Todo partió con un incendiario tuit de la diputada Pamela Jiles (PH) anunciando el nacimiento de la “Bancada de la Dignidad” en la Cámara de Diputados. La parlamentaria calificó así al Partido Humanista (PH), el Partido Ecologista Verde (PEV) y el diputado –ahora independiente– Renato Garín, tras la polémica votación por la presidencia del hemiciclo, en la que este grupo de 5 parlamentarios se abstuvo de dar su apoyo al DC, Iván Flores. En el mismo mensaje, Jiles se refirió a los diputados y diputadas del resto de fuerzas del Frente Amplio (FA): “Los que entreguen su voto a cambio de pequeñas prebendas tendrán que explicárselo a la ciudadanía”, escribió. Uno de los primeros en reaccionar fue el diputado Pablo Vidal (RD), quien habló de una falta de respeto hacia su partido y advirtió que “hay líneas que no se pueden cruzar”.

La decisión de respaldar a Flores fue parte de la negociación del acuerdo administrativo, que marcó la agenda frenteamplista todo el verano. La coalición se dividió en dos facciones claramente diferenciadas. Por un lado, PH, PEV y Garín, quienes decidieron no entregar la presidencia a la DC para enmendar su alineamiento con el oficialismo en muchas de las votaciones de la sala (la última por la ley de migraciones); por el otro, el resto de grupos del FA, que apostaron por llegar a un acuerdo con la oposición –incluida la DC– a cambio de compromisos claros a futuro en algunas materias clave.

El episodio de la elección de Iván Flores abrió una grieta en la coalición cuyo alcance aún está por dimensionar, aunque ya ha tocado de pleno a los humanistas. Varias de las fuerzas plantearon la opción de reconfigurar los comités que integran el bloque en el Congreso por la incomodidad que les provocó el actuar del PH, en general, y de Pamela Jiles, en particular.

El reglamento de la Cámara de Diputados establece que los comités “agrupan a un número de diputados y a través de su jefe permiten la relación de la Mesa de la Cámara con la Corporación, con el fin de hacer más expedita la tramitación de los asuntos sometidos a su conocimiento”. Las reuniones de los jefes de los comités con la Mesa constituyen los Comités Parlamentarios. Hasta ahora, el FA estaba conformado por dos comités: uno integrado por RD, MA e IL presidido por el diputado Pablo Vidal –hasta marzo lo lideró Miguel Crispi–, y otro integrado por el resto de fuerzas del bloque, que preside hasta ahora el humanista Tomás Hirsch.

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/ Agencia Uno

Pendientes de una nueva distribución

Las opciones que se barajan para reacomodar la organización administrativa del FA son, por ahora, tres. La primera pasaría por conformar dos comités: uno integrado por los cinco diputados que se han opuesto a cerrar el acuerdo administrativo con la oposición (PH, PEV y Garín), y otro con los 15 del resto de fuerzas. La segunda posibilidad sería conformar tres comités: el primero formado por los siete parlamentarios de RD, un segundo con los cinco del sector crítico y el tercero con los otros ocho del resto de formaciones (Comunes, IL, MA, PL). La última posibilidad sería mantener los dos comités que hay hasta ahora. Al interior del conglomerado aún no hay unanimidad sobre cuál será la fórmula elegida. Mientras algunas fuentes aseguran que el debate aún no está zanjado, otras dan casi por hecho que la discusión se cerrará con la segunda opción. De ser así, la nueva distribución podría mermar la representatividad de humanistas, ecologistas y el diputado Garín en el hemiciclo.

El artículo 56 del Reglamento de la Cámara indica que se necesita un mínimo de siete diputados por partido para integrar un comité y que cuando “dos o más partidos políticos cuyo número de representantes, separadamente, sea inferior a siete diputados podrán juntarse y formar un comité, siempre que unidos alcancen a lo menos dicha cifra”. El grupo liderado por el PH suma sólo cinco parlamentarios, con lo cual no podrían levantar un comité propio y tendrían que sumarse a los conformados por otros partidos fuera del FA. De no ser así, la normativa dice, en su artículo 57, que “los partidos y diputados que tienen obligación de constituir comités o pertenecer a ellos y no lo hicieren, pierden en la persona de sus componentes las facultades que se les otorgan por este reglamento”.

Preguntado por este asunto, el diputado Hirsch dijo a El Desconcierto que la definición de las comisión no está resuelta todavía, pero que para el PH “los comités deben mantenerse tal y como están en este momento porque funcionan perfectamente bien”.

En opinión del diputado Diego Ibáñez (MA), la reestructuración administrativa que pudiera derivar de este proceso no pone en riesgo la continuidad del bloque para el nuevo período legislativo. No obstante, hace autocrítica: “La unidad del FA se degrada con el afán individualista de entender nuestra lucha como mera farándula”. En su opinión, el debate central pasa por “establecer una relación de fuerzas favorables tanto dentro del Parlamento como en los movimientos sociales” para hacer del FA “una herramienta que sirva los desafíos que se vienen”.

Elegir la forma de organizarse al interior del Parlamento no es una cuestión menor y tiene implicancias que van desde la asignación de recursos hasta los temas de debate en la sala. Sin embargo, la agenda legislativa, con los debates sobre la reforma Tributaria y de Pensiones a la vuelta, obligará a los frenteamplistas a tomar una decisión sin más dilaciones y permitirá cerrar, así, una controversia que se arrastra desde hace semanas. Más allá de la fórmula que acaben eligiendo, el desafío más inmediato que tendrán que enfrentar pasará sí o sí por reinstalar la imagen de unidad de los 20 diputados de la bancada.