El pasado 7 de marzo, un día antes de la huelga feminista que remeció a todo el país, Raúl González (60) acudió al Colegio Inglés de Quintero con un arma. A esa hora, su ex pareja, Carolina Muñoz Rebolledo, caminaba por el frontis del establecimiento, en calle Baquedano, para retirar a su hija de 6 años y 9 meses. En medio de una discusión por el cuidado de la pequeña, Raúl sacó la pistola y le disparó dos veces a la mujer de 42 años, en la cabeza y en el corazón.

“Fue de casualidad, de casualidad no más”, insistió el femicida ante los medios, desatando indignación. A un costado del recinto educativo, un plástico naranjo tapaba el cadáver de Carolina, mientras el Servicio de la Mujer y la Equidad de Género anunciaba una querella criminal. La pequeña hija de ambos habría presenciado las amenazas contra su madre, pero no estuvo en la escena del crimen, como aseguraron los medios.

Días después del femicidio creció la incertidumbre por la tuición de la niña. Su padre quedó en prisión preventiva mientras se realiza la investigación en un plazo de 120 días, aunque también estuvo presente en la audiencia del Juzgado de Garantía y Letras de Quintero, el pasado 18 de marzo, cuando la justicia se pronunció sobre su custodia temporal. Ese día, la opinión pública se enteró con sorpresa que la pequeña seguiría bajo el cuidado de la sobrina del femicida. En las redes sociales se multiplicaron los cuestionamientos a la justicia por su decisión.

En entrevista con El Desconcierto, la cuidadora temporal de la niña entrega su versión de la historia. Mary*, quien prefiere resguardar su verdadera identidad, relata la relación que la unió a la pequeña desde su nacimiento. “Estuve en el hospital el día en que llegó al mundo”, asegura, entregando detalles de su buena relación con Carolina.

Apenas se enteró de lo ocurrido, Mary solo pensó en ir a buscar a la niña y en ponerla a salvo. No había nadie más. Al día siguiente, en medio de la vorágine de la tragedia, su esposo acudió a buscar algunas cosas de la casa del agresor y ropa para la pequeña. Los carabineros llegaron en ese momento y lo acusaron de robo. Él fue detenido mientras Mary intentaba contener a la niña en su casa, quien no paraba de hacer preguntas.

“El viernes estaba como en shock todavía, no quería comer, no quería tomar nada. Solo quería saber dónde estaba su mamá. Toñita, me decía, ¿llamaste al hospital para saber cómo está mi mamá? Y yo tenía que estar súper contenta, mientras por otro lado aguantaba el llanto”, detalla.

“Solo quiero que la niña esté bien”

Mary dice que el día en que tuvo que contarle la verdad a la niña sobre lo ocurrido con Carolina fue desgarrador. Con la ayuda de un psicólogo y otras especialistas, optaron por relatarle lo que pasó, con cautela pero sin mentiras. La pequeña supo que su padre fue quien agredió a su mamá.

“Le dije que si quería se podía quedar conmigo. Luego subió a la pieza con mi hija y a las horas después ya era otra niña”, detalla su cuidadora temporal. “Una que ya sabía que su mamá está en el cielo, que la ve todas las noches porque el psicólogo le dijo que él también tenía una abuelita que había muerto, que lo miraba porque era una estrella. Yo seguí lo mismo y le dije mira, si de pronto te cierra el ojo, esa es tu mamá”.

Un día después, la pequeña llegó para confirmarle que su mamá le había cerrado un ojo desde el cielo. Mary asegura que ha cambiado la vida de todos en la casa, pero que sólo han intentando ayudarla y amarla en estos días difíciles. “Yo no entiendo cómo la gente habla tanta estupidez y no saben el daño que hacen. Me duele porque al final nosotros no tenemos ningún beneficio con esto”, añade.

En redes sociales, Mary leyó que la gente decía que habían comprado al psicólogo y a la asistente social. Ella le ha aclarado a la familia materna que está dispuesta a acatar lo que el tribunal diga: “Mi intención no era quitarla sino contenerla en un momento en que no había nadie. Solo quiero que si se quedan con ella, yo pueda seguir en contacto. Solo importa el bien de ella”, recalca.

La cuidadora y sobrina de Rául González no justifica lo que hizo. Es más, asegura que tendrá que pagar por el femicidio y que jamás lo ha defendido. “Yo no acepto lo que hizo, es brutal. Solo quiero que la niña esté bien. Que yo sea sobrina de la persona que mató a Carolina no me hace culpable”, insiste.

Una decisión en espera hasta fines de abril

Desde Iquique, Angélica Muñoz cuenta que para su familia también ha sido muy difícil este proceso. Mientras buscan justicia por el crimen de su hermana, un dolor del cual aún no se recuperan, se sienten frustrados por la espera de más de un mes hasta la próxima citación del juzgado, cuando se analizará nuevamente el futuro cuidado de la niña.

“Son cosas aparte pero no podemos entender la resolución de la justicia y tampoco que haya demorado tanto, hasta el 30 de abril”, sostiene. Ha estado en contacto con Mary y asegura que ellos saben que pretenden recuperar la tuición de su sobrina. “Para nosotros es la posibilidad de tener un pedacito de nuestra hermana. Lo que le hizo este infeliz, porque no tengo otra forma de referirme a él, no tiene nombre. Yo qué se para ella también ha sido complicado”, agrega.

Aunque no ha tenido más relación con la pequeña por la distancia geográfica, Angélica espera reunirla con su abuela, a quien quiere y reconoce, para que las tres formen una nueva vida en Alto Hospicio. “Sería ideal que estuviéramos juntas. Para mí tampoco va a ser fácil pero queremos hacer todo lo posible para que ella esté bien”, recalca.

Hoy solo espera que la justicia tome una postura definitiva sobre la tuición en la próxima audiencia: “Solo pedimos que no posterguen más esta decisión porque ella sigue formando apego con la otra familia”. Y añade, una vez más, que no duda de las buenas intenciones de su cuidadora. “Ambas queremos lo mismo, que no pase más tiempo y que la niña esté bien”.

Mary repite lo mismo desde Quintero. Las primeras versiones de esta historia la dejaron en una posición injusta. Entre lágrimas, cuenta que su vida también dio un salto radical desde el día del femicidio y recuerda con cariño a Carolina. “Nos llevábamos bien, ella era muy jovencita”, apunta. Ahora sólo quiere su hija sane y tenga una vida normal. “No sé si va a ser así, pero ella es muy inteligente. Dentro de todo el problema que tiene en su cabeza, ella hace que todo sea más fácil. A ratos me dice tía y también me ha dicho: tú eres como mi mamá, ¿cierto? No sé poh, le digo yo, si tu quieres, sí”.

El día de la audiencia por la tuición de la pequeña, Raúl González, bajo custodia de Gendarmeríoa, volteó a insultar a las hermanas de su ex pareja. Ellas conocían los episodios de violencia y amenazas hacia Carolina, aunque al tribunal le dijo que estaba arrepentido porque “era la madre de su hija”. En medio del dolor, Mary suspira y dice que “solo quiero educar y amar a la niña el tiempo que esté conmigo”.