Para Olga Salinas hace cuatro años el día de la madre dejó de ser una celebración para convertirse en una conmemoración. Recuerda con nitidez la última vez que efectivamente lo celebró, cuando recibió de manos de su hijo Exequiel un libro de poesía usado que venía destartalado, con una cinta adhesiva en el lomo para asegurar su resistencia.

Cuatro días después, Exequiel Borbarán, de 18 años, dejó la casa rumbo a la universidad y no volvió más. En el contexto de una marcha estudiantil de día jueves, presenció un incidente nebuloso en el que algunos jovenes intentaron rallar la fachada verde del edificio en el que vivía José Briganti y su hijo, Giuseppe (20). El padre, sin poder resolver la situación, recibió la colaboración de su hijo, que con dos balazos -uno en el abdomen y otro en el tórax- mató a Diego Guzmán, y con otro disparo impactó en el cuello del estudiante que hace pocos días celebraba a su madre con poemas.

“Mi mamá decía que siempre había que dar un abrazo y un beso a tus familiares antes de salir, porque nunca sabes si algo puede pasar. Siempre nuestras despedidas eran con abrazo. El Kelo estaba acostumbrado a eso y ese día no fue la excepción. Recuerdo exactamente que él me dio un abrazo, un beso y yo salí a mirar para afuera hasta que se perdiera. Le grité algo que tenía que preguntar en la universidad. A unos 30 metros me miró y me dijo “sí”. Esa fue la última interacción entre los dos. Fui muy afortunada en tener una última interacción”, recuerda hoy Olga.

Foto: Agencia Uno

-¿Sabías que Exequiel, después de esa despedida, se iba a marchar?

No, no lo sabía. Tengo la impresión de que no fue algo premeditado, sino que surgió entre los compañeros. Pero uno no tenía cómo predecir una situación así. Si uno se fija en las circunstancias en que se dio todo, esto nunca debió ocurrir. Si este país no fuera lo que es, por la conducción que se le ha dado, estos hechos no deberían haber pasado.

-¿A qué te refieres con “la conducción que se le ha dado” al país? 

Imagínate alguien que defiende su propiedad al punto de lastimar sin medir consecuencias. “Es tanta la ira por algo que es material que soy capaz de cualquier cosa”. Esa es la mentalidad. Pudo ser cualquier parte de la casa, pero la defiendo a ultranza y mato a todos con tal de defender eso. Es una escala de valores que me cuesta mucho entender.

-Hoy se cumplen cuatro años desde que ocurrió este episodio. ¿Cómo han sido estos cuatro años para ti sin Exequiel?

Ha sido muy difícil. No he podido vivir, no he podido seguir con mi vida como debiera ser. He estado detenida, estancada, con terapia tanto de medicamentos como psicológica, pero así y todo ha sido muy difícil porque te falta lo que tú quieres. No es que haya perdido un auto en un choque. Me falta lo que más quiero, que son los hijos. Ha sido muy difícil. No he podido seguir con mi vida con normalidad. Además tengo que tener mucho respeto por mi hija, que a ratos ha sido invisibilizada. Ella tenía nueve años cuando pasó lo del Kelo. He sido poco delicada, porque me ha sobrepasado la pena, la nostalgia, la melancolía, el extrañar. Todo eso en un contexto en el que no se puede hacer nada. Es distinto si el Kelo se hubiese ido al confín del mundo y uno tiene la esperanza de que cada cierto tiempo tienes noticias de él y de que en un momento vuelve, como veo volver a hijos de mis amigos que se van a estudiar, a viajar, pero que vuelven. Esa es la desesperanza y la desolación que siento.

A fines de 2017 el Tribunal Oral en lo Penal de Valparaíso esgrimió que, en base a las pruebas recabadas, el imputado disparó “con la intención de matar”. En abril de 2018 se dictó la condena: 14 años de presidio efectivo por el asesinato de los dos jóvenes. A pesar de no haber contado con permiso para portar arma, y de habérsele descubierto 42 gramos de cocaína y una pesa gramera para distribuirla, los jueces desestimaron ambas pruebas para engrosar la condena. La propiedad de la droga se la adjudicó el padre y el porte ilegal de arma de fuego no fue considerada ya que habría efectuado los disparos desde umbral de la puerta de su casa, sin salir a la vía pública. Olga asistió a todas las audiencias:

“Los jueces sintieron que la condena era buena para nosotros. Fue como un “por favor, ya no molesten más”. Él (Giusepe) es muy joven, a mí eso me llama la atención. Tanta ira en alguien tan joven. Pensar que él está ahí, que su familia puede ir a verlo, llevarle lo que necesita, compartir con él… Es una situación tan distinta la que ellos viven con su hijo a la que yo vivo con la memoria del mío. Uno lo nota muy dispar”.

-La fiscalía buscaba una condena de, al menos, 24 años. ¿Quedaste conforme con esa condena? 

¿Servirá de algo que pase este tiempo en la cárcel? Quizás si existiera realmente un buen sistema carcelario… Si tienen que meterle más plata al sistema, ¡háganlo! Pero nuestro sistema no tiene vocación de reinserción, la gente sale peor. Así es imposible cualquier cosa. ¿Sirve de algo que por cometer un delito te saquen de circulación un rato? Si sale, y peor, ¿de qué vale? Es como que te saquen de circulación por ser un cacho, porque hay que hacer justicia, pero a lo mejor sales cumpliendo la mitad de la condena y lastimas a otra persona. Yo no entiendo el sistema carcelario. ¿Qué se está haciendo? Están despediciando plata por tantos lados. En el Congreso se están farreando tanta plata.. Hagan algo por este sistema que ya no da más. Yo no tengo esperanza en el sistema carcelario de este país.

-O sea que la condena no te ha servido para avanzar en un proceso de sanción personal…

No. Quedó fuera el porte ilegal de arma en la condena. Él además tenía un mini laboratorio de cocaína, pero bueno, hagamos la vista gorda a eso. Pero en el caso de porte ilegal de armas, él no tenía permiso para portar arma. No era de su propiedad el arma. Y eso quedó fuera de la condena. Entonces el sistema judicial es muy estratégico. Te tienes que conformar con 14 años porque si la jugamos por otro lado tal vez quede con menos. Es muy extraño.

El cuerpo de Exequiel, según testigos, permaneció herido por más de media hora antes de que un carro policial lo trasladara de emergencia al Hospital Carlos Van Buren con una herida de bala sin salida del proyectil y con grandes vasos sanguineos comprometidos. Falleció luego de una cirugía por culpa de una emia aguda. En el mismo hospital dilataron la oficialización del deceso. Afuera, la incertidumbre hundía en angustia a Olga Salinas. Consultada por un periodista sobre el caso, de las profundidades de su interior emanó la siguiente frase: “Él (Exequiel) era sociable, amistoso, músico, bueno para los deportes. No te imaginas (esto), a lo mejor te pueden llevar preso, pero que un desalmado, que un hijo de puta dispare porque le rayaron la puerta, que se pudra”.

-¿Reafirmas lo dicho?

Yo me arrepentí. Fue en el momento en que me dicen que el Kelo ya no está cono nosotros. Fue muy fuerte esa situación. En el hospital no se atrevían a dar la noticia. Nos decían que el doctor venía bajando con la información, pero en el ascensor se deben haber demorado unos 20 minutos y no nos decían la noticia. Yo no soy de usar términos tan fuertes. Al otro día en Fiscalía, un señor me dice “te felicito por tus palabras” y me menciona mis dichos. Y yo ahí dije “yo no pude haber dicho eso”. No es mi manera de actuar. No es la forma en que he criado a mis hijos. Es como en los terremotos, donde sacamos a la luz las peores miserias de nosotros mismos y realmente salió lo más miserable de mi en ese momento.

-Esto pasó en el contexto de una marcha estudiantil  ¿De qué formas crees que este acontecimiento aportó a la lucha del movimiento? 

Es difícil. No podría decir si sirvió o no. No sé si tanto para la lucha del movimiento estudiantil. Yo creo que ha hecho sentido a los chiquillos muy directamente con el tema de la propiedad privada. Esto de cómo alguien puede salir y disparar porque le importa más algún bien material que la vida de otra persona. Yo no creo que Giuseppe Briganti y su familia encuentren mucho sentido en las marchas, muy por el contrario. Ellos no van por el camino del estudio, de la universidad, son otros sus caminos. Yo creo que este ataque furibundo, enajenado, tan lleno de ira, tenía que ver harto con el contexto de que los muchachos venían de una marcha. Esa fue la respuesta y estoy segura de que tuvo mucho que ver con la situación.

-¿A qué te apegas tú, de ahora en adelante, en este proceso por entender la vida sin la presencia terrenal de Exequiel? ¿En qué confías para estar en paz?

Yo soy creyente, pero no pechoña. Creo en Dios y me apego a mi hija. Sin creer estaría muchísimo peor, pero obviamente tampoco soy tan fuerte en esto. Por lo mismo me ha costado mucho. Me cuestiono muchas cosas, soy muy analítica. No ha sido fácil. debe ser más fácil cerrar los ojos y creer ciegamente. Yo me cuestiono muchas cosas y eso hace que me cueste más.

-A tu hija, qué le enseñas de todo esto? A partir de este episodio ¿qué aprendes para con la crianza de tu hija?

Tratar de tener mucha comunicación con ella. Una nunca sabe lo que puede pasar, como decía mi mamá. Soy bien amiga de mi hija, tenemos mucha complicidad. Con el Kelo también fuimos bien partner, teníamos buena comunicación. Eso te ayuda a decir “al menos creo que no lo hice tan mal”. Ahora, yo solo espero que nunca más me pase algo tan tremendo, pero uno nunca sabe.