Este país está podrido. No bastaba con llevar al hijo, a Cristóbal, a reunirse con empresarios chinos para sacar ventaja a los que no pueden viajar; también tuvieron que llevar al amigo, al socio, a José Tomás Daire, al amiguito desde chico, al que ganó vía contratos con el Estado $250 millones de pesos en un año con la empresa que fundó con Cristóbal ¿No es para tirarse de las mechas? Llevar, como Presidente, al amigo del hijo, como si se tratara de un paseo a la playa, una salida al parque, en el avión presidencial que paga la gente que se muere de hambre, la gente cesante que junta los pesos para comprar un kilo de pan. Esa gente, que vemos en la calle, en la villa, en la casa, es la que le pagó el viaje a José Tomás y Cristóbal, como si les faltara la plata, para que sigan haciendo contactos, para que sigan haciéndose amigos de todos los poderosos hombres y mujeres de Estado que luego, al decidir en Chile a qué empresa le darán un contrato, no dudarán en beneficiar a la fundada por estos amiguitos tan simpáticos que, gracias al avión pagado por todos, llegan a reunirse con las más grandes firmas tecnológicas -que tú jamás conocerás- y a compartir eventos con la máxima autoridad de la nación.

Es que el abuso no tiene nombre. Es que han sobrepasado todo límite. No les basta con todo lo que se han echado al bolsillo. No les basta con las redes de las que ya se benefician en este país gobernado por sus familias -porque Daire está casado con una sobrina de la actual ministra de educación, Marcela Cubillos, la que recorre el país hablando de que hay que sacarse la cresta para surgir gracias al mérito-. Ahora también usan los recursos públicos que todos generamos para, colgados al cuello del poder, obtener nuevas redes en una potencia mundial para nuevos negocios y emprendimientos, perjudicando a los comunes y silvestres que juntan plata desde hace años para asistir a China y ver si pueden amarrar alguna buena oportunidad de negocios. No, ellos no juntan la plata: José Tomás va porque lo invita el papá del amigo, que es Presidente, y que es el jefe de su tía, que a la vez es ministra. ¿Y tú? tú devuélvete a tu puesto en el persa, sigue gritando tus productos para que alguien se detenga a preguntar el precio; porque a ti jamás te elegirán, con la facilidad que eligieron a José Tomás, entre los cuarenta chilenos escogidos por la agencia Pro Chile, dependiente del ministerio de Relaciones Exteriores, para ser parte de la gira que buscó potenciar la innovación. Tú, quédate a esperar el chorreo de una economía que no crece lo que prometieron; postula a un Fosis, a una beca, llena formularios y pide reuniones en ministerios y municipios. Y espera a ver si se les desocupa un cupo, porque los de los amigos de los hijos y sobrinos no se tocan.

La foto de un José Tomás Daire -egresado de la Opus Dei Universidad de Los Andes, sobrino de la ministra Cubillos, amigo de Cristóbal Piñera, socio en Hopin de Juan Turner, que a la vez es socio en Kauai Labs del mismo Cristóbal- sonriendo en la China para turistas, en un viaje pagado por los impuestos de nuestros bolsillos, es la imagen del Chile desnudo de esta era corrompida, sin ética y neoliberal, sin adorno ni decoro. El Chile grotesco, ofensivo y mortal hacia el de abajo, el del medio: el que te pega un batazo cada vez que te levantas en la mañana a estudiar y trabajar bajo la promesa de la meritocracia; el Chile que te aclara que hagas lo que hagas, te esfuerces lo que te esfuerces, aprendas lo que aprendas, siempre habrá otros que ocuparán un privilegio, que usarán tu propia plata, para ocupar el lugar que estaba reservado para los mejores. Esos, los que lo ocupan, los José Tomás, los Cristóbal que lo ocupan, lo hacen porque antes de que tú quisieras ocupar su puesto de invitados, ellos ya estaban ahí, por ser “hijos de”, “amigos de”, “conocidos de”, por ser los perpetuadores del sistema de privilegios que preserva la explotación en este fundo de patrones que gobiernan con vestimentas de demócratas en este simulacro de democracia. Eso dice la foto de José Tomás Daire sonriendo con Cristóbal. Se están riendo de ti.