 fuiste elegida. Quizás también porque pudiste competir con el nombre de Zuliana Araya.

– Quizás no, eso fue fundamental. Y lo logré gracias a una abogada muy querida, Alejandra Boldrini, que me ayudó muchísimo en ese entonces. Cuando iniciamos los trámites para cambiar mi nombre, fuimos al Juzgado Civil de Viña del Mar, pero sufrimos una discriminación terrible, incluso por parte de la jueza. Me dijo que yo era un hombre y jamás podría tener un nombre de mujer. Cuando perdí por tan poco en 2008 igual me puse un poco depresiva, pero esa vez fue incluso peor. Luego fuimos a otro juzgado en Valparaíso, y resulta que la jueza me conocía, porque había trabajado en el Juzgado de Menores donde yo vivía cayendo. Cuando nos reencontramos ella me dijo: “pero yo siempre te he conocido como Zuliana, desde que tengo uso de la razón”´. Prometió ayudarme, pidió dos testigos, los documentos y recortes de prensa sobre mi trabajo en el sindicato. Nosotras llevamos todo el material para hacer el trámite. Tres meses después ya tenía mi carnet con mi nombre de mujer. Entonces, en 2012 pude presentarme como Zuliana Araya y saqué poco más de 3.600 votos. En 2016 tuve unos 700 votos más.

– ¿Cómo es su relación con el alcalde Jorge Sharp?

– Es buena. No somos del mismo sector político, pero nos respetamos. Cuando asumí como concejala sufrí mucho, me tragué muchos insultos, faltas de respeto. Se burlaban por si yo usaba el baño de hombre o de mujer. Había un alcalde más conservador (Jorge Castro, UDI) y personas que no estaban preparadas para lidiar con un trans en el Concejo Municipal. Pero no me di por vencida, luché y luché para que me respetaran como soy. Con el alcalde actual no tengo ningún problema. Yo le apoyo lo que tengo que apoyar, si tengo que criticarlo lo voy a criticar. Creo que ha hecho trabajos en Valparaíso que la gente quiere, y se lo reconoce. Además, él ha estado muy en favor de la comunidad transgénero. Nos abrió las puertas a nosotras, porque yo le había pedido a Castro la creación de la Oficina de la Diversidad Sexual, pero me la rechazó. Con Sharp pudimos concretar eso.

Zuliana Araya junto con otras autoridades y políticos.

Zuliana Araya junto con otras autoridades y políticos.

Infancia y Sename

-¿Qué recuerdo tiene del Sename?

– Es muy bueno poder hablar sobre eso, porque los abusos en el Sename yo los viví hace tiempo y cuando veo estas denuncias de abusos e irregularidades, me acuerdo de lo que viví. Con mis hermanos éramos huérfanos y estábamos bajo el cuidado de los guardadores. Mi padrastro no me aceptaba, decía que yo había nacido “con las hormonas cambiadas”. Pese a que mi madrastra trataba de apoyarme, él se volvía loco cuando me pillaba con algún chico, o cuando me enamoraba. Me echaba a la calle y fui a parar a la casa de menores de Playa Ancha, que es como se llamaban entonces los hogares. Allá sufrimos un montón de abusos, había que hacer favores sexuales a los funcionarios para que dieran de comer, o si ibas a enfermería para tener el cuidado médico. Las golpizas, las violaciones, los abusos por parte de los inspectores.

– Un tema que los medios abordan recién ahora…

– ¿Por qué se está hablando de eso sólo ahora? Y peor: ¿qué pasa con los abusos de antes? Siempre ha sido así y nadie decía nada. Yo y un montón de compañeras vivimos eso. Algunas no sobrevivieron. Estamos hablando de cosas que vienen desde hace más de 30 años, pero discutimos sólo lo que pasó recién y no todo el problema. Yo he vivido todo eso, y a veces llegaba a pasar hambre. Me acuerdo cuando me asomaba a la ventana para que mi hermana me pasara comida. La vida en esos hogares siempre ha sido terrible.

– A partir de su propia experiencia, ¿cómo cree que deberían ser los cambios en el Sename para mejorarlo?

– Primero, un cambio profundo en el servicio. Hay que exigir personas capacitadas para trabajar ahí, orientadoras y orientadores que tengan la formación para trabajar con niños. Además, uno de los temas más importantes sería el de dividir a los cabros. Separar los que caen por delincuencia y los que no tienen familia; separar también por edades, porque en muchos hogares están todos juntos y eso también abre la puerta para otro tipo de abuso que se produce entre los cabros. Y también que se piense en el futuro de ellos, como capacitarlos en algún trabajo. La misión del Sename debería ser la de educarlos para que cuando salgan de ahí puedan ser ciudadanos.

– Usted ha hablado de su hermana. De hecho es una hermana gemela. También ha hablado de sus padrastros y que no ha sido fácil que se aceptara su sexualidad. ¿Cómo es esa relación ahora?

– Bien. De hecho acabo de hablar con mi hermana por el teléfono. Estábamos copuchando sobre nuestras cosas, pero nos llevamos bien. Con ella siempre nos molestamos. Cuando yo le digo que ella tenía que ser lesbiana porque yo nací más mujer que ella, nos reímos de eso. Los problemas que he tenido con mi familia son más con mi padrastro y con mi hermano, que antes me trataban como el maricón, el travesti, porque antes esas cosas se hablaban de esa forma. Cuando era cabra chica nosotras no teníamos por donde reclamar de esas discriminaciones, entonces las aceptábamos. Pero con mi familia el tiempo fue tratando de arreglar algunas cosas. Hoy me llevo bien con algunos de mis sobrinos, tengo unos 40 sobrinos y con ellos es más sencillo conversar, aunque no tenemos una comunicación tan frecuente como con mi hermana.

– Y su relación con la gente también ha cambiado. Usted ha contado sobre que la comunidad se siente representada por usted. ¿Cómo es esa relación?

– Es increíble cómo ha cambiado, porque cuando recién empezábamos con el Sindicato nos ofendían, nos garabateaban, me acuerdo que ha veces andábamos por la calle para ir a comprar cualquier cosa y la gente te decía “allá van los travestis” y se burlaban. Además que estábamos expuestas porque actuábamos el comercio sexual. Pero hoy es otra la relación. La gente me para en la calle para felicitarme, o para decir que votaron por mí, para agradecer por defender un proyecto para su cerro. Una se queda contenta en ver que Valparaíso ha cambiado porque significa el éxito del trabajo como concejala, y también del Sindicato.

8 de Marzo

 – Teniendo en cuenta esa transformación en Valparaíso, ¿cree que el país ha vivido un proceso similar?

– Todavía hay mucha discriminación, sobretodo en el sur. Las familias sureñas son muy poco tolerantes con la diversidad sexual. En las grandes ciudades también hay, pero en regiones suele ser más violento. Y la política, lamentablemente, ha alentado ese tipo de cosas, porque hay una derecha que insiste en una agenda de discriminación y violencia hacia nosotras, promoviendo el rechazo de la sociedad y utilizando políticamente a algunas comunidades evangélicas para posicionarse electoralmente.

Además, los medios han visibilizado más a los transfóbicos, porque les gusta ese tipo de gente provocadora, como (José Antonio) Kast. Les sube el rating. Pero eso no puede ni debe ser así. No queremos ser más que nadie; queremos solamente que se respete nuestros derechos. Tal como pasó con la niña trans que recién pudo matricularse en un colegio femenino. Eso está bien. Ojalá fuera en todos los colegios y que la prensa defendiera esas cosas. La Ley de Identidad de Género, por la que muchos nos criticaban, es algo que merecemos y es el mismo derecho a la identidad que tienen todos. No es un privilegio.

– ¿Cómo las mujeres trans viven el 8 de marzo?

– Nosotras nos sentimos representadas por la fecha porque también somos mujeres, pero a veces molesta que desde los gobiernos nunca somos contempladas, nunca nos invitaron a ninguno de los eventos oficiales del 8 de marzo. Y este gobierno no nos permite participar de nada que tiene que ver con políticas para la mujer. En el Ministerio de la Mujer no hay nada, ninguna política pensada para las mujeres trans.

– ¿Cuál es su opinión sobre la ministra Isabel Plá?

– Tengo una buena impresión personal de ella. Si mi problema no es con una persona individualmente, sino que hay un sector de la derecha que ha sido siempre el que pone los frenos a los cambios. Y no solo de la derecha; también hay sectores de la Democracia Cristiana (DC) que hacen lo mismo. Cuando salí candidata por primera vez (Zuliana siempre ha sido del PPD) estaba Aldo Cornejo compitiendo por la reelección y la Democracia Cristiana no me dejó sacar la foto con él para la campaña. Cuando fui al Congreso para hablar en la comisión sobre la Ley de Identidad de Género, algunos parlamentarios se rehusaban a darme un beso en la mejilla, o me besaban y se limpiaban con la mano en frente mío. De derecha y de izquierda, pasa en los dos lados. Al final, lo que hay que hacer es cambiar la mentalidad de los políticos, porque ellos llaman a la violencia, ellos promueven esos prejuicios.

– ¿Cómo sería el 8 de marzo ideal para la comunidad trans?

– (Reflexiona largamente primero) Mira, al fin y al cabo la cuestión es que queremos ser respetadas como mujeres. En ese sentido, me gustaría tener más espacio para las mujeres trans en este 8 de marzo, pero en realidad nosotras vamos a disfrutar mucho más en 2020. El próximo 8M vamos marchar con nuestros nuevos carnets, mostrando nuestros verdaderos nombres.

Ley de Identidad de Género

– Usted ha dado entrevistas condenando algunas acciones del Movilh, llegando a decir que son lesbofóbicos y transfóbicos. ¿Mantiene esas críticas?

– En ese caso voy a individualizar, porque mi problema no es tanto con la agrupación como un todo, sino que a la figura de Rolando Jiménez, a quien yo he visto expresarse en muy mala onda con nosotras, diciendo que somos delincuentes, alcohólicas, drogadictas. Pero luego, cuando impulsábamos desde el sindicato los proyectos en favor de la comunidad trans, ahí vino a sacarse la foto y decir que está todo lindo y que nos apoyaron. ¡No señor! Eso lo logramos nosotras. Somos el primer sindicato trans que hay en Chile. Nosotras luchamos por nuestras cosas, luchamos por la Ley de Identidad de Género. Yo hablé con los diputados hasta que uno me permitió ir a la Comisión de Derechos Humanos para decir que el derecho a la identidad es un derecho humano de nosotras.

– ¿Cómo viviste la tramitación de la Ley de Identidad de Género?

– Feliz, porque al final lo logramos. Pero igual fue terrible por las cosas que tuvimos que pasar, lo que tuvimos que escuchar, sobretodo de la señora de Kast (Pía Adriasola) y la Marcela (Aranda), la del bus (de la Libertad). Y la Marcela tiene una hija trans. ¿Cómo puede ser que la trate de esa manera? Yo le pregunto qué va a hacer ella con su hija. ¿La va a esconder? ¿A echar de la familia? ¿No la va a reconocer como hija? Eso no puede ser. Nosotras somos personas iguales a ella. Ellos vinieron a provocar y terminaron haciendo su show.

– Pero al final se logró el objetivo.

– ¡Sí! Lo más importante, pese a todo lo que sufrimos, lo que nos basurearon, es que al final tenemos nuestra ley, que nos garantiza el derecho a la identidad. Eso es increíble. Creo que las chiquillas más felices son las de regiones, porque ellas sufren demasiado. Cuando trabajaba en el comercio sexual estuve un muchas regiones y sé que lo que se vive ahí. Es tremendo. Y que tengan una victoria de esas les ayuda mucho a enfrentar a la discriminación, porque luego estará diciendo en sus documentos que son mujeres.

– Tras esa victoria, ¿cuáles son las próximas demandas por las que la comunidad trans pretende luchar?

 – Luchar por mayor representatividad, que el Ministerio de la Mujer impulse políticas públicas para las personas transgénero, o que pueda haber una oficina específica de políticas para nuestra comunidad. ¿Por qué no? Políticas de salud también faltan. Por ejemplo, no hay políticas de educación para niños y niñas trans. Por eso es tan importante tener campañas en favor de un trato digno.