Opinión

La resistencia subterránea a los derechos de la infancia

Por: Gabriel Guzmán / Publicado: 18.04.2019
Ahora todos hablan de los derechos de la infancia, pero cuando entramos en profundidad en lo que realmente significa esto, nos damos cuenta de una resistencia subterránea gigantesca. A los niños se les ve como un objeto de pertenencia, como si fueran una propiedad. A muchos no les gusta la intervención del Estado en temas que, según ellos, serían sólo privados. No se entiende que respetar y cumplir sus derechos no es dejar de protegerlos

Repetidas políticas nacionales hacia la infancia sin implementarse. Repetidos proyectos de ley que separan el Sename o que crean un sistema de protección de derechos sin promulgarse. Un informe de la ONU que nos dice que Chile ha violado por décadas los derechos de las niñas y niños en residencias. Ese es el fracasado balance a casi 30 años desde que el país aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.

Sincerémonos: la infancia no ha sido una prioridad política. No ha sido tema en la interna de los partidos, de los medios, de los gobiernos. Si ha aparecido, como lo es en la actualidad, ha sido solo en base a costa de la crisis del Sename, claramente urgente, pero que también es consecuencia de no asumir, de verdad, lo que significa que los niños/as sean sujetos de derechos.

Ahora todos hablan de los derechos de la infancia, pero cuando entramos en profundidad en lo que realmente significa esto, nos damos cuenta de una resistencia subterránea gigantesca. A los niños se les ve como un objeto de pertenencia, como si fueran una propiedad. A muchos no les gusta la intervención del Estado en temas que, según ellos, serían sólo privados. No se entiende que respetar y cumplir sus derechos no es dejar de protegerlos.

Ejemplos de lo anterior podemos ver varios. Por ejemplo, ideas como bajar la mayoría de edad para el control de identidad – que ya se ejecuta discriminatoriamente – o incluso ¡toques de queda nocturnos a menores de 18 años! Vemos una persecución policial brutal contra los niños en situación de calle. Vemos, en resumen, una preferencia por los resultados (todos cuestionables) en vez de un cuestionamiento de lo que es realmente correcto. Vemos una visión utilitarista y no de justicia, contra los derechos humanos.

Asimismo, existe una resistencia tremenda a que los niños tengan la oportunidad de decidir sobre su identidad o libertad de conciencia. Hoy el proyecto que crea el sistema de protección integral de derechos, actualmente en el Senado, no reconoce el derecho a la identidad de género. Hoy este mismo proyecto no exige mecanismos claros a los órganos del Estado de participación de los niños y niñas en distintos niveles del sistema.

Tres décadas de decepción que algo nos quieren decir: la infancia está en disputa entre aquellos que la ven como un objeto de transmisión y entre los que creemos que los niños son sujetos con derechos y con voz propia.

Nos falta tocar la fibra ideológica y sociocultural que permita realmente dar a entender qué significa que los niños sean ciudadanos, que están a nuestra par, en un lugar común, desde que nacen. Debemos luchar por hacer desaparecer los contextos asimétricos y violentos que los niños/as viven día a día, como un sujeto social oprimido.

Hay que pelear culturalmente el cambio, con una nueva estrategia de incidencia, con los niños/as al frente. Al parecer, solo de esta forma podremos lograr los cambios que tanto se requieren a ya casi 30 años de existir la Convención. Es el momento de hacerlo.

Gabriel Guzmán
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