En 2009, la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo (UDD) le abrió las puertas a la académica trans Anastasia Benavente para dictar clases. En 2010, la profesora, especializada en metodología de la investigación, fue trasladada a la Facultad de Educación, para posteriormente, en 2012, convertirse en coordinadora del área de lenguaje de las carreras de pedagogía en párvulo, básica y media.

Durante todo este recorrido académico Benavente optó por ocultar su identidad social, debiendo simular a diario ser como un hombre. De corbata y pantalón, la profesional encabezó decenas de cursos con un excelente desempeño.

La mujer tomó esta decisión luego de recibir una constante negativa en el mundo laboral para contratarla siendo trans. “Fui a buscar trabajo y no me dieron en ninguna parte. En aquella época, hace más de 18 años, cuando recién salí de la universidad, me miraban con una cara terrible y dejaban mi currículum a un costado. En muchos casos ni siquiera me saludaban, ni siquiera me miraban”, recuerda Benavente.

“Como tenía que subsistir y me negué a ejercer el comercio sexual en la calle, decidí mutilarme, cortarme el pelo y disfrazarme de varón gay. Finalmente encontré un colegio muy bueno que me permitió desarrollarme. Ahí aprendí mucho porque su proyecto educativo estaba orientado hacia la diversidad. Ahí me aceptaron como hombre gay, pero súper fuerte. Obviamente, no tan maquillada y tampoco usando mi nombre social”, comenta sobre sus primeros acercamientos a la docencia.

Benavente se reconoció como mujer hace más de 23 años, pero en el ámbito profesional nunca había podido mostrarse como tal, “por la sencilla razón de que la población trans ha sido vulnerada en sus derechos históricamente”, explica.

Discriminada por la decana

La académica arribó a la Facultad de Educación bajo la decanatura de Gloria Carranza, quien oficializó su contratación con la universidad. En su cargo de coordinadora del área de lenguaje, por varios años fue docente de planta a jornada completa.

Sin embargo, en 2017 Benavente decidió dejar dicho puesto para realizar un magister en género. En ese momento, la autoridad a cargo ya no era Carranza, sino que Josefina Santa Cruz.

Previo a la formalización de su renuncia, la profesora habría sido citada a una reunión con la nueva decana. Allí Santa Cruz le habría comunicado que estaba en conocimiento de su verdadera identidad y su faceta como performer. “En ese episodio ella me dijo que se enteró que yo era Anastasia. ‘Me pareció divertido, un personaje cómico’, me dijo. Me trató como si fuera un humorista tipo Yerko Puchento“, relata.

“Me dijo: ‘yo tengo que hablar contigo, porque imagínate, yo me entero que un profesor de esta facultad maltrata a su mujer, tendría que buscarlo y llamarle la atención’. Yo la quedé mirando sin creer lo que me estaba diciendo. Ahí se dio cuenta que algo estaba mal y me cambió el ejemplo, me dijo: ‘imagínate que yo me entero por las redes sociales que un profesor se ve involucrado en maltrato animal’. Ella no estaba entendiendo nada”, cuenta la académica.

En ese momento, Benavente le habría explicitado que sus comentarios eran transfobicos y que existían leyes que la amparaban tras esa situación de discriminación. “Una autoridad que está formando a los futuros educadores y educadoras del país no puede tener esa visión, porque en las salas de clases se van a ver enfrentados a los niños y adolescentes trans. Ellos deben tener herramientas para trabajar con esa diversidad y entregarles las mismas condiciones y oportunidades para el aprendizaje”, argumenta.

“Ha sido una de las veces que me he sentido más discriminada en mi vida. Incluso más que cuando me escupieron y lanzaron piedras por ser travesti en los años 90. Aquí me están discriminando por mi género y me están denostando profesionalmente”, reclama la docente.

Foto: Felipe Carmona

Lo que hizo Santa Cruz

Ante aquella situación hostil, Benavente le oficializó a la decana que quería renunciar al cargo de coordinadora, pero que le gustaría seguir realizando sus cursos. Hasta ese momento, la docente impartía cinco ramos. “Necesitaba el trabajo para seguir subsistiendo”, explica la mujer.

Según la académica, Santa Cruz habría accedido a su petición, manteniéndole los ramos que dictaba. No sin antes ponerle una condición: poner sus redes sociales en privado. De no cumplir esa “extorsión”, como ella lo define, le quitarían los cursos de pregrado que tenía asignados y sólo la dejarían con un programa de formación pedagógica, orientado a adultos licenciados de distintas carreras que quieren ejercer la docencia.

Dado que necesitaba estabilidad económica, la profesora evaluó la situación y decidió aceptar las supuestas condiciones de la decana. Así fue como ocultó su cuenta de Facebook y siguió trabajando sin problemas durante varios meses.

Un tiempo después, Santa Cruz se habría enterado de nuevos detalles de la vida de la académica como mujer trans. Por esto sería que en diciembre de 2018, la decana habría cumplido su amenaza, quitándole todos los cursos de pregrado.

La docente critica que dicha decisión haya sido comunicada de forma tan tardía, pues no le permitió buscar trabajo en otro lugar. “No pude ni siquiera buscar otra pega, porque en el mundo académico no puedes buscar trabajo de un mes a otro. Tienes que buscar con un semestre de anticipación“, indica.

“Yo tengo un excelente desempeño, porque en las universidades privadas a ti te evalúan semestre a semestre los alumnos. Además, siempre me relaciono con mucho afecto con mis alumnos y alumnas. Mi estilo de docencia tiene que ver con la sinceridad y el amor, que para generar aprendizaje son una clave fundamental. La mayoría de mis alumnos te pueden decir que aprenden conmigo y eso es lo fundamental”, reclama.

Anastasia en la facultad

Con cuatro cursos menos en su carga horaria, Benavente comenzó este 2019 de forma distinta. Por primera vez en su carrera académica, la docente llegó maquillada y vestida con prendas femeninas a dictar su clase.

La profesora explica que ya estaba cansada de ocultarse y considerando todo su contexto, decidió mostrarse tal cual es. “Ya no me da el cuero, no me da la energía para seguir disfrazándome de hombre, porque yo tengo armada toda mi vida social y afectiva como una mujer trans. Decidí enfrentar la situación y que se sepa toda la verdad, y la verdad incluye estos episodios de discriminación”, sincera.

“Yo no pedí permiso para llegar vestida de mujer, porque no tengo que pedirle permiso a nadie para vestirme como yo quiera. Yo no me visto de Anastasia, yo soy Anastasia. Obviamente, una tiene distintos looks. Para hacer una performance en la noche hago una súper producción de mi look, en el trabajo de la universidad tengo un maquillaje tranquilo y una ropa no tan llamativa”, comenta.

Según cuenta Benavente, en su primera clase del año la recibió la coordinadora del programa, quien incluso habría intentado presentarla como “profesor”. “Le dije que me tenía que presentar por mi nombre social y que si no lo hacía estaba ejerciendo violencia hacia mí (…) Ella estaba muy impactada, porque hay mucha ignorancia en la clase alta sobre la gente trans. Se descolocan. No saben cómo reaccionar. No te puedo decir que me trató mal, pero obviamente tuve que aclararle ciertas cosas”, revela.

En la misma línea, la académica cuenta que la coordinadora se quedó a observar durante toda la clase. Esta práctica no sería común dentro de la universidad o, al menos, no en casos como el de Benavente, que tiene años de experiencia en la Facultad de Educación.

Sobre la reacción de las personas en su lugar de trabajo, la docente cuenta que algunos compañeros la miraron raro. Incluso, otra profesora se le habría acercado a preguntarle con incomodidad por qué estaba vestida así. Completamente contraria fue la reacción de sus alumnos, quienes se habrían mostrado orgullosos y respetuosos.

“Me siento en una situación súper precaria y de incertidumbre, porque quizás me van a echar definitivamente y no me van a dar ningún otro curso. Y yo no quiero dejar de ser docente, porque a mí la pedagogía me corre por las venas. La sala de clases es mi hábitat natural. Me siento completamente viva. Siento que genero aprendizaje, que incito el pensamiento. No quiero perderme como educadora. Tengo la formación suficiente para seguir haciéndolo“, sincera Benavente.

Foto: Felipe Carmona

Artista y activista

En medio de todos estos hechos, la académica cuenta que presentó una denuncia ante los órganos internos de la universidad por los presuntos actos de discriminación por parte de la decana. Sin embargo, no espera ni una compensación económica, ni que le devuelvan los cursos. “Yo busco que ella haga un mea culpa y que pida disculpas por lo que hizo. No puedo seguir permitiendo que se ejerza violencia sobre mi cuerpo y hacia las otras que vendrán. Estoy convencida que existen muchas compañeras que están en el clóset todavía por miedo a perder su trabajo o su estatus académico”, señala.

Este discurso político de Benavente se ve respaldado con su trabajo en distintas organizaciones que defienden los derechos de las personas LGBTI, como la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (RedLacTrans), o en la Corporación Trans Amanda Jofré.

Desde estos espacios, la profesional se ha comprometido a luchar por el bienestar de la población trans, especialmente en niños y adolescentes.  “No puedo permitir que ellos pasen por las cosas que pasamos las adultas trans, que en muchos casos no fuimos queridas por las familias. Fuimos echadas a la calle, violadas siendo niñas por aquellos clientes heterosexuales que se pasean en auto y que son pedófilos”, asegura.

En el ámbito artístico, Benavente es parte de distintos proyectos donde aprovecha de exhibir sus reflexiones. Es parte de la banda “Trans Folk”, conjunto con el que lanzará próximamente un disco que mezcla sonidos folclóricos y electrónicos. También integra el elenco de la obra “Travesía Travesti”, un montaje que habla de la violencia a la población transgénero mediante la danza, la música y el teatro.

“Tengo un mensaje y lo transmito en diferentes canales. Uno es la academia, pero también lo transmito en el escenario, porque hay mucha gente que a través de una canción o de una obra, llega a reflexionar mucho más. O quizás no tiene la posibilidad de entrar a una universidad. Lo mismo que digo en el aula universitaria, lo digo en mis performances”, explica.

El Desconcierto se comunicó con la Facultad de Educación de Universidad del Desarrollo, pero prefirieron no referirse al caso, pues Benavente aún forma parte del equipo docente de dicha unidad académica.