Para quienes nacimos o crecimos en dictadura, a veces resulta difícil hablar con las nuevas generaciones sobre nuestras infancias. Esas que sucedían mientras los adultos morían o mataban, como señala el escritor Alejandro Zambra, cuando los niños y niñas jugábamos a desaparecer.

“Carta de Niños”, obra teatral de la Compañía La Negra María Teatro y dirigida por María Paz Sepúlveda, es una herramienta apropiada para ese diálogo intergeneracional, en un país donde las memorias sobre las violaciones a los derechos humanos todavía resultan inoportunas, y en la que -particularmente quienes fueron infantes- han tenido escasa escucha respecto de sus propias experiencias en ese contexto.

La obra, realizada a partir de cartas escritas en dictadura por niños y niñas a sus progenitores mientras se encontraban detenidos, relata la historia de Pablo, y comienza con el Golpe de Estado, momento en que su padre es sacado del hogar y desde el que se comunican a través de estas misivas.

“Carta de Niños” tiene varios aciertos que la hacen un aporte.

Hablar del horror del pasado reciente sin atascarse en el sufrimiento, cuestión lograda a través de retratos cotidianos que evidencian que esta infancia no era ignorante de lo que sucedía, y a la vez muestran cómo -en medio de la tragedia- las vidas continuaban y existían momentos felices.

Usar las cartas respetando lo genuino de la mirada infantil. Así, los juegos que naturalizan la muerte, tan cotidiana entonces, y que transforman la angustia del niño por la ausencia paterna en odiseas llenas de imaginación y amistad, permiten que sea una obra para niños y niñas, aunque refiera a un tema doloroso.

Destaca también por la puesta en escena, aparentemente muy humilde y con una escenografía acotada, la que logra múltiples usos para un mismo artefacto, realizando efectos simples y a la vez potentes y narran visualmente momentos duros, permitiendo que quien observa, y dependiendo de su edad y bagaje, completen la historia.

La obra de la Compañía María Teatro se está estrenando en el Centro Cultural Gabriela Mistral GAM, lo que podría ser una mera coincidencia, aunque en términos simbólicos resulta relevante.

El edificio, construido durante la Unidad Popular de Allende por miles de voluntarios que finalizaron la obra en un tiempo récord de 275 días para la Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, UNCTAD III, se transformó en centro de operaciones de la Junta Militar golpista, cerrándose por décadas al público, y siendo un ícono del poder dictatorial.

El 2006 el edificio se incendió, reabriéndose el 2010 como centro cultural abierto al pueblo, hoy llamado “ciudadanía”, en coherencia con el proyecto original. Hoy, en sus escalinatas y en los individuales de papel sobre los que sirven el café se recuerda esta historia, haciendo un guiño a la necesidad de memoria que “Carta de Niños” nos recuerda.

Esta obra sin duda es un acierto. Y lo será más si recorre escuelas, colegios y liceos para detonar conversaciones que en muchas familias no han existido y que sin duda son necesarias.

Entenderla como una historia del pasado, que también nos habla del presente, ayuda a actualizar el debate que propone, porque refiere a una infancia en emergencia que todavía existe, por ejemplo, en nuestra Araucanía, donde niños y niñas a corta edad ven a sus madres apuntadas por armas, o aprenden a resguardarse de las bombas lacrimógenas que son lanzadas a sus escuelas, sabiéndose sospechosos solo por ser mapuche.

Porque los trabajos de la memoria -si bien se relacionan con lo que seleccionamos respecto del pasado-, apuestan a un futuro construido por las nuevas generaciones a partir de los aprendizajes sobre los horrores de antaño, con miras a una sociedad donde todas las personas gocemos de respeto y dignidad, y la vida sea valorada.

“Carta de Niños” estará presentándose el sábado 20 y domingo 21 a las 16 y 18 horas. Vaya con hijos, sobrinos y demases. Y luego, dese el tiempo de responder preguntas y conversar.