Vive con el propósito de retomar su vida en Francia y cerrar una tormentosa historia que le arrebató 16 meses de libertad. En ese tiempo, Marie Emmanuelle Verhoeven se perdió la muerte de su padre y el nacimiento de su nieta.

Su historia empezó en 2014 en Alemania, donde fue arrestada por primera vez y requerida por la justicia chilena. Emma, como la conocen en Francia, había pasado diez años de su vida en Chile (1985-1995), pero desde hacía más de una década vivía su vida en su país con total normalidad. Aquella primera detención se produjo por las sospechas del juez Mario Carroza de que podía ser la “comandante Ana”, una supuesta ex combatiente a quien habían señalado como parte del aparato de inteligencia del FPMR cuando asesinaron al senador pinochetista Jaime Guzmán. Ella siempre lo negó y lo calificó de “mentira histórica”.

Según Marie-Emmanuelle, el único contacto con miembros del Frente se produjo durante su época de psicóloga en la cárcel de Alta Seguridad, en 1994, como trabajadora del penal. Sin embargo, la fijación en contra de su persona por parte de la justicia y autoridades chilenas fue constante.

El plan de Chile con los germánicos falló, por lo que un año después aprovecharon un viaje de Emma para un retiro espiritual en India y repitieron la operación. Esta vez sí resultó. Entre órdenes extraditorias de los jueces y “notas verbales” de las embajadas, pasó un año y medio entre rejas. El desenlace final llegó a finales de 2018, cuando Interpol eliminó la alerta roja en su contra, luego de que en julio de 2017 su detención y encarcelamiento fueran declarados ilegales por la justicia india.

Desde entonces dedica su tiempo a recuperarse física y mentalmente, a pasear su perro por la playa y a jugar con su nieta, que ya tiene cuatro años. Entre todo esto, dos objetivos a las vista: escribir su segundo libro –el primero lo redactó desde la cárcel– y trabajar para que avance su recurso en la justicia internacional. En febrero presentó una “comunicación individual” ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas acusando al Estado chileno de violar varios de sus derechos y de “perseguirla” judicialmente de forma arbitraria: “No quiero impunidad, quiero ir hasta el final”, asegura.

En una extensa entrevista exclusiva con El Desconcierto por Skype, Marie-Emmanuelle Verhoeven explica las motivaciones de la demanda internacional y cómo enfrenta el proceso de recuperar su identidad, su salud y su día a día.

marie emmanuelle verhoeven

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¿Cómo se encuentra, después de tantos meses lejos de los suyos y conviviendo con la incertidumbre?

El regreso a Francia ha sido como una doble condena. Primero hubo el período del encarcelamiento, luego la persecución, y uno sueña mucho con el regreso. Pensaba que la libertad sería suficiente y sí, es extraordinaria, pero sola no alcanza para reparar. Estoy en un momento extremadamente complejo. Ni yo misma imaginaba el trauma real y verdadero que provocaría todo esto. Lo llaman choque postraumático porque el acoso y el estrés ha sido demasiado largo. Cuando uno ha sido encarcelado y perseguido por algo que no ha hecho, el cerebro en algún momento explota y eso es lo que me pasó. Desde enero estoy con tratamiento médico, pero estoy bien para ir superando esto poco a poco.

¿Cómo fue ese estallido que sintió?

Pensaba que el regreso iba a ser mucho más fácil. Cuando regresé, ya no tenía que luchar, había pasado este momento de acción intensa. Entonces todo volvió, todo. En la noche revivía lo que me había pasado en la cárcel. No podía dormir y enfermé. Sin embargo, todo el mundo dice que ese proceso es completamente normal. La violencia, lo que trae violencia a la vida de uno, provoca una ruptura en algún momento. Los médicos comparan esta situación con una toma de rehenes, y en mi caso en realidad, me habían tomado como rehén.

¿A qué se dedica ahora?

Cuando regresé, trabajé en la edición de mi primer libro, que fue publicado en noviembre en la India, en inglés, y en enero en Francia.  Y trabajé mucho en las demandas. Además de la que he puesto en contra de Chile, hay otra denuncia por detención arbitraria, también en la ONU, en contra de la India, y otra en los tribunales civiles [de Nueva Delhi], para obtener reparación por daños y perjuicios. A fines de enero tuve que dejar de trabajar y estoy en convalecencia hasta septiembre.

Libro Marie-Emmanuelle Verhoeven

Portada del primer libro de Marie-Emmanuelle.

“Mi carpeta estaba vacía”

Sobre la demanda que presentó en la India, ¿en qué se basa?

La presenté ante el Tribunal Superior de Justicia de Delhi. La base jurídica de la argumentación es una demanda por ”procesamiento malicioso” [procesamiento arbitrario]. Son 6.000 páginas en las que denunciamos la colusión entre India y Chile, y demuestra que India actuó de manera consciente y maliciosa. El ”procesamiento malicioso”, existe también en Estados Unidos, y se refiere a cuando un Estado persigue a alguien haciendo actos ilegales. En ella menciono también los chancullos chilenos y burócratas indios. Escribí una carta a la ministra de Asuntos Exteriores de India sobre esto. También exijo reparación por daños y perjuicios.

¿Podría detallar algún episodio para entender esta colusión entre funcionarios de ambos países?

Primero [el diputado UDI] Issa Kort fue a negociar con las autoridades indias mientras él formaba parte de la oposición y ni siquiera era Gobierno. Luego, y tal como se lo escribí a la ministra, un funcionario público que era subsecretario para Extradiciones, el señor Rajib Rajan, recibía órdenes directamente en su teléfono del embajador de Chile. Soy testigo de eso y no soy la única, por eso lo puedo decir. Sólo hace falta revisar los registros telefónicos. Esa información llegó hasta varios tribunales, y nunca se ha desmentido. De hecho,  el cónsul estaba ahí y lo perturbó mucho ver esto. Me dijo: ‘y es embajador de Chile’. En varias audiencias Chile intentó manipular documentos, mandaron las ‘notas verbales’, que no se fundamentan en nada, pero –curiosamente– fueron aceptadas a pesar de no tienen ningún valor jurídico. Incluso, el hecho de que un funcionario público de bajo nivel pueda estar en contacto directo con un embajador en un caso judicial en el cual él mismo figura como testigo.

¿Sobre la parte de la reparación, en qué se basa la demanda?

Estoy segura de que muchas cosas no pueden ser reparadas. Cada vez que voy a visitar la tumba de mi padre pienso, ‘ya es demasiado tarde, no alcancé a verlo, yo no estuve’. Cuando veo a mi nieta de cuatro años, me acuerdo que me perdí dos años y medio de su vida. Espero el reconocimiento de que mis derechos fueron violados, que hay personas que hicieron algo mal. La idea es evitar que se pueda repetir. En mi desgracia, igual tuve mucha suerte: conocí a personas de excepción, abogados quienes trabajaron gratis por mí, fueron a todos los tribunales. Pero otros se encuentran solos cuando les pasa algo así y es terrible. Son vidas destruidas.

Sobre el recurso (“comunicación individual”) presentado ante el Comité de DD.HH. de la ONU, ¿cuáles son las principales acusaciones que hace en contra del Estado chileno?

La principal demanda es por persecución judicial arbitraria, no se fundamentó en ningún elemento válido y fue ilegal porque todo lo que se hizo fue cuando estaba viajando. Los hechos que supuestamente se me imputaban datan del 1991. Chile hubiera podido solicitar a Francia cooperación jurídica, pero nunca lo hizo. Prefirieron ir a cazarme, porque es caza en territorio extranjero, donde uno está solo y no puede defenderse. Tenemos todos los documentos que demuestran que Chile nunca pidió cooperación internacional con Francia.

El juez Mario Carroza explicó en una entrevista con este medio que se solicitó una comisión rogatoria, pero que usted se negó y el gobierno francés también. ¿Miente el juez Carroza?

Para solicitar cooperación jurídica internacional y que sea aceptada, hay que presentar carpetas investigativas muy extensas. Mi carpeta estaba vacía. Yo en Francia nunca estuve en la clandestinidad, siempre he vivido en la legalidad. Cuando regresé en el 1995, entré a trabajar, tenía una dirección, aparecía en la guía telefónica. Era muy fácil encontrarme.

Si Chile no ha presentado ningún documento oficial solicitando colaboración judicial o comisión rogatoria y le anularon la alerta roja de Interpol, ¿en este momento, usted es requerida por el juez Carroza?

Nunca se han contactado conmigo. Ya no me acuerdo en qué año fue que mandaron una carta para interrogarme, pero luego no siguieron con los trámites. Creo que en una oportunidad los franceses recibieron una carta, en 2010, diciendo que los chilenos querían interrogarme, pero contestaron que para esto tenían que elaborar una carpeta, hacer una solicitud formal por las vías legales.

Y hoy en día, ¿Chile tiene alguna acción en su contra vigente?

El juez Carroza, en 2018, leyó públicamente la lista de las personas que estarían involucradas en el caso Guzmán, y yo no estaba en esa lista.

¿Podría poner algún ejemplo de la “arbitrariedad” de su “persecución”?

En Alemania me detuvieron con una orden de detención ilegal porque no fue emitida por un juez. El juez emitió la orden de detención dos días después [de detenerme]. Luego, tal como lo dice la Corte Suprema de Chile, en India no existe tratado de extradición con Chile porque no había sido ratificado por ambos parlamentos, entonces inventaron uno. Otro ejemplo, el 21 de septiembre del 2015 el Tribunal Superior de Delhi dice que todo es ilegal y que hay que liberarme, pero entonces Chile manda una nota verbal para solicitar de nuevo mi detención. Y no me liberaron.

¿Qué tiempos tendrá este recurso?

La duración respecto de su admisibilidad es alrededor de un año. En relación a la decisión final, no lo sé exactamente, creo que entre 3 y 5 años. Durante el procedimiento, van a solicitar información complementaria el Estado chileno. Teníamos la opción de acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pero el proceso era muy largo, podía durar hasta diez años. Y además soy francesa, entonces era muy complejo.

“Una oportunidad para hacer propaganda”

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¿Antes de la primera detención en Alemania en 2014, sospechó alguna vez que la querían detener?

Creo que fue en 2010, que viajé a Brasil y me detuvieron. Me preguntaron si conocí a personas del FPMR, pero no me hablan del caso Guzmán. Yo expliqué que había trabajado [con ex combatientes del FPMR]. Entonces me dejaron ir. No existía una orden de detención internacional y hasta fines de 2013 pude viajar sin problemas. Los brasileños dijeron ‘no calza’ y seguimos viajando con mis hijos.

¿Cómo interpreta que, finalmente, dejen de vincularla con el caso Guzmán en un momento en el que Francia tomó protagonismo por la extradición y asilo político de Ricardo Palma Salamanca?

La justicia chilena, el juez Carroza y todos los demás, saben que todo esto es un montaje. Ahora que puedo expresarme públicamente ya no me pueden decir nada, porque no hay nada en la carpeta investigativa. Lo dijo también el juez Cerda, que no hay ni un elemento que me vincule con el caso Guzmán.

¿Por qué cree que la tomaron a usted como víctima de este montaje que acusa?

Creo que me vincularon con el caso porque, en algún momento, por trabajo estuve en contacto con algunos presos y creen que quizás sepa algo. ¿Qué? No lo sé, porque no sé nada. Y en esta locura neonazi, yo fui una buena oportunidad para ellos para hacer propaganda. Además, no estaba [en Chile], entonces podían contar todo lo que querían.

¿Cree que tiene que ver con su ideología, con una forma de persecución ideológica?

Siempre fui de izquierda y siempre voy a ser de izquierda, en un sentido un poco antiguo de la palabra. Cuando estaba en Chile todo el mundo lo sabía, y sabían que era cercana a personas de izquierda. Si hubiera sido de derecha, no hubiera ocurrido nada de esto. Pero creo que está ligado realmente a mi trabajo con los presos.

¿Cuál ha sido el rol de las autoridades de los tres estados?

En India recibí el apoyo de un senador [y ex ministro] Subramanian Swamy, muy de derecha pero con principios. Siempre ha denunciado temas de corrupción. Él ha escrito el prólogo de mi libro y explica, justamente, que los funcionarios indios fueron como los secuaces de Chile. Sabemos que algunos chilenos que estaban en India –no el Estado– tenían contacto con funcionarios [indios] y tenían en sus manos mucha plata. La carta que mandé a la ministra de Asuntos Exteriores de India tuvo el efecto de una bomba, porque le di todos lo nombres y toda la información. Después de eso hubo muchos funcionarios que fueron reubicados de sus puestos de trabajo.

¿Ha echado de menos recibir apoyo de representantes políticos de su país o de Chile?

Francia estuvo presente permanentemente, tanto en la detención de Alemania como en India. Los franceses, como yo, al principio decían que era un tema de justicia. Al principio, yo quería una salida por la vía de la justicia, no quería una solución diplomática porque sabía que no había hecho nada. Los franceses siempre estuvieron presentes. Por ejemplo, el senador Olivier Cadic o el ministro de Asuntos Exteriores de entonces, Jean Marc Ayrault, que fue muy activo. Pero yo quería hacer las cosas yo misma, entonces escribía yo directamente. Escribí a los ministros, a la presidenta de Chile y al primer ministro de India, que me dio protección de la policía cuando estuve en libertad condicional. Respecto de Chile, mi única respuesta es que cada uno vive con su propia conciencia. Chile dentro de América Latina fue el país que más ayuda internacional recibió en la dictadura, en momentos muy difíciles. Me acuerdo de cosas que se hacían en Francia, en Alemania, en Inglaterra. Por eso digo que cada uno hace lo que quiere con su consciencia. Me arreglé sola en eso y, además, hay otro punto importante: soy mujer, y eso es algo a considerar.

Explíquenos.

Es mucho más fácil atacar a una mujer. Más fácil y mediocre. Más feo también. Para mí, enfrentar eso fue difícil. La mujeres sufren mucho, no sé cómo explicarlo. La cárcel de las mujeres en la India es un lugar muy duro, son personas totalmente excluidas de la sociedad. Se las cuida a ellas menos que a los hombres.

“Era evidente que Francia no extraditaría a Palma Salamanca”

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En los artículos publicados en Francia, hay una entrevista de 31 de julio de 2017 publicada en Le Parisien, tras su liberación, en la que el medio da derecho a réplica de la entonces embajadora chilena en Francia, Marcia Covarrubias, quien expone su versión de los hechos. Ella dice que usted fue puesta en libertad por razones de salud, no porque el proceso fuera ilegal.

Para cerrar un caso de extradición, no se puede entrar en el fondo, tiene que quedarse en la forma. Hay tres razones [por las que se cerró]: la primera es porque Alemania dijo que era ilegal; la segunda es porque soy francesa y qué tiene que ver Chile con Francia; y la tercera porque, efectivamente, mi estado de salud estaba cada vez peor. Cuando ella hizo eso, Le Parisien después le escribió de vuelta para poner las cosas claras porque el diario había tenido acceso a la orden de liberación de India.

La extradición de Palma Salamanca tuvo mucho impacto en Chile, porque primero Francia se negó a extraditarlo y luego le entregó refugio político. ¿Cómo vivió esta noticia? ¿Cómo cree que afecta a la imagen de Chile a nivel internacional?

No solo la justicia francesa no ha ido a favor de Chile, tampoco la justicia belga, la suiza, la española y la justicia de Inglaterra. Chile nunca ha tenido acceso a la extradición por este caso y otros que tienen que ver con la dictadura. En Francia no hablaron casi nada sobre esto. Para mí, era evidente que Francia nunca lo extraditaría, era imposible. Lo que leí es que Chile trató de ingerir en este asunto. Lo intentaron conmigo en Alemania y cuando lo hicieron los jueces alemanes llamaron a mi abogada de noche para decirles que esto nunca antes había pasado. Chile no sabe y no respeta la ley internacional ni las leyes de los otros países. Creo que la justicia chilena sabía perfectamente que Francia no iba a extraditar a alguien que hizo su declaración bajo tortura. Me sorprendió la velocidad tan rápida en lo que se resolvió.

¿Cree que su caso pudo haber influido en la resolución sobre Palma Salamanca?

No, mi caso, no. Pero sí estoy segura de que las autoridades francesas fueron sorprendidas por la manera como los chilenos manejaban sus casos. Creo que Issa Kort no fue muy bien recibido en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Francia.

Mirando hacia el futuro, ¿qué proyecta a partir de ahora?

Si hay una cosa que aprendí es que en la vida no puedes saber lo que te puede pasar mañana: por eso disfruto cada día. Trato de explicar eso y nadie me entiende, pero intento disfrutar cada día con mi nieta y con mi perro. Cuando tenga la cabeza más tranquila voy a ver qué hago. Tengo 60 años, ya no tengo 20, y la recuperación será diferente. Estoy terminando ahora mi segundo libro.

¿Cómo quiere cerrar este episodio?

Este caso está cerrado. Yo ya he hecho lo que tenía que hacer. Era importante, para mí, ir hasta el final del procedimiento. A partir de ahora, queda en manos de la justicia. La única cosa que me va a perturbar para siempre, hasta que me muera, es pensar que mi papá se murió con una tremenda angustia y que no tuvo un final de su vida tranquilo. Es muy difícil vivir con eso.

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