Cerca de 27 mil estudiantes de Educación Superior en Chile iniciaron este año académico 2019 con la noticia de no ser más beneficiarios de la política de gratuidad, donde poco más de 900 son de nuestra universidad. Lo que se suma a las pérdidas de estudiantes en los años 2017 y 2018, sumando casi 67 mil perdidas de gratuidad desde su implementación, donde un 67% de los casos corresponden a universidades del CRUCH. Esta situación ha reabierto el debate sobre lo que significó el nuevo régimen de gratuidad implementado durante los últimos meses del gobierno de la Nueva Mayoría y aprobado con los votos del Frente Amplio y Chile Vamos, además del apoyo del mismo CRUCH.

Sin embargo, hoy pareciera ser que esta no es la gratuidad de nadie, ya que ningún actor se hace cargo de la situación de fondo, y es que a la fecha más de 67 mil estudiantes han perdido el supuesto beneficio estatal por exceder los años de estudio de su carrera.

Han salido diferentes actores al paso en esta coyuntura, obviamente el CRUCH arremetió con sus posiciones corporativistas y gremiales aludiendo a que la gratuidad es un mecanismo perverso que sume en profundos déficit a las instituciones e imposibilita el desarrollo de los proyectos educativos. Mientras el gobierno de Chile Vamos y la ministra Cubillos han salido a plantear que este no es un problema de su gobierno, sino que heredado del anterior y que no está planeado reabrir un debate sobre la gratuidad. Y finalmente, la actual oposición (ex Nueva Mayoría y Frente Amplio), han guardado una posición más bien silenciosa y se han limitado, junto al CRUCH, a interpelar al gobierno para que extienda los plazos de la gratuidad e inyecte más recursos a las instituciones.

Así, la discusión sobre esta grave situación se ha limitado los actores de interés en la materia, donde los únicos al margen del debate de fondo somos los estudiantes, con dirigencias estudiantiles que solo secundan las mezquinas posiciones de los rectores.

En contrapartida, los estudiantes consecuentes y comprometidos con la real transformación de nuestra educación no podemos quedarnos en críticas superfluas, pues sabemos bien que el trasfondo de la pérdida de la gratuidad no es un error en la implementación, como muchos dicen aludiendo a problemas técnicos posibles de corregir. No, la política de gratuidad, como la reforma general a la educación superior fue y es absolutamente incorregible, pues siempre fue pensada dentro de los márgenes de una educación mercantilizada, promoviendo una profundización del subsidio al negocio educativo, aunque con importantes limitantes en su implementación generando déficits internos y un alcance limitado, llegando incluso a que una porción importante de estudiantes pierda esta beca.

Así queda en evidencia que, tras años, nada ha cambiado en nuestra educación, y que solo se ha profundizado el modelo mercantil de educación chilena, donde vemos a autoridades universitarias únicamente preocupados de mantener sus recursos y estatus, sectores políticos que de manera transversal han aprobado este tipo de leyes insustanciales e incluso dirigencias estudiantiles pasivas que se han sumado en los hechos a avalar estas políticas de mercado en nuestra educación.

Nuestra tarea es retomar una agenda propia de disputa del Movimiento Estudiantil que ponga en el centro la lucha por una verdadera educación gratuita, que supere las lógicas de mercado y un conocimiento al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.