“No somos histéricas: somos históricas”, decía uno de los carteles en la emocionante y multitudinaria marcha del 8 de marzo. Más allá de lo irónica que puede sonar la consigna, es claro que llega el momento de re entender lo que el feminismo y lo femenino significan para la agenda pública de acá en adelante.

En esta histórica jornada, se abrieron las Anchas Alamedas y fueron el cauce justo para conducir a cientos de miles de personas (mayoritariamente mujeres), que marcharon por un amplio espectro de derechos. Derechos que partían por el elemental reclamo por la vida y la seguridad corporal, y que incluían un listado de deudas que la sociedad  históricamente debe saldar con las mujeres, incluídas aquellas generadas por nuestra cultura, asentada en un modelo capitalista y patriarcal.

Pero estas justas demandas trascienden en sus implicancias al mundo femenino; por una parte aunque vemos que el feminismo se puede entender  como una especie de “paraguas” que alberga causas que le son ajenas, más bien parece ser que el feminismo contiene en sí mismo, como componente esencial, todas las causas.  Y se equivocan quienes, desde una mirada cómoda y, por supuesto, muy machista, ven el escenario post 8M con sospecha y desdén, esperando en el fondo que esto sea sólo una anécdota.

En mi visión, el feminismo despierta al cuerpo social y lo pone en movimiento, no sólo por el hecho obvio de que las mujeres somos mayoría demográfica, sino que hay que entender que el reclamo básico (igualdad de géneros sin distinciones), apela a algo que, lamentablemente, define al Chile del siglo XXI: la falta de equidad, el desequilibrio de poderes, beneficios, posibilidades y esperanzas. Entonces, lo que resulta natural entender desde la perspectiva feminista, comienza a sintonizar con las demandas de todo el pueblo, ya que el movimiento feminista intenta conseguir una sociedad igualitaria, en la que exista una igualdad de derechos y oportunidades para mujeres y hombres, sin excepción.

Entonces, buscar justicia para nosotras encuentra resonancia y cobra aún más sentido cuando las llevamos a cada temática particular. Por ejemplo, en un país injusto salarialmente, las mujeres somos más perjudicadas, pero no somos las únicas. Si las pensiones son un problema general, las mujeres tenemos un peor escenario. Y así, punto por punto, vemos que lo que el feminismo reclama y denuncia, es central dentro de males que afectan a todo el cuerpo social.

El gran desafío es entender cómo convertir en permanente el impulso que se manifestó este 8 de marzo, en el deprimido panorama político actual. Antes de proyectar, conviene darle una mirada al cómo se llegó a este escenario. Y es clave entender que desde las organizaciones convocantes y su militancia, hubo un trabajo sostenido y constante de por lo menos seis meses, previos  al 8M. Encuentros, planificaciones, agendas planteadas con anticipación, terminaron por preparar el terreno para el multitudinario 8 de marzo de 2019. Es decir, esto no es casual ni hubo solo una alineación de astros (sospecho que algo así también ocurrió), sino que es fruto de un trabajo sostenido y coordinado por un colectivo inmenso y diverso. Esta lección es especialmente importante de tener en cuenta, más aún cuando durante todo el verano se habló en los medios de la falta de oposición al gobierno de Piñera. Porque si bien es claro que la marcha fue mucho más amplia y diversa que sólo un acto opositor y trasciende colores políticos, la verdad es que en los hechos esta movilización si resultó ser el acto más grande desde la vereda opuesta al oficialismo imperante. En Chile, pareciera que la única oposición movilizada y convocante es la del feminismo.

El otro desafío pendiente es cómo darle continuidad a este ejercicio de ciudadanía activa. En tiempos donde lo que falta es acción política desde el mundo social, hay que mirar con atención a las lecciones que deja el 8M y los temas puntuales que fueron parte de esta reciente movilización. De todos ellos, me quiero detener en uno que ya se destacó en la encuesta Ipsos de la semana del 8 de marzo: la salud, que aparece en segundo lugar, tras la seguridad, como temas de especial preocupación para la opinión pública. Incluso un tema tan presente como el de las pensiones, se vio postergado por el de la salud. Es en el ámbito de la salud en el que  las mujeres, una vez más, aparecemos como las más postergadas y dejadas de lado. Sometidas al mercado (que es especialmente cruel al respecto), somos discriminadas tanto en la salud pública como en la privada. Si la gran causa No + AFP ha copado la agenda durante varios períodos recientemente, creemos que la causa de la salud (con acento especial en justicia de salud para las mujeres), debiera asomar como el siguiente tema prioritario en la agenda pública.

Ya vemos señales de aquello. Muchas de estas causas han tenido un cierto tiempo de incubación y maduración para luego eclosionar. Ese tiempo se acerca en cuanto a la salud. Una señal clara es el llamado que hace la nueva Mesa Social por el derecho a la Salud, que está convocando a una marcha familiar para el 6 de abril de 2019. La Mesa Social es una plataforma constituida desde agosto de 2018 y que aglutina a diversas organizaciones de la sociedad civil, unidas bajo el sentido de urgencia que tiene el desafío de construir una mejor salud para Chile. Pacientes, gremios de la salud y organizaciones de la sociedad civil se están poniendo en marcha por una causa que es urgente y que ha sido postergada y mercantilizada. Las nuevas propuestas del gobierno de Chile Vamos están lejos de mejorar la situación, ya que sólo profundizan el modelo, basado fuertemente en el mercado y en la transferencia de fondos estatales a prestadores privados.

Una causa como esta debe desplegarse de la mano de las banderas levantadas desde el feminismo. La salud social está marcada por el modo en que el país trata a sus mujeres. Mejorar nuestra condición como mujeres, conlleva un beneficio para todo el colectivo. Las mujeres debemos ser, una vez más, protagonistas de esta proceso reivindicatorio, que de seguro dará que hablar. Para que, como siempre, sigamos siendo históricas.