“Te van a preguntar quién descubrió América. Di que fue Cristóbal Colón, pero sabemos que no fue él, ya que antes llegaron los vikingos y los fenicios”, le dijo la madre a Pilar Quinteros (1988) horas antes de una prueba de Historia. Al principio se enredó entre los contenidos que le habían enseñado en el colegio y esta nueva versión que acababa de escuchar, pero con el paso de los años Pilar se fue alejando de la historia oficial para fijar su atención en los relatos que estaban fuera de toda academia científica, fueran reales o no.

En esa búsqueda de “otras historias” ha desarrollado un interesante cuerpo de obra: viajó al Mato Grosso para hacer un portal hacia otra dimensión en la Bienal de Sao Paulo; creó un platillo volador y lo llevó a la cima de un cerro en la comuna de María Pinto; construyó el edificio del parlamento de Eslovenia (diseñado en 1947 y que nunca fue realizado) y lo arrastró en una balsa por un canal de Liubliana; se instaló a vivir en una carpa en Sagrada Mercancía (Chile), donde rompió el suelo de la galería realizando una búsqueda arqueológica, a lo Indiana Jones, para luego exponer los tesoros desenterrados; y hace un par de semanas hizo aparecer la Piedra Ambrosetti, monumento megalítico de más de 3 metros de alto, en una casona del barrio Yungay (que pertenece a los coleccionistas Gabriel Carvajal y Ramón Sauma, Colección Ca.Sa).

Dicha piedra plagada de inscripciones y dibujos fue bautizada en honor al arqueólogo e investigador Juan B. Ambrosetti, quien la encontró en unas ruinas indígenas en Tafí del Valle (noroeste de Argentina) en 1896. Pero en 1915 fue trasladada en carreta (junto con otras piedras) al Parque 9 de Julio de San Miguel de Tucumán como atracción turística, para finalmente volver en 1977 a las cercanías del lugar en que fue descubierta originalmente, en un nuevo parque llamado Reserva Arqueológica Los Menhires.

© Pilar Quinteros

“La obra soy yo construyendo en este lugar abandonado, casi como un acto espiritista para hacer aparecer esta roca sin tener que robar la original. Quiero jugar con su desplazamiento, porque imagino que todas esas piedras, organizadas como estaban originalmente, son un código. De hecho hay investigaciones que dicen que sí lo son y que al moverlas se perdió esa información”, cuenta la artista, sentada sobre la esponja que luego transformó en la Piedra Ambrosetti, en medio de un patio lleno de escombros y matorrales.

El proyecto va más allá. Quinteros viajó hace unos días a Argentina para filmar escenas en 16 milímetros (junto al artista Alan Segal, coautor de la obra audiovisual), que editará en un teaser para financiar una película y “documentar al mismo tiempo que ficcionar una situación. Y la situación es que algo cambió cuando se movieron las piedras. Entonces en la película llegamos a una zona extraña, muy sombría, y tratamos de resolver este misterio desde la confusión máxima, porque puede que hablemos con cuatro historiadores y todos nos den versiones distintas. Siempre parto de la idea que uno no sabe nada y que hay tantas posibilidades como personas en el mundo. Por eso vivo constantemente en una confusión, de hecho ya nos pasó que llegamos a ver la piedra y era mucho más chica que la información que teníamos originalmente”, agrega Pilar.

Así, resulta difícil encasillar su trabajo en alguna especialidad como las generaciones anteriores de artistas que eran pintores, escultores o fotógrafos. Lo suyo es el libre tránsito entre el dibujo, la escultura, la performance, las intervenciones en el espacio público y el video arte.

-En tus obras es recurrente la búsqueda de otras posibilidades, como una reivindicación del lado B de la historia.

Las versiones más fáciles de aceptar, como la historia oficial, no son suficientes, y no tendrían por qué serlo, porque no hay una sola realidad. Y eso es complejo porque la gente, en general, no puede dedicar tiempo a todas las realidades. Yo me lo doy, y creo que mi investigación tiene que ver con hacer ese esfuerzo. Por ejemplo, se descubrió que la Tierra es redonda, pero ahora aparecieron estos tipos que plantean que es plana y yo les pongo atención. “Ay, pero si son unos imbéciles”, dicen algunos, pero no creo eso, sino que siento que ellos desestabilizan la calma y el orden en que uno trata de vivir, y eso a algunos les da miedo.

© Pato Gajardo

-¿Qué tan difícil es dedicarle tiempo a estas obras? Considerando que no son fáciles de vender en el circuito de galerías porque, en general, son prácticas performáticas de las que solo queda un registro en video, dibujos y esculturas de materiales ligeros.

¿Qué tan difícil es en la vida real dices tú?, jaja. Resulta que puedo dedicarle todo el tiempo porque no hago nada más y ha funcionado porque soy súper constante. Me invitan a proyectos con obras comisionadas, entonces tengo un tiempo para vivir de eso y, curiosamente también, aparece gente que compra. Pienso que he creado una especie de realidad alternativa y he logrado vivir en ella, siendo artista y mi propia galerista. Por lo tanto me cuesta un poco separar lo que es trabajo con formas de vivir. Este trabajo tiene que ver con cómo decido vivir, porque si dejo de hacerlo es que de alguna forma dejé de pensar, y en mi caso necesito pensar con todo el cuerpo. Estoy pensando en esta roca, entonces voy y la construyo.

-El concepto de arte-vida.

Absolutamente sí, estoy todos los días metida en esto, trabajando. Pero igual es raro usar la palabra trabajo, la ocupo porque la gente usa esa palabra.

– ¿Y cómo lo llamarías?

No le pongo nombre, pero cuando hablo con otros digo trabajo para que se entienda, porque al decir: voy a  pasar mi día acá; piensan que estoy perdiendo el tiempo y eso no le gusta mucho a la gente.

-Y al vivir así, ¿cómo se da la relación directa con los coleccionistas y la gente que te comisiona proyectos? Porque han alabado tu trabajo personas como Hans Ulrich Obrist (director artístico de Serpentine Galleries, Londres) y Pablo León de la Barra (curador del Guggenheim de Nueva York).

Bien, como sé que tengo que decir que Cristóbal Colón fue el primero que descubrió América y que esto se llama trabajo, creo que si tenemos que hablar de plata no lo hago tan mal, jaja. Además, esta es la única forma en la que puedo trabajar porque soy mala presentando proyectos y no me los gano nunca, así que cuando me contactan hay una relación de confianza, que es mutua, porque es alguien con quien me interesa trabajar. Pero es bien gracioso porque todos tienen un minuto en que se preocupan.

© Pilar Quinteros y Alan Segal

– ¿Que el proyecto pueda salir muy bien o… ?

Demasiado mal. Es que siempre parto convencida que todo va a salir bien, y si hay un punto en que no resultan las cosas, se puede transformar. Parto de una idea pero también dejo que, controladamente, aparezca información adicional y permito que el contexto aparezca. Por eso hay gente a la que le da nervios, ya que hay muchos artistas que parten con una idea muy determinada de cómo hacer un trabajo y luchan porque sea lo que se les ocurrió. En mi caso no, son procesos de descubrimiento, de entender y reflexionar, porque cuando uno está tratando de resolver algo en su mente, está abierto a que pasen cosas, a tener como un momento de iluminación, de epifanía, o como lo quieras llamar.

Al decidir filmar en cintas de 16 milímetros en Argentina, pensando en que estéticamente tiene más cercanía con la historia que se pretende contar, la artista se enfrenta ahora al problema del revelado de las películas, que están al otro lado de Los Andes. Así que durante estos días se encuentra buscando la forma de hacerlo, ya que los rollos no los puede traer porque en cualquier control fronterizo se puede dañar el material. “Pero ya se nos va a ocurrir algo”, finaliza.

 

Actualmente hay dos proyectos de Pilar Quinteros en exposición:

Hechos y supersticiones I – Huir del Chonchón en Galería Espora (Apoquindo 5792, Metro Manquehue, entrada liberada) hasta el 8 de junio.

Feel Flows, en Centex (Plaza Sotomayor 233, Valparaíso, entrada liberada) hasta el 28 de julio.