Antes de ingresar a la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, los comentarios en el Congreso eran que en La Moneda ya tenían asegurados los votos. A esas alturas para nadie era sorpresa que la idea de legislar estaba aprobada, lo que terminó por concretarse cuando los diputados de la Democracia Cristiana (DC), Pablo Lorenzini y José Miguel Ortiz, cumplieron con sus votos a favor de la propuesta que lidera el titular de la cartera, Felipe Larraín.

Fueron ocho los parlamentarios que votaron a favor y cinco en contra de la iniciativa. Y a pesar de que Lorenzini dijo que en comienzo iba por la abstención, finalmente dio su rechazo, mientras que Ortiz, molesto, dijo que “no había negociado ningún cargo con la oposición a cambio de su voto a favor”.

A la DC esto le valió el agradecimiento de Larraín, quien valoró su posición favorable al diálogo, algo que reforzó lo dicho ayer por el presidente Sebastián Piñera, a través de su cuenta de twitter. “Gran noticia para impulsar el crecimiento, la inversión, empleos y emprendimientos”, sostuvo el Mandatario.

Esos votos no le permitieron a la oposición rechazar la idea de legislar la iniciativa que han calificado de contrareforma por la rebaja de impuestos que se aplicaría a las grandes empresas, mientras que la compensación pasaría por aumentar los impuestos a través de la emisión de boletas, IVA y servicios digitales.

El diputado Revolución Democracia (RD), Giorgio Jackson, lanzó una frase para evidenciar la vuelta de chaqueta de la DC: “La derecha no quiere defender a las pymes, sino que está preocupada de mantener los privilegios de los más ricos, esa no es una frase mía, fue de Fuad Chahín, quien ahora está de acuerdo con el gobierno”, recordó el parlamentario del Frente Amplio (FA).

Con eso, también se apuntó al desconocimiento del acuerdo que mantenía el FA con la Nueva Mayoría para llevar una carta de consenso a la presidencia de la Cámara, en marzo pasado, donde resultó electo el DC Iván Flores, luego de que se bajara Gabriel Silber al conocerse una denuncia de violencia intrafamiliar en su contra. Sin embargo, la DC adoptó la misma postura que se le había cuestionado en votaciones anteriores, como en el proyecto de Aula Segura donde votó en bloque a favor del gobierno.

Otro de los puntos que se puso sobre la mesa fue la posibilidad de que el ministro Larraín vetara el proyecto una vez aprobado en el Congreso. Esta es una atribución que tiene el Ejecutivo para rechazar total o parcialmente una iniciativa despachada por el Congreso que luego pasa al Tribunal Constitucional. “De aprobarse este proyecto sin la reintegración, ¿vetaría los puntos que no le parecen, o no?”, lo interpeló Jackson, aunque el ministro no se refirió al tema.

Reintegración es regresiva

El diputado independiente, Pepe Auth, sostuvo que desde un comienzo el compromiso era que la oposición votara en bloque, algo que se desconoció, pero dijo esperar que esa unidad se diera en la discusión particular del proyecto.

“La reintegración es el elemento más regresivo de esta iniciativa y aquí hay que poner a prueba al gobierno, esperando que no tenga mayoría en este punto en la discusión específica. El corazón de la reforma que tenemos es la baja impositiva a los sectores de más altos ingresos”, enfatizó.

Mientras que, desde el oficialismo, el diputado de la UDI, Patricio Melero, aseguró que esta reforma “daba una señal descentralizadora” y que tenía “profundo impacto social, un apoyo a la clase media, tantas veces nombrada y pocas veces ayudada”.

Con esto, el proyecto, que se mantuvo ocho meses en la discusión previa a la idea de legislar, ya tiene luz verde para ser debatido en particular desde la línea propuesta por el gobierno, con lo que pretende recaudar cerca de 470 millones de dólares con medidas compensatorias progresivas.

Desde el mundo gremial, las Asociaciones de Impuestos Internos estuvieron presentes en la comisión y, a la salida del Congreso, se manifestaron en contra de proyecto levantando la campaña “Que no te pasen Gato x Liebre”.

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