Cultura

Libro revela el mundo queer de Coyhaique

Por: Gonzalo Schwenke / Publicado: 06.04.2019
ivonne /
La provincia dominada por colegios católicos y los militares acomodados que dictan la regla de convivencia entre pares cohabitan en un silencio incesante: “En Coyhaique el conflicto se evita con una encantadora hipocresía”. En este sentido, el mundo conservador y la ideología religiosa han mantenido bajo sospecha de amenaza social y desviamiento cualquier actitud diferente. Asimismo, las convivencias con lo raro y lo homoerótico están marginadas y permitidas en un espacio semiprivado, como lo es la peluquería.

No todas las novelas de poetas logran un carácter necesario para desarrollar un imaginario sobre las ciudades. En este libro, la autora despliega un retrato costumbrista combinado con un alto discurso crítico sobre lo que significa crecer en las provincias del sur del país.

Coyhaiqueer, la primera novela de la poeta Ivonne Coñuecar (Coyhaique, 1980), hace una radiografía sobre el cotidiano de Coyhaique durante los ochenta y noventa. Allí desarrolla temas prohibidos como el suicidio, el mundo homosexual y lésbico, el contagio del VIH, la militarización de la Patagonia, el clasismo, el concepto de la familia que no son los parientes sino las amistades duraderas, las drogas, la juventud, la obligación de los jóvenes por buscar el éxito fuera de la ciudad, el desarraigo y las heridas infringidas a través del tiempo, entre otros.

A través de la protagonista, Elena, desarrolla en catorce capítulos una narrativa vinculada a la crónica. Posicionándola como un personaje lateral, no vinculado a aquellos que detentan cierto grado de poder: ya sea siendo hijos de militares, con rancios apellidos o determinados por el dinero que sostienen los privilegios. En aquella zona, el complejo turístico está compuesto por el revés de la moneda, marcado por los suicidios. De esta manera, ella y Juan Luis (Jota) se desenvuelven sin la necesidad de complacer la norma de la comunidad: “Y hablábamos de todos, de cualquiera. Éramos el pueblo adentro, éramos del pueblo, con, contra, de, desde, hasta, para, por, según, pero nunca sin”. De este modo, devela una sociedad que aparenta convivir en armonía, con gajos similares a la novela de José Donoso Un lugar sin límites. Sin embargo, en vez de una figura masculina y castradora que domina el campo, la autora coloca las responsabilidades sobre las regulaciones sociales de manera transversal y colectiva.

La provincia dominada por colegios católicos y los militares acomodados que dictan la regla de convivencia entre pares cohabitan en un silencio incesante: “En Coyhaique el conflicto se evita con una encantadora hipocresía”. Estas relaciones sociales entre vecinos y vecinas están sometida a los tabúes y a la sospechosa buena voluntad. En este sentido, el mundo conservador y la ideología religiosa han mantenido bajo sospecha de amenaza social y desviamiento cualquier actitud diferente. Asimismo, las convivencias con lo raro y lo homoerótico están marginadas y permitidas en un espacio semiprivado, como lo es la peluquería. Lugar en que se valida continuamente el vínculo con lo femenino a través del cuidado del cabello.

El volumen recuerda que la ciudad “era una zona privilegiada del dictador y solía ir con frecuencia para ver los avances de la construcción de la Carretera Austral”. No por nada la palabra comunista es simbolizada en el imaginario nacional como personas que quieren desbaratar un Chile impecable, una de las primeras noticias falsas más exitosas que algún gobierno pueda instalar en la población. La más reciente pertenece al ministro (s) del Interior, Rodrigo Ubilla, quien perseveró en decir que los incendios forestales no eran falta de prevención de las empresas a cargo, sino una provocación de una población característica de la zona, sin mostrar siquiera una sola prueba fehaciente: “Yo diría que algunos de los incendios que se han producido en el último tiempo están asociados al tema de la causa mapuche” (diario La Tercera).

En el transcurso de la obra destaca la articulación de las voces del narrador y los personajes mediante el estilo indirecto y el libre. Mientras el primero, supone que la narradora asume la voz de los personajes; en el segundo, Elena no solo reproduce el sentir y las palabras de dos hermanos hijos de militares que no deseaban llegar a ser parte de las Fuerzas Armadas, pero que tuvieron la extensión de la dictadura dentro de las casas. En el mismo ámbito, parece engañoso el agotador párrafo largo interminable, pero las frases cortas, con una cadencia devenida del habla poética hace que el libro ofrezca una lectura fluida. Igualmente, los capítulos desplegados no son lineales, más bien fragmentarios por temáticas, los personajes van y vuelven, fallecen y aparecen en otra memoria, en otro acontecimiento.

Por otro lado, las marcas de la cultura del noventa están enlazadas por medio de la música electrónica, las drogas, el acto de rebobinar el cassette con el lápiz, arrendar películas en VHS al videoclub más cercano, mandar a pedir algo a Santiago por correo y que este se demore una semana en llegar, sirve para generar el cuadro necesario para comprender a los personajes.

No es lo mismo vender la postal de la ciudad turística, que arraigarse en la zona. Coyhaiqueer (2018) es una obra de calidad que se basa en la memoria de la autoficción para reconstruir un escenario complejo en la que se despliegan los personajes en relieve. En esta dinámica, Elena y Jota han elegido no esconderse de su orientación sexual, eligen crecer y sobrevivir en un lugar que es incómodo, porque al final de cuentas, ese lugar que no varía sus formas de vida, les pertenece.

Coyhaiqueer

Ivonne Coñuecar 

Ñire Negro ediciones

140 páginas

Precio de referencia $10.000

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