Cuándo te preguntes, y no sepas contestar con un ejemplo concreto, por qué este país es tan injusto, por qué dicen que los políticos nos joden cuando quieren, por qué está tan mal pelado el chancho, tan mal repartida la torta, la respuesta la encontrarás en lo que está pasando hoy, en el anuncio de la Democracia Cristiana de apoyar la reforma tributaria del Presidente Piñera, una ley hecha para los más ricos entre los ricos, una ley que les va a permitir dejar de pagar en torno a 800 millones de dólares al Fisco, mientras los de abajo, tú, los del medio, los más pobres, los que perciben 39 veces menos ingresos que los de la cúspide, seguirán pagando lo mismo. Cuando te preguntes qué es la reintegración tributaria, con la que el gobierno dice que vamos a crecer más sin ninguna prueba, respóndete que no es más que la posibilidad de un empresario de poder usar su empresa como fachada, para hacer como que a través de ella paga lo que tiene que pagar, pero dejándose utilidades para el goce del que no tendremos idea. Eso es integración, empresa y millonario unido; no millonario individualizado, separado, perseguido por impuestos internos como somos perseguidos todos los simples comunes y mortales que no tenemos un millón de dólares. Y ese, el gran favor de la derecha al empresariado que eligió a Piñera, es el corazón de una reforma que hoy cuenta con los votos de la opositora Democracia Cristiana. Es así de simple.

“Creemos que es un avance para el país”, dijo el presidente de la DC Fuad Chahín, amparado en detalles como “la rebaja a la contribución de los adultos mayores, el poder aumentar la tributación simplificada para las pymes, o más recursos para las comunas y las regiones”, sin detenerse, como si fuera un niño inocente y no un político experimentado, en el verdadero objetivo del gobierno, que es lograr la reintegración como el trofeo final que le irán a regalar a los tronos de los empresarios, seres divinos que no pueden tolerar la mayor recaudación que les sacó la reforma de Bachelet para educación. No señor Chahín, la reintegración, el favor a los más ricos para que paguen menos, no es un detalle, no va por separado: es el alma del proyecto que ustedes están respaldando para que avance. Lo dice el mismo Premio Nacional y Académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Ricardo Ffrench-Davis: el proyecto “no da crecimiento, el crecimiento lo da un incentivo verdadero a la inversión productiva y el proyecto es fake news”.

Y hoy estamos siendo presas de un gobierno que nos lava el cerebro con fake news que no tienen más objetivo que, en uno de los países más desigualdes del mundo, uno que mata a miles al año por un sistema de salud que no da abasto debido a la desigualdad entre los que tienen plata y los que no tienen, hacer más ricos a los más ricos, con el riesgo latente de no poder cubrir la plata que hoy se recauda para necesidades sociales, para la educación gratuita que nos quitan, para la salud pública que quizás mate más gente por insuficiente; Lo que la reforma tributaria apoyada por la DC está haciendo es que, al hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres que esos más ricos, sean más los bingos que se tengan que hacer para pagar una operación que evite una muerte rápida, mientrás el rico tendrá más dinero para atenderse en la clínica que quiera, sin siquiera saber cómo se juega un bingo en una población que no tendrá ningún beneficio concreto, claramente visible, por el mayor poder económico que acumularán sus patrones en las cumbres de la ciudad. Es así de simple: más desigualdad, ninguna garantía de mayor crecimiento, y más incertidumbre sobre si se cubrirá o no la plata para derechos sociales que ni siquiera hoy se garantizan como debieran. Más bingos para que el pobre sobreviva, más plata libre para que el rico vaya a jugar al casino.

Eso es la reintegración. A eso le está dando la pasada la DC: volver a considerar a la empresa -supuesta dadivosa, motor de la economía, la creadora de empleos, crecimiento y bienestar- y al empresario como uno solo, no separados, cuando no lo son. Porque el empresario es el que junto con todo el resto de los empresarios dejarán de pagar para nuestra salud y educación, para nuestros medicamentos y nuestros abuelos, 800 millones de dólares que se gastarán quizás en qué lujo en el extranjero, o acumularán quizás en qué caja fuerte de tesoros ocultos para sus próximas generaciones de ricos. Y así nos seguimos hundiendo en este fundo llamado Chile que hoy es más fundo de patrones que nos tratan como esclavos, como peones, como lacayos, así seguimos siendo este país que, según Ffrench Davis, tiene una pobre carga tributaria de un “21%, versus los países de la OCDE que tienen cargas del 40%, otros con 50 y otros con 38%, incluidos países que tienen bajos impuestos a las empresas pero muy altos impuestos a los ingresos personales”. Nosotros nos estamos haciendo los ciegos con los empresarios, con los amigos de Piñera, Valente y Larraín, con ellos mismos que hoy festejan como un triunfo nacional un triunfo que es de una sola clase, la clase que explota de manera casi criminal a un país subyugado al poder del dinero.

Cómo dijeron a Emol los académicos de ingeniería comercial de la U. San Sebastián, Hernán Herrera y Valentina Ciriotto, en términos simples, “la reintegración del sistema tributario plantea que todos los contribuyentes, independiente de la fuente del tipo de renta que posean, paguen la misma proporción de impuestos. Así, si una persona es dueña o accionista de una empresa y decide retirar utilidades o recibe un sueldo por parte de la misma, pague la misma proporción que la que debería pagar una persona que estuviese sólo recibiendo ingresos por su trabajo.

“Dicho de otra forma, como la empresa ya ha pagado el impuesto de primera categoría por sus utilidades y el contribuyente que tiene participación en esta empresa está percibiendo ingresos que ya han sido gravados, el sistema plantea que este impuesto sea considerado a la hora de gravar las rentas del contribuyente, actuando como un ‘descuento” a los impuestos que deba pagar como segunda categoría”, sostienen. En el mismo medio, el director del Magíster en Tributación de la U. Mayor, Francisco Sepúlveda, ejemplifica que “en términos simples, si la empresa genera una utilidad de $100, pagará por ejemplo $27 de impuesto de primera categoría. Cuando el socio retire la utilidad de la empresa, le corresponderá pagar su impuesto personal. Si el socio queda en la tasa más alta, que es del 35%, le corresponderá pagar $35. La integración implica que los $27 pagados por la empresa operan como un ‘anticipo’ del impuesto que corresponde pagar al socio. Así, el socio, en vez de pagar $35, saca de su bolsillo solamente $8”.

O sea, los ricos tienen descuentos. Los que acumulan capital tienen trato privilegiado, y usted, simple trabajador de la nación, que apenas duerme y ve a sus cabros chicos, no. No me digan que esto es un avance. Por otro lado, como conviene que las empresas de un millonario estén distribuidas en muchas personas diferentes que puedan descontar impuestos, se genera el perverso sistema de los family officce, que como nuestro Presidente Piñera, meten hasta a los nietos como dueños de algo. Otro privilegio familiar que usted, simple trabajador que gana 500 lucas, no tendrá.

Otro de los vicios que benefician al gran empresariado de este sistema integrado es que, como dice el economista Nicolás Bohme, se les da un trato preferente a los dueños del capital, “porque las rentas de las empresas pagan impuestos no sobre todas sus utilidades, sino solo sobre las que retiran de la empresa. Si tienes una utilidad de 100 y retiraste 30, tú como persona pagas impuesto sobre los 30, porque se supone que el resto lo reinvertiste. Eso no pasa con la renta al trabajo. Eso genera muchos mecanismos de elusión tributaria, para retirar utilidades en la práctica”.

No señor Chahín, no señores del gobierno, aquí no hay nada que celebrar: lo que está avanzando es más retroceso para Chile, es una ley hecha para el uno por ciento de los beneficiados del trabajo de los cuerpos cansados y moribundos de otros. Lo que está avanzando es la política de la desigualdad, de los más de mil bingos al año en cuatro comunas de la Región Metrpolitana para salvar a niños con cáncer. Está avanzando la desigualdad y la mentira, que nos usa como tontos cómplices para hacer creer que con el cuidado a los ricos, como dijo Pinochet, vamos a crecer. Y así no vamos a crecer, ni económicamente ni humanamente, ni culturalmente. Así seguiremos en el 1,4% de febrero, en el crecimiento proyectado para 2020 por debajo del promedio mundial. Favoreciendo a los ricos y no creando industria verdadera para mejorar sueldos y calidad de vida, no vamos a crecer.