Cuando se habla de vida sana, habitualmente se menciona la alimentación, el deporte y actividades de recreación, mientras que el tema del sueño ha pasado a ser cada vez menos importante para la sociedad.

Se conoce que en el último centenario hemos perdido un minuto de sueño por año (es decir, llevamos más de una hora de sueño reducida), lo cual se asocia a muchas causas, tales como, el trabajo, el consumo de medios, el ritmo acelerado de la vida, la revolución de redes sociales, entre otros; lo cual ha sido imposible de manejar, considerando además, que todo ha sido tan rápido para una sociedad que no estaba preparada y que aún no logra adaptarse del todo.

Cabe señalar que, las consecuencias de la privación de sueño son importantes en diferentes áreas. Por una parte, en lo biológico, porque el no dormir está relacionado a mayores riesgos de infarto, diabetes, obesidad, mala alimentación, dificultades en el aprendizaje y memoria, además, del crecimiento corporal y cerebral. Asimismo, en lo social, lo vemos a diario en las dificultades parentales, familiares, conyugales, laborales, etc. De hecho, un estudio italiano muestra alto porcentaje de divorcios por el mal dormir y los diversos pensamientos o acciones insólitas de los padres para lograr que duerman sus hijos. A su vez, vemos también en lo conductual, como el sueño ha sido siempre un tema interesante para novelistas, poetas y pintores, quienes reconocían su importancia en el rendimiento, comportamiento, emociones y salud.

Ahora, al preguntarle a los niños sobre el sueño. Muchos refieren que les angustia, que prefieren jugar con sus padres o tomar leche. Algunos, en edad escolar, señalan terrores nocturnos, pesadillas y sonambulismo. Por su parte, los lactantes aún no han aprendido. Y los adolescentes prefieren hacer otras cosas en ese tiempo. Todo ello, permite visualizar que la población y en particular los niños, desconocen su rol e importancia.

¿Es labor de la sociedad devolverle al sueño su importancia?

En los niños con bajo percentil de crecimiento, es frecuente encontrar que se ha incentivado el tema de la alimentación, pero no el rol del sueño en el crecimiento.

Si miramos la realidad de los bebes, el sueño les ocupa más del 50% de su tiempo total, las razones que podrían explicarlo, es que regula el desarrollo cerebral, siendo fundamental para la cognición. Numerosos estudios evidencian que la ontogenia de la arquitectura del sueño es paralela al desarrollo del cerebro.

A su vez, la privación de sueño en modelos animales muestra que puede llegar a producir la muerte y se ha utilizado para provocar modelos de enfermedades degenerativas.

Por otro lado, el no dormir de un niño por estar usando pantallas, ya sea jugando o viendo las redes sociales, perjudica la consolidación de lo aprendido durante el día, la memoria a largo plazo y su vínculo con la plasticidad.

Existe un estudio muy interesante que muestra como al no dormir o reducir el sueño en horas, afecta el freno o inhibición y, por ende, se frustran fácilmente y toman malas decisiones.

De igual manera, se relaciona también, con la alimentación. Las personas que duermen mal escogen de forma errónea los alimentos que consumen, prefiriendo aquellos calóricos y pocos saludables, porque tienen afectado el circuito de recompensa. Por eso, no es difícil saber que la obesidad esta muy relacionada a los habitos de sueño. Incluso existe una publicación que muestra que animales expuestos a interrupción del sueño presentan obesidad.

Conjuntamente, los malos hábitos de sueño se vinculan con una menor empatía emocional e interacción social. Varias investigaciones han comprobado los efectos de la ausencia de sueño y su relación con la capacidad de reconocer ciertas emociones faciales, como el enfado o la alegría. Los resultados han sido concluyentes: las personas que duermen menos horas,  tienen mayores dificultades al momento de identificar expresiones emocionales.

La privación del sueño perjudica también, nuestro estado mental. De hecho, se ha comprobado que padecer algún trastorno del sueño aumenta las probabilidades de desarrollar depresión, así como, ideación suicida.

Otro estudio muy interesante, es que los niños que duermen mal no siempre se presentan como los adultos con somnolencia, sino que evidencian en un 80%, comportamientos alterados (hiperactividad, agresividad y dificultades para mantener la atención), lo que puede ser entendido erróneamente como patologías, y tratadas farmacológicamente, sin abordar el sueño.

Así, el devolverle al sueño su rol, es decir, su espacio e importancia en nuestro día a día, estaremos promoviendo niños más felices, que aprenden mejor y por supuesto mas saludables.


Neuróloga infantil – Académica de Universidad de Chile. Master en Medicina del Sueño.