Pensar la cárcel es hundirse en un mar de contradicciones, sus bases cargadas de historias y un trayecto de mutaciones en torno a lo que se entiende como castigo. Lo claro es que hoy la cárcel sirve a un sistema centrado en lo económico y político, manteniendo una estructura penal y patriarcal. A la cárcel la rondan las confusiones, pero al parecer, estas confusiones tienen objetivos que parecen responder a un fin, a pesar de su fracaso, la cárcel vive fuerte y en crecimiento constante ante el afán poderoso de quebrar la subjetividad del otre.

Quienes trabajamos ligados a la institución carcelaria chilena sabemos bien que los meses de abril y octubre son fechas afectivamente cargadas para quienes habitan las prisiones. Pues, en estos momentos del año, se otorgan las llamadas libertades condicionales (ex derecho, actual beneficio). Estas se vuelven un tema para quienes conviven en estos centros, ya que todes mantienen cierta atención a su resolución puesto que puede otorgarles la posibilidad de abandonar el recinto tanto a ellos como a algunes de sus compañeres.

La llegada de la resolución de este beneficio no tiene fecha definida por lo que los rumores de su aparición comienzan a emerger y se mantiene aproximadamente un mes. Esto provoca ansiedad e inquietud en les personas privadas de libertad, lo que podría pensarse como una forma de violencia implícita, pero que no solo existe en torno a este beneficio. La información que circula al interior de los centros penitenciarios en general mantiene esta característica de la confusión o poca claridad.

Para poder optar a la libertad condicional se exige el camino de “hacer conducta” lo cual supone mantener un trabajo al interior de la cárcel, asistir a la escuela y no recibir ningún tipo de castigo intracarcelario. Esto se manifiesta en la obtención de una calificación que va desde pésima hasta muy buena, pasando por regular y buena. La postulación de un beneficio intrapenitenciario implica meses de mantener “buena conducta”, lo que se deduce en adoptar las reglas de la institución en vías de ser un buen ciudadano, libre de errores, del castigo, de quejas, de opinión; teniendo como telón de fondo todas las paradojas que envuelven a la institución.

Esta elección implica ser protegida, lo que desencadena en la toma de un estatus ante les pares de casa, piso y torre. Las reglas parecen claras, sin embargo se aprecia un movimiento en torno a la agencia individual, no es extraño identificar que quienes no hacen conducta se encuentran integrades en grupos, donde permea de manera constante la denominada “subcultura carcelaria”, mientras que por la otra vía el andar solitario y centrado en sí mismo se convierte en la estrategia para seguir.

Por tanto, la postulación implica un acto performático que gira en torno al deseo del otre, no tan solo de la institución, sino que también del o la Gendarme de turno, siendo empujade a actuar de manera determinada según cada situación a la que se enfrenta; lo que se pierde no es tan solo la libertad de caminar por la calle, sino que también la de actuar. Nos encontramos frente a una persona que no tiene espacio para actuar autónomamente, y menos, desde su singularidad, lo más propio de cada une queda segregado del discurso y acto incluso en relación a sí mismo. De esta manera, se espera que todes actúen de la misma manera (lo que Gendarmería considera correcto), y por otro lado, que sean personas perfectas sin espacio al error.

“El asistencialismo plantea una inserción por las vías de los ideales. Y por la vía de los ideales operamos desde la identificación masificante” (Greiser, 2012).