Cartas

La historia que sustenta nuestra lucha feminista

Por: Sergio Jara Román / Publicado: 09.03.2019
Veo con tanta alegría a las compañeras trabajando juntas, codo a codo en la organización de un día, o una semana llena de agitación y actividades. Veo chicas con sus pañuelos verdes, cintas moradas en las muñecas, buscándose unas a otras entre el gentío, llamando a la huelga, atentas al grito de alguna, dispuestas a ayudar a otras, siendo sororas al máximo. Lo que nos ha dado el feminismo es impagable.

“Y la eterna lucha continúa: a veces cruda y amenazante, cuando en el alma de la mujer brotan algunos destellos de rebelión ante el despotismo del hombre, y las más veces, pasivas y sumisas, dando el carácter que se nos ha inculcado, de soportar pacientemente todas las tiranías.

¡No! La hora de nuestra completa emancipación aún no ha llegado”

(Carmela Jeria. La Alborada nº 29, 27 de enero de 1907)

Este párrafo no parece haber sido escrito hace tantos años, al menos a mí, me parece de ayer, de hoy, reflejando que la actitud y las necesidades de las mujeres de hace 112 años eran iguales a las de ahora, llamando a la lucha, queriendo desatar la rebelión y deseando una completa emancipación.

Somos mujeres y heredamos el descontento, la furia, la rabia y las ganas de cambiar.

Hemos llegado y para quedarnos, para no soportar más la tiranía.

Veo con tanta alegría a las compañeras trabajando juntas, codo a codo en la organización de un día, o una semana llena de agitación y actividades. Veo chicas con sus pañuelos verdes, cintas moradas en las muñecas, buscándose unas a otras entre el gentío, llamando a la huelga, atentas al grito de alguna, dispuestas a ayudar a otras, siendo sororas al máximo. Lo que nos ha dado el feminismo es impagable.

“…tan arraigada está en nuestra condición de mujer, la creencia que nuestra esclavitud es cosa natural e inherente- que creemos tendremos que sostener ruda lucha, dentro de nuestro sexo, para convencernos de lo indigno i despreciable de nuestra condición actual; i que debemos emplear toda nuestra energía, para llegar a conquistar en la Sociedad el puesto que por derecho natural nos corresponde.”

(Editorial La Palanca, 1 de mayo de 1908)

El feminismo no es algo nuevo, no es una moda. El movimiento actual se ha construido a través de la historia de este país desde las sombras, desde la organización de muy pocas mujeres que en 1905 ya juntaban sus pocos pesos para sustentar periódicos feministas como La Mujer, La Alborada y La Palanca, donde podían expresarse con respecto a su situación como mujeres trabajadoras, donde conocían las leyes obreras, haciendo llamadas a otras compañeras a emanciparse, y teniendo muy claro que la igualdad entre hombres y mujeres era (y es) una necesidad ante la cual no iban a rendirse “Una vez conseguido nuestros primeros propósitos, una vez que la tierra esté preparada para esparcir la semilla de redención, entonces iniciaremos el ataque, para que juntamente con el hombre conquistemos nuestra libertad económica primero, industrial i política después.” (Editorial La Palanca, 1 de mayo de 1908)

Nos respaldan las feministas de ese momento, también las que entre 1913 y 1943 lucharon por entregarnos el derecho a votar y ser elegida políticamente. Luego llegaron las compañeras que, en el duro período de la dictadura, se esforzaron por protagonizar movilizaciones y se organizaron. Los horrores de la violación de los derechos humanos les impidió callar, la situación económica y política de esos momentos las llevó en 1978 a realizar el que se podría considerar el primer 8M en dictadura, cuando decenas de mujeres caminaron por la calle San Diego hasta el Teatro Caupolicán para manifestarse. La convocatoria se realizó a través de papelitos puestos en claveles rojos que las mujeres recibían con miedo en las calles, esta movilización se realizó como respuesta a la nueva ley del Código del Trabajo, que precarizaba aún más la situación de las mujeres trabajadoras, sumado a lo vivido por las mujeres compañeras de detenidos desaparecidos. En ese evento se bailó por primera en público vez la cueca sola. El Caupolicanazo fue un día histórico que reunió a 10.000 mujeres.

La lucha continuó, como siempre desde pequeños espacios y con miedo. De regreso a la democracia, en 1991 se creó el Servicio Nacional de la Mujer, sin embargo las movilizaciones y expresiones fueron escasas. Esta situación cambió cuando en 2006 se eligió a la primera mujer Presidenta, Michelle Bachelet; esta figura representó una entrada a los espacios que siempre le fueron impedidos a las mujeres, en conjunto con una relevante Agenda de Género. Esta se considera la tercera ola feminista.

Llegamos a la cuarta ola y ésta es la que comenzó en 2011 y se mantiene hasta el día de hoy, la ola que nos trajo movimientos como el #NiUnaMenos y la lucha estudiantil por una educación no sexista. La ola que salió a la calle luego de episodios tan horribles como el caso de Nabila Riffo o el de la manada en España, sin importar el país, la violencia la vivimos en todo el mundo. Esta ola quiere cambiar nuestra cultura altamente patriarcal y machista que tenemos tan normalizada, quiere acabar con la desigualdad de género, quiere construir nuevos conceptos sobre la masculinidad y reivindicar las necesidades de las disidencias sexuales.

Este feminismo no es nuevo, esta ola tampoco. Venimos con miles de compañeras que, durante toda la historia de nuestro país, han luchado para ponernos en este lugar, levantaron los cimientos que ahora nos permiten salir a la calle y gritar con más fuerza que nunca que no vamos a parar, esas compañeras sobre las que sustentamos nuestros discursos, nuestra rabia y nuestra ternura, gracias a las que podemos trabajar, estudiar y sobre todo podemos seguir luchando.

¿Por qué no sabemos tanto de ellas, en comparación a los Padres de la Patria, o de luchadores obreros y campesinos que dieron su vida por los derechos de los demás? ¿Es tan fuerte el patriarcado que silenció a estas mujeres por más de un siglo? ¿Se enseña el valor de estas compañeras en las escuelas? Sabemos las respuestas. Aquellas mujeres ya se lamentaban de “los sufrimientos de tiempos pretéritos” y por eso quisieron seguir luchando. Podemos creer que mirarían con afecto y emoción que no han sido olvidadas ellas ni sus esfuerzos y sacrificios, y verían con orgullo que nosotras, las de hoy, seguimos adelante.

“¿Acaso, no luchamos nosotras por la existencia? ¿Es lójico (sic) que el hombre sea libre y la mujer esclava?
He recordado el sufrimiento en tiempos pretéritos, veo el presente y considero lo que será en el futuro.
¡Oh, tiempos!…
…Ambicionamos mejores días, felicidad completa, no deseamos fatuas pretensiones imposibles de obtener honradamente.
Réstame pedir a mis compañeras de esclavitud, no escatimen esfuerzos para obtener un poco de instrucción”.
(Baudina Pessini T. La Alborada nº 35, 10 de marzo de 1907).

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