A pesar de que aún hay algunos que niegan el Cambio Climático (CC), la gran mayoría de la gente cree en él, saben que ya está ocurriendo y se horrorizan al pensar en sus consecuencias. Lo que más miedo da del CC es que no sabemos cómo abordarlo: ¿Qué deben hacer los países, empresas, personas para afrontar este nuevo escenario?

En términos generales, hay dos maneras de abordar el CC: la mitigación y la adaptación. La mitigación es hacerse cargo de las causales que provocaron esta situación, y eso es de la producción de gases de efecto invernadero, para así tener la esperanza de que las consecuencias de este cambio no sean tan apocalípticas. Por otro lado, la adaptación, asume que el CC está aquí y hay que hacerse cargo ahora de las consecuencias. Considerando que los recursos son limitados, sería bueno focalizarse en algo, pero ¿en qué?

La focalización depende del rol y escenario que debe afrontar cada país. Es decir, definir si somos contaminantes o somos víctimas del CC. Chile, al igual que el resto de los países latinoamericanos, ha aportado con una dosis mínima de los gases que han provocado esta situación, pero no por eso “le sacaremos el poto a la jeringa”. Es más, ojalá los países ricos, mucho más responsables que nosotros de poner al mundo en la situación crítica que está, lleven a cabo políticas, como lo está haciendo Chile, por cambiar su matriz energética y así no depender de los combustibles fósiles que tan mal le hacen al medio ambiente. Ha sido tan ejemplificador lo que ha hecho Chile, que Al Gore ha pontificado sobre esto en su último documental: Una verdad Incómoda 2.

Como ya lo hemos dicho, hemos tenido un buen puntapié inicial en términos de mitigación, pero ¿qué hemos hecho para prepararnos a las consecuencias del CC? ¿Nos veremos enfrentados a huracanes e inundaciones o no nos pasará nada por vivir “donde el diablo perdió el poncho”? Chile, por sus condiciones geográficas, sociales y económicas, es uno de los 10 países que más sufrirá las consecuencias del CC. Los y las científicas chilenas y del mundo han pronosticado que tendremos muchos más aluviones -por concentración de lluvias en el norte y derretimiento de glaciares en la zona centro sur- y de Santiago al Sur sufriremos bastante con las sequías, caldo de cultivo ideal para los incendios. Pero esperen, ¿eso no está ocurriendo? Claro que sí, es cosa de revisar las noticias sobre las emergencias que hemos afrontados en los últimos 5 años.

Entonces, si ya sabemos qué nos puede pasar, ¿qué debemos hacer? Prepararnos para enfrentar esta nueva realidad, porque lamentablemente, el CC llegó para quedarse. Aunque esto suene fácil, no lo es tanto cuando no se tiene una institucionalidad adecuada para la planificación, que nos obligue -o al menos recomiende- a no construir o producir en zonas aluvionales, a no plantar en zonas con escasez de recursos hídricos o a invertir en la conservación de la biodiversidad en zonas de riesgos. En Chile, hace varios años teníamos un Ministerio de Planificación, que luego de varias modificaciones ha perdido su foco, convirtiéndose hoy en el Ministerio de Familia y Desarrollo Social, por lo que difícilmente podremos esperar que de este ministerio salgan las medidas adecuadas para adaptarnos, si las políticas que salen de este lugar son pensadas en el bienestar de la familia. La esperanza nos podría quedar en la ONEMI, la que a pesar de haber mejorado mucho desde el terremoto del 2010, no tiene la gobernanza necesaria para mandatar este tipo de desafíos. Basta mencionar que la ONEMI, luego de una catástrofe, debe rogarle a otros servicios que le envíen datos de los daños y pérdidas a causa de un determinado desastre.

El futuro no es muy prometedor si la planificación se la dejamos al libre mercado. Hoy, el Ministerio de Interior maneja un mapa de desastres -un mapa que tiene georeferenciados donde han ocurrido los últimos desastres en Chile- y no lo puede hacer público por el miedo “al mercado”. Miedo al sector inmobiliario por poner en evidencia que han construido un lindo condominio en zonas aluvionales o al sector minero, por haber permitido la construcción de un relave con alto riesgo de que se venga abajo por culpa de una lluvia concentrada. Mientras no tengamos un Estado a nivel central, regional y local que tenga las mínimas herramientas y competencias que nos permita cambiar las mismas lógicas que nos pusieron en esta situación y podamos regular la búsqueda irresponsable de dinero de algunas empresas, no tendremos más que cruzarnos los brazos y esperar que las consecuencias del CC no sean para tanto.


Msc Economía de los Recursos Naturales. Actualmente se desempeña dando cursos sobre gestión de riesgos en el marco del cambio climático y colabora con la Fundación Cisne Negro.