Este domingo 7 de abril se cumple un año del ingreso a la cárcel del ex presidente brasileño, Luiz Inácio “Lula” Da Silva, luego de la condena de 12 años por una supuesta corrupción en el marco de la operación Lava Jato.

Según un artículo de el diario Folha do Sao Paulo, el ex líder sindical del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil vive aislado en una habitación de 15 metros en la sede de la Policía Federal en Curitiba, capital del estado de Paraná, en el sur de Brasil.

Se levanta a las 7 de la mañana todos los días y escucha el saludo de “buen día, Presidente” del campamento “Lula Livre” que se instaló hace un año a las afueras de la sede de la policía brasileña. Todos los días las 8 de la mañana un agente de la policía federal destraba la puerta de la habitación y encuentra a Lula con una camiseta del PT o de su equipo de fútbol favorito, Corinthians.

Una vez a la semana puede recibir visitas. Los jueves por la mañana recibe a amigos y por la tarde a sus familiares. En total ha recibido 572 visitas en su primer año en la cárcel. Entre las personas que más lo visitan se encuentran sus abogados, amigos y su familia. Dos veces fue a visitarlo su nieto Arthur, que falleció en marzo pasado, según el artículo, fue su abogado quien le informó de la muerte del pequeño de 7 años raíz de una infección generaliza causada por una bacteria. Lula lloró más de 12 horas tras la muerte de su nieto.

A pesar de estar aislado y no poder mantener contacto con otros prisioneros, Lula tres veces a la semana sale a caminar a un espacio de 40 m2 donde toma el sol. También se ejercita con elásticos de gimnasia para mantenerse en buen estado.

Su habitación no tiene rejas, tiene un baño con ducha sin cubículo, un clóset, una mesa con cuatro sillas para sus invitados y una televisión que sólo recibe la señal abierta. Ve telenovelas y los partidos de Corinthians. Ha léído más de 25 libros entre los que se encuentran “el arte de la guerra”, de Sun Tzu y “El don de la ira”, escrito por Arun Ghandi, nieto del pacifista indio.

Gracias a resúmenes de prensa y pendrives donde están grabadas las reuniones del directorio del PT, Lula se mantiene informado de la política brasileña. “Siempre está alerta, muy indignado con todas las injusticias”, señaló una de las personas que lo ha visitado en la cárcel.

La llegada de Bolsonaro al poder y que su ministro de Justicia sea la misma persona que encarceló a Lula hace que las posibilidades de su liberación se reduzcan considerablemente. Recién pasados cuatro años en la cárcel podría obtener la posibilidad de mantener un régimen de condena semiabierto que le permita tener salidas durante el día.

A pesar de ello, los esfuerzos alrededor del mundo no cesan exigiendo la libertad del ex presidente brasileño. En 36 ciudades del mundo se realizaran manifestaciones y jornadas de libertad por Lula. Una de ellas se realizará en Ginebra, suiza, a las afueras de la sede de la Organización de Naciones Unidas.