El día 8 de Marzo en Chile fue un día histórico en todo sentido, fue una de las marchas mas concurridas en toda nuestra historia, alrededor de 350.000 mujeres en Santiago de Chile marchando juntas, 800.000 en todo el país, al unísono, protestando y conmemorando con orgullo el día de la mujer trabajadora. Nunca una marcha convocada por mujeres había logrado tal convocatoria y desde hace más de 30 años en Chile no se veía una marcha tan masiva.

Esta marcha llena de mujeres, de todas las mujeres, logró hacer que todas nos movilizáramos, que saliéramos y nos encontráramos con miles de compañeras que aunque no conocíamos volvíamos con cada paso, con cada grito, con cada mirada cómplice, nuestras hermanas.

Dentro de todas esas mujeres, de todas las agrupaciones y de todos los bloques en los que se dividía la marcha, uno resaltaba lleno de vigor, fuerza y lucha. Las lesbianas marchaban juntas, lesbianas de agrupaciones, lesbianas autoconvocadas, todas marchaban, se hacían visibles y presentes. La articuladora “Redlesbofeminista”, convocó meses antes a jugárnosla en esta histórica batalla y algo que se hacía imposible fue tomando forma.

La primera señal se vio cuando se iniciaron las reuniones, había muchas ideas, muchas ganas de hacer, pero más ganas de estar juntas, de conocernos y reconocernos, mujeres diferentes, todas con su historia que teníamos en común solo ser lesbianas y feministas. Así nos fuimos articulando y cuando sucedió el repudiable homicidio frustrado de nuestra compañera Carolina Torres, pudimos gracias a esta coordinación previa, acompañarla desde el primer momento en la posta central, darle ánimos y decirle que no estaba sola, que las lesbianas estábamos con ella y ella con nosotras, que el 8 de marzo saldríamos a marchar también por ella, porque no dejaríamos su crimen en impunidad, cualquiera de nosotras podría ser Carolina.

El día de la marcha había llegado al fin, meses de preparación en casa de las compañeras se vieron reflejadas en una perfecta organización de mas de 300 lesbianas marchando, tal como los Espartanos en la Batalla de las Termópilas, cada una de nosotras valía 100 veces el heteropatriarcado y lo íbamos a demostrar. Marchabamos con disciplina, un lienzo adelante, una gruta con todas nuestras muertas, un carrito que simulaba un camión, unas tijeras gigantes, cordones de seguridad, lienzo que cerraba el bloque y cientos de nosotras cantando las consignas al unísono.

Estábamos seguras, estábamos entre amigas y la sororidad se podía sentir en cada respiro, en cada abrazo de una desconocida, en todas por lo mismo, en visibilizarnos, en besos de amor en plena calle, en andar de la mano, en ser rebeldes y desafiar de frente al sistema,  porque en la calle y sin permiso las lesbianas existimos. Así la marcha se desarrollo en completa normalidad, sin disturbios, sin heridos, prendimos en Los Héroes la animita y todas nos iluminamos, junto a las fotos de las compañeras ausentes todas fuimos una y nos quedó ese calor que recordaremos para siempre.

Hoy seguimos organizándonos, lo que quedo del 8L, 8 Lésbico, fueron los gritos de 300 que se juntan hoy con las que no pudieron estar, con las que no sabían que estaríamos, con las que esperemos estén en las próximas. El día jueves y viernes habrá el primer ciclo de conversatorios sobre Lesbofeminismo, ahí volveremos a pensarnos y el sábado 16 de marzo a las 19.00 en el Liceo CEP de Pudahuel estaremos las 300 y ojalá muchas más apoyando en el Bingo a Beneficio de Carolina Torres, porque estamos unidas, resistimos y nos cuidamos.