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El largo camino de Miriam, la mujer que desafía a la Iglesia Católica

Por: Sergio Jara Román / Publicado: 11.03.2019
Miriam Azócar se vinculó desde pequeña a la Iglesia Católica y cuando era adolescente, decidió consolidar su vocación estudiando Religión. Pero un temprano embarazo influyó negativamente en autoridades dogmáticas, cerrando las puertas de su futuro laboral. La que sigue, es la historia de su lucha por dignidad, mezclada con viejas y duras prácticas eclesiásticas.

“Mi gran ventaja es que estoy fuera de la Iglesia y no tengo nada que perder”, dice Miriam Azócar. “No tengo más miedo”.

Su historia se remonta a 2000, cuando cursaba tercer año de Pedagogía en Religión en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, UCSC. Miriam quedó embarazada de quien hoy es su conviviente civil. Es fue la puerta de entrada a su infierno, el cual se enardeció al enterarse que sufría una enfermedad autoinmune: Lupus.

“En noviembre de ese año estábamos en actividades universitarias y tuve una urgencia médica que me dejó en el hospital”, dice Miriam. “Quedé hospitalizada 20 días, me dieron el alta sin diagnóstico y por diciembre me entero que estoy embarazada y que tengo Lupus, una mezcla que era casi mortal”.

Después del episodio, el médico ordenó una larga licencia para Miriam que no le permitía volver a clases en marzo y tampoco trabajar. En ese momento, Miriam trabajaba como profesora de Religión en un colegio en la comuna de Chiguayante, en la población La Leonera.

Al ser estudiante, necesitaba un Certificado de Idoneidad Moral para poder ejercer, que era entregado por el coordinador de carrera, René Donoso. El citado certificado es un documento que acredita a los colegios que un aspirante a profesor de Religión es competente para realizar clases, en base a su conducta moral y laical.

Bajo los estatutos católicos, sin embargo, Miriam había perdido esa idoneidad por quedar embarazada mientras vivía en concubinato. Esa fue una traba que según Miriam, solo las mujeres deben enfrentar. “Muchos de mis compañeros fueron padres mientras estudiaban y lograron ejercer su profesión. Lo que pasa es que ellos no llegaron con la guata a la universidad, y yo sí”, enfatiza.

A pesar de que Miriam se reunió en reiteradas ocasiones con Donoso, hombre laico con un alto grado en el departamento de Educación de la universidad, él insistió en que no merecía el certificado.

“Él, frente a mí, leyó un documento donde decía que me es negado este certificado de idoneidad moral por estar en mi condición de madre soltera y conviviente”, recuerda.

Miriam dice que había optado por la vida al elegir esa profesión. “¿Y esta es la forma en la que la Iglesia me acompaña?”, preguntó a René Donoso. Pero no obtuvo respuesta. “Para él –continúa Miriam- yo transgredía una norma del Código de Derecho Canónico”.

Según el inciso del Código, ella no cumplía con lo que significa el sentido ético y moral consecuente de seguimiento y adhesión de vida cristiana.

Esa vida cristiana a la cual hace referencia el Código, se basa en un camino ceñido a las normas que establecieron las autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica que históricamente han sido varones. Son hombres que no se embarazan y que han naturalizado el abuso de poder y conciencia hacia las mujeres. Miriam perdió una fuente de ingreso económico que necesitaba en medio de su embarazo y la reciente enfermedad que se había presentado, para pagar deudas y cobros de arriendo que, finalmente, provocaron un fuerte decaimiento de su salud mental.

Camino de difícil andar

La vocación de Miriam inició desde pequeña, cuando vivía en Concepción. A través de su formación católica, entregada por su madre y profesoras, a quienes considera sus mentoras, sintió el llamado para continuar transmitiendo la fe, como parte de una práctica que culturalmente es realizada por mujeres en su vida diaria, fuera del contexto del poder clerical.

Hoy, con 45 años, Miriam no tiene miedo de pedir justicia. A causa de la discriminación que sufrió, tuvo que abandonar su carrera y buscar un trabajo que le permitiera sustento junto a su pareja e hijo. Mientras, la universidad no se olvida de seguir cobrando los ocho millones de pesos que no pagó a modo de protesta por el maltrato sufrido y que, actualmente, la mantiene en Dicom.

Los abusos de poder y conciencia operan en distintos niveles en una mujer, tanto psicológicos como sociales. Para muchas, es un lento proceso el poder asimilar la violencia de la cual fueron víctimas. Primero deben existir condiciones materiales y subjetivas para que esto ocurra.

“El Estado debe trabajar por esas condiciones y una Iglesia tiene que enfrentarse a prevalecerlas. Y cuando no está el Estado, la iglesia puede tener un rol relevante siempre y cuando quiera transformar la concepción que ha construido históricamente del hombre y la mujer”, explica la socióloga Tatiana Hernández.

Documento perdido

Las vías de denuncia dentro de la Iglesia Católica son escasas y complicadas de seguir, principalmente por las trabas que la misma Iglesia pone a quienes se atreven a denunciar.

Miriam desde hace años mantiene su situación a la espera de un juicio laboral que está en desarrollo. Para poder concretar su denuncia, necesita toda la documentación que pueda respaldar su relato, como el documento que Donoso leyó frente a ella, en el que la sentenciaba a la inmoralidad.

Esa situación permanece en una nebulosa, debido a que en octubre de 2018 monseñor Fernando Chomali, actual Gran Canciller de la UCSC, a quien nunca había visto en persona, le dio malas noticias a Miriam. Vía correo electrónico le informó que “la Vicaría ha hecho lo posible por encontrar el documento que usted ha perdido y no ha sido encontrado”.

Chomali fue nombrado Arzobispo de la Santísima Concepción en 2011 por el Papa Benedicto XVI y fue carta para reemplazar a Ricardo Ezzati en el Arzobispado de Santiago. Sin embargo, él mismo aclaró que no era la persona indicada.

Un mes más tarde, Miriam tuvo una entrevista con el administrador apostólico de Chillán, Sergio Pérez de Arce. El sacerdote, que está vinculado a la Congregación de los Sagrados Corazones, prometía ser un aliado en este rocoso camino, según Miriam. Sin embargo, se llevó una lamentable sorpresa al escuchar a Pérez de Arce decir que lo ocurrido solo fue una insensatez por parte de Donoso.

“Las acciones de abuso de poder y conciencia son un descriterio para Pérez de Arce”, dijo Miriam, a través de Twitter. “Para mí y mi familia, no”.

Sin bajar los brazos, continúo su búsqueda de justicia con el apoyo de las abogadas de AML Defensa de Mujeres. “No voy a echar pie atrás porque pasaron por encima de mis hijos y de mí”, asegura. “Lo hago por dignidad”.

Después de largo tiempo comunicándose solo por correo electrónico, el 20 de febrero Miriam se pudo reunir de manera presencial con Monseñor Fernando Chomalí. El arzobispo reconoció que es una situación que jamás debió pasar. “Me dijo que nunca le hubiese negado a una madre soltera la oportunidad de seguir trabajando y se comprometió a que el 18 de marzo será el último plazo para hablar con las autoridades de la universidad”, relata.

En concreto, Miriam exige que la deuda de ocho millones de pesos sea condonada y exista un acto reparatorio por parte de la Iglesia Católica. La contradicción está en que para que sea condonada su deuda, debe presentar toda la documentación pertinente y Fernando Chomalí se negó a recibir los antecedentes escritos que Miriam llevó a la reunión.

Este muro de hierro que enfrenta no es novedad. Aquellas que de manera valiente deciden denunciar abusos dentro de la Iglesia Católica, no tardan en llegar al pozo sin fondo en el que la Iglesia olvida a las víctimas y sus denuncias.

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