“Sin vacuna, no hay escuela”. Así de claro fue el mensaje de la ministra de Salud, Giulia Grillo, tras la polémica ley que comenzó a regir el lunes y que prohíbe el ingreso a guarderías, jardines y colegios a todos los niños menores de seis años que no hayan recibido las 10 vacunas obligatorias del país.

Las dosis los protegen de la varicela, poliomielitis y sarampión, entre otras enfermedades. Tras este escenario, según informaron medios italianos, más de 300 niños en Bolonia, 1.200 en Liguria y otros 600 en Módena no pueden asistir a clases porque sus padres decidieron no vacunarlos. Aunque los niños no serán expulsados, sus progenitores enfrentan multas de hasta US$ 565.

Por ahora, el gobierno busca bloquear la denominada Ley Lorenzin, ya que el Movimiento 5 Estrellas no adhiere a la obligatoriedad de las vacunas. La iniciativa fue aprobada en la administración anterior y ha generado gran controversia. De hecho, el ministro del Interior, Matteo Salvini, envió una carta a la ministra Grillo para solicitar un decreto de ley que permita el regreso a clases de los niños sin vacunas.

Sin embargo, la ministra de Salud recalcó que la norma es necesaria dada la epidemia de sarampión que se encuentra en progreso. Sólo en 2017, Italia registró más de 5.400 casos de esta enfermedad y se convirtió en el segundo país de Europa con mayor brote, después de Rumania. En este sentido, el gobierno trabaja en una propuesta que consideraría a la vacuna contra el sarampión como la única obligatoria.

Pese a que durante los primeros meses de 2018 se registró un alza en las vacunaciones, aún existen regiones como Tirol del Sur, donde la población no supera el 67% de vacunas contra el sarampión, rubéola y paperas. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido tajante en afirmar que “el mundo sufrirá otra pandemia de gripe” y cuestionó la desinformación de los padres que creen que algunas vacunas provocan autismo.