“Se condenó, va a tener las consecuencias”, de esta manera respondió la alcaldesa de Maipú al concejal Pedro Delgadillo en pleno concejo municipal cuando éste deslizó que el público asistente era seleccionado por la misma administración, para que por un lado celebre las intervenciones que le son favorables y por otro silencie entre abucheos, gritos y pifias cualquier eventual crítica. Curiosamente esta frase – calificada de amenaza luego por el propio Delgadillo, terminando en una denuncia ante la PDI– fue ampliamente aplaudida y vitoreada por los presentes, quienes de manera evidente parecen acudir más a alentar a Barriga que a presenciar el principal espacio político local.

La situación no es nueva, al punto que en marzo del 2018 y tras señalar al inicio del actual mandato que “transmitiremos las sesiones del concejo porque la gente tiene que informarse, la transparencia es válida y necesaria para esta administración”, dejaron sin explicaciones de transmitir esta instancia desde las redes y plataformas virtuales municipales. También ha sido impedido el acceso al concejo municipal a dirigentes y vecinos, con el argumento de que “la entrada es por orden de llegada”, siendo incluso retirados con el despliegue de carabineros y guardias municipales, pero éstos argumentan que al llegar muy temprano, la sala ya está repleta y en muchos casos por funcionarios. Por otra parte ha sido apagado el micrófono a concejales mientras hablan, se les ha dicho que son “poco hombres”, “niños”, “mentirosos” y que “no tienen bien puestos los pantalones”.

Lo concreto y evidente es que Cathy Barriga y su administración reducen cualquier voz disidente en el espacio que por antonomasia debiese ser de discusión ciudadana en el plano comunal. Y la situación es aún más lamentable, ya que esta intolerancia hacia la divergencia no es aplicada solamente dentro del concejo municipal, se trata casi de la principal política de la UDI en Maipú, adornada con el evidente culto hacia la figura de la alcaldesa y una versión aún más ligera del recordado “cosismo” (instaurado por su propio suegro, Joaquín Lavín), donde todo se resuelve con regalos, joyas, fiesta y corpóreos.

En agosto del 2018 se produjo un incendio de grandes proporciones en un irregular depósito de neumáticos en el sector de Rinconada, los maipucinos reclamaban desde hace meses precisamente por los peligros que esto suponía. Al momento del siniestro la alcaldesa culpó con certeza a los vecinos, saltándose la versión de bomberos, una investigación o siquiera el término de la emergencia, sus palabras precisas fueron “lo confirmo porque había una junta de vecinos manifestando una inquietud, ellos prendieron estos neumáticos”. Así de distante es la relación entre el actual municipio de Maipú y los vecinos quienes se organizan y exigen ser oídos, la administración interpreta cada demanda, cada exigencia como una afrenta. Apuesta por la comunidad desarticulada y embobada por el espectáculo, por la cara de la alcaldesa en la Veterinaria Municipal (que es una iniciativa que viene desde administraciones anteriores), por una caricatura gigante de Barriga en la Granja Alimentaria (destacable iniciativa por lo demás, salvo lo innecesario de esta gigantografía), por su rostro junto a próceres de la comuna en el mural del Liceo Nacional de Maipú, por una beca municipal con su nombre (que también venía desde administraciones anteriores bajo el nombre de Beca de Excelencia Académica Municipal). Todo ello mientras nuestras calles se inundan, los barrios se tornan más inseguros, mientras el comercio informal se apodera del centro de la comuna (la solución fue levantar un cartel que dice “Boulevard”), mientras el dinero para educación se gasta en peluches, mientras no existe un encargado de cultura, mientras corremos el riesgo de que SMAPA – nuestra sanitaria – sea privatizada, mientras los vecinos no son escuchados sino que solamente invitados a disfrutar del show. La lógica es la de que no existen ciudadanos, sino que consumidores, que no existe comunidad, sino que seguidores.

Las críticas ante este contexto siempre son asumidas desde la administración como ataques a la propia Cathy Barriga, porque su popularidad es un excelente escudo y además porque cualquier mención (positiva o negativa) le hace estar en la opinión pública, en las redes, en los memes. Son 3 las falacias que sistemáticamente acá son utilizadas para articular una defensa, tanto por la propia alcaldesa como por su equipo; Que la atacan por ser mujer (escudándose y sobre todo aprovechándose de las actuales luchas feministas), que la atacan por venir de la televisión (lo concreto es que resulta refrescante contar con rostros que no provengan desde los partidos, pero no que se implemente una lógica incontenible por figurar, tan propia de la TV), y que la atacan quienes callaron cómodamente en las administraciones anteriores, sobre todo en la de Christian Vittori (punto que tiene bastante asidero pero que en ningún caso aplica para el total de su oposición). Es importante visibilizar estos argumentos, detectarlos, identificarlos, para no creerles, ya que no hacen más que seguir disfrazando una triste inoperancia política, escondiendo la incapacidad de administrar un territorio y de paso poniendo en el centro a Barriga.

Hoy la batalla no es entre izquierda y derecha, o más bien ya conocemos tan bien las lógicas de cada una, que esta dicotomía no tiene nada nuevo que aportar. Hoy la batalla es entre lo individual y lo colectivo, entre el mundo virtual y el real, entre la inmediatez del show y la solidez del diálogo, entre lo efectista de lo temporal versus lo efectivo de un trabajo profundo y desprejuiciado. Debemos apuntar a levantar los nuevos mundos desde el consenso, y el espacio para concretarlo son nuestros territorios, nuestras comunas, porque ellas son el entorno más inmediato, porque allí es donde nos miramos a los ojos a diario con el otro, con los otros, con nosotros. No es coincidencia que quienes destaquen en el mundo político hoy sean Sharp en Valparaíso y Jadue en Recoleta, no es coincidencia el interés que genera la eventual destitución de Reginato en Viña. Es en las comunas donde se deben articular las luchas, levantar las propuestas.

Lo peligroso de una administración como la de Barriga es que nos priva de la construcción colectiva, porque genera un permanente ruido tan grande que nos impide conversar, nos quiere bailando, ojalá con los ojos cerrados y evadiéndonos al máximo, llevando este carnaval a todos lados, incluso al propio concejo municipal. Lo peligroso de una figura como la de Barriga es que suena como candidata a la presidencia, que puede llevar la política del espectáculo a Chile entero. Por eso es importante la batalla que hoy se libra en Maipú, levantar batallas en cada comuna. La actual Batalla de Maipú, al igual que la que se libró hace 200 años, también es por la independencia, esta vez no de alguna monarquía extranjera, sino que del reinado de la estupidez.