Este lunes, en menos de 12 horas, dos personas se suicidaron lanzándose a las vías del Metro de Santiago. El primero ocurrió en la estación La Moneda alrededor de las 14 horas y el segundo a las 19 horas en la estación San José de la Estrella de la Línea 4, lo que provocó el colapso del metro en pleno horario punta.

Mientras algunas desalmadas personas tiraban la talla de que “se tiró en la peor hora”, habían otras peores que proponían un sistema para retirar el cadáver y habilitar rápidamente las líneas del metro para evitar el retraso. La preocupación se hizo latente en las redes sociales sobre la falta de una política de salud mental en el país que ayude a las personas.

Según datos del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social (Coes), en el 2018 uno de cada 5 personas en Chile reportó síntomas de depresión. A pesar de estos alarmantes datos, no existen planes de Isapres que cubran consultas para salud mental. Si uno hace un tratamiento particular, ir al psicólogo y pagar los remedios puede llegar costar un tercio del sueldo mínimo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho hincapié en que Chile es uno de los pocos países de Sudamérica que no cuenta con una “Ley de Salud Mental ” y le ha recomendado expresamente su promulgación. El gasto público chileno en esta área es cerca de un 2% del Presupuesto que se dedica a salud, los países de la OCDE triplican esta cifra.

La Ley de Salud Mental que se discute actualmente en el Senado no menciona la prevención del suicidio, lo cual es grave considerando los indicadores de salud mental del país, sobre todo en el segmento de niños, niñas y adolescentes, que son un grupo aún más vulnerable en la población.

El estado de la Salud Mental en Chile preocupa, más aún cuando el mismo Presidente de la República hace comentarios tan desafortunados como que en vez de enviar a los niños al psicólogo, es mejor darles una patada en el traste, ya que es gratis y una mejor solución. Es urgente y debe ser una prioridad para el país la discusión de una política de salud mental para que no sigamos lamentando la muerte de personas que probablemente no pudieron acceder a ayuda profesional antes de decidir quitarse la vida.