En marzo de este año, el profesor David Rodríguez hizo un cambio en su vida que promete modificar también la de muchos estudiantes. Ese mes, Rodríguez comenzó a dar clases de filosofía a los niños de pre-kinder a quinto básico del Colegio Latinoamericano de Integración de Providencia. Hasta 2018, como en otras experiencias, impartía la asignatura sólo desde sexto básico.

Este cambio el currículo del colegio -implementado bajo la dirección de la docente y vocera de la Red de Profesores de Filosofía, Rosario Olivares- apunta directamente a que los niños aprendan a “filosofar”, o pensar, pues es este el periodo propicio al estar menos condicionados por los prejuicios y acciones naturalizadas de los adultos.

De esta forma, la directora cuenta que “la didáctica y la forma en que se enseña filosofía a los chicos y chicas tiene que ver con una etapa donde ellos hacen muchas preguntas, algunas muy difíciles de responder. Precisamente, la pregunta es un método filosófico desde la antigua Grecia y ocupamos esas herramientas que están en los niños para las clases, esa sensación de sorpresa ante el mundo, de preguntarse y asombrarse por las cosas”.

Para Olivares, lo primordial es que a los niños se les considere como seres pensantes y reflexivos, aspecto que por lo general se omite en la infancia. “Hoy no se les enseña desde pequeños a tener un pensamiento más amplio y más crítico de las cosas y situaciones que los rodean“, critica la docente.

La fórmula del Latino

Rodríguez coincide con Olivares. Por lo mismo, explica que las clases se configuran como “espacios de conversación con los niños”. Así, mediante sus ideas y reflexiones, los alumnos definen conceptos y responden preguntas asociadas a lecturas que revisan en conjunto.

Además de comentar las novelas de Matthew Lipman -filósofo e investigador de esta disciplina en niños-, los estudiantes también debaten sobre mensajes presentes en películas como Atlantis o Kung Fu Panda.

“Ellos tienen sus propias ideas y sí pueden conversar de muchas cosas. Lo que pasa es que el mundo adulto es muy castigador y no da espacios de conversación a los niños, los tiempos son tan rápidos y también el lenguaje de los niños es distinto. Hay niños que se demoran mucho en expresar una idea y ponen a prueba la paciencia de quién los escucha. Pero la esencia de lo filosófico es esa conversación”, comenta el profesor.

De estos espacios de discusión surgen temáticas muy variadas, tales como qué es el amor, qué es lo real, qué es la muerte, entre otras interrogantes. “Pasa mucho que los papás dicen: ‘seguro eso lo conversaste en tu clase de filosofía’, porque los niños llegan con muchos cuestionamientos. Dicen: ‘tal cosa no debería ser así’, ‘podríamos verlo desde este otro lugar’, y los padres se sorprenden de lo que puede salir de las clases“, cuenta Olivares.

Como ejemplo, el profesor Rodríguez cuenta que una actividad con los niños de segundo básico fue realizar un college con imágenes que explicaran lo que ellos creían que era la filosofía. “Uno de los niños decía que la filosofía era la búsqueda de la verdad, y puso una foto de un tipo escribiendo y además decía que la verdad se busca en los libros y puso una imagen de unos libros. También puso una foto de una mujer que estaba acostada sobre muchos libros y él dijo: ‘ella buscó tanto la verdad que se cansó’”, recuerda.

Directora Rosario Olivares

Mentes más amplias

Para hablar de los beneficios de la filosofía a temprana edad, Rodríguez comenta que el hecho de trasladar ciertas discusiones desde sexto básico a pre-kinder produce que los niños crezcan con mayor facilidad para desarrollar y expresar ideas, tanto en el contexto académico como personal.

Según el profesor, exponer a los niños a esta clase de debates los empuja a manejar una mayor cantidad de palabras y enriquecer así su vocabulario. Sobre esto mismo, investigaciones han arrojado que los pequeños expuestos a la filosofía desde sus primeros años emplean en promedio 400 palabras más que aquellos que no tienen la asignatura.

“Como no sólo se trata de hablar, sino que de las condiciones propicias para una conversación, otro elemento que se releva son los valores democráticos que se ponen en juego. Por ejemplo, ¿qué hacemos con una opinión que distinta a la mía? ¿Me pongo a pelear? No, vamos a argumentar. Aprender a conversar a temprana edad es fundamental no no sólo para expresarse mejor, sino también para vivir mejor con los otros”, explica Rodríguez.

En esa línea, la directora del Latinoamericano sostiene que la filosofía tiene un rol fundamental para preguntarnos “qué sociedad queremos crear, qué clase de adultos y adultas queremos para Chile, en un mundo lleno de desigualdad, de odio, de daño medioambiental y de corrupción, ¿queremos ciudadanos que sigan reproduciendo las precariedades y violencias que tiene la vida o queremos seres humanos que sean flexibles, críticos y que propongan a este país nuevas formas de mirarlo?”.

Derecho a la filosofía

A fines de 2017, la filtración de un posible currículum académico que no incluía la enseñanza de la filosofía generó una importante controversia que alertó a las comunidades educativas. De esta forma, estudiantes y profesores de la materia levantaron el reclamo en relación al “derecho a la filosofía”.

Olivares, quien fue vocera de ese movimiento, es enfática en que el Latino es un espacio de privilegio, puesto que es un colegio particular pagado. Según la directora, hoy los esfuerzos deben estar puestos en “que la filosofía debe llegar a todo el mundo, y esa decisión es ministerial”.

En esa línea, la docente cuenta que hace varios años como gremio han potenciado la demanda de que dicha asignatura se amplíe a los cursos más pequeños, principalmente en el caso de los establecimientos públicos, que son aquellos que más botada tienen esa área. “Se les priva de ese derecho, de que en la sala de clase puedan tener un espacio para pensar“, señala.

“Vale la pena decir que el currículum en Chile no se discute democráticamente y menos de manera abierta a la sociedad. Nosotros, como profesores de filosofía, si no nos hubiésemos movilizado y exigido que la filosofía reingresara, nunca hubiésemos podido sentarnos en el ministerio a discutir. La educación en Chile y su aplicación curricular que no le habla al país, sino que se decide entre supuestos expertos”, enfatiza Olivares.