Una publicación reciente destaca que para reducir el cambio global del clima se requiere: a) eliminar grandes cantidades de CO2 de la atmósfera y b) reducciones drásticas de las emisiones. Para eliminar gran cantidad del CO2 atmosférico IPCC (Intergovernmental panel on climate change) sugiere que cerca de 730 mil millones de toneladas de CO2 deben retirarse de la atmósfera al fin del siglo (esto equivale al CO2 emitido por EEUU, Reino Unido, Alemania y China desde la Revolución Industrial, durante más de 250 años).

Según el IPCC triplicar el área total de bosques y áreas vegetacionales globales almacenaría cerca de un cuarto del CO2 atmosférico necesario para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima del nivel preindustrial al 2030.

Dentro de las políticas actuales para la recuperación de la superficie vegetacional se encuentra el Desafío de Bonn. La iniciativa busca restaurar 150 millones de hectáreas (Mha) degradadas y deforestadas al 2020 y 350 Mha al 2030 para la Restauración de Paisajes Forestales (RPF), recuperar la funcionalidad ecológica y mejorar el bienestar humano en paisajes forestales deforestados o degradados.

No obstante, el artículo de la revista Nature indica que esta política no se podría concretar de manera exitosa, ya que en casi la mitad de la zona global elegida (Chile incluido) se ha propuesto establecer plantaciones forestales comerciales. Lo que sin duda es una incongruencia considerando el objetivo perseguido, ya que las plantaciones forestales comerciales se caracterizan por una menor capacidad de almacenar CO2 que los bosques naturales con poca o ninguna perturbación humana.

Esto, porque la tala rasa cíclica de las plantaciones devuelve todo el CO2 a la atmósfera cada 10–20 años. En cambio los bosques naturales siguen almacenando CO2 por muchas décadas sin devolverlo a la atmósfera. Según Nature, en promedio, los bosques naturales son 6 veces más eficientes que el cultivo agroforestal y 40 veces más eficientes que las plantaciones para almacenar CO2.

Otros estudios confirman que las plantaciones almacenan menos CO2. Según un estudio realizado por Stephenson, N.L. et al (Nature 507, 90-93, 06 March 2014), la tasa de acumulación de CO2 en los árboles aumenta con el tamaño y la edad (se midieron más de 600.000 árboles de 403 especies templadas y tropicales diferentes de todos los continentes). Los árboles longevos de bosques naturales no sólo son reservorios de CO2 sino que también fijan activamente grandes cantidades de CO2 en comparación con árboles más jóvenes, lo que no ocurre en plantaciones forestales de ciclo corto, ya que son taladas antes de alcanzar su mayor tasa de almacenaje.

Los resultados de otro estudio entregan argumentos en contra de la sustitución de bosques naturales por plantaciones como medida de mitigación del cambio climático. En la evaluación global de 86 estudios se cuantificó las diferencias entre las reservas de CO2 en plantaciones y sus bosques nativos primarios y secundarios adyacentes. Los resultados indican que el valor total de CO2 en las reservas de los árboles y del suelo fue muy superior en los bosques nativos que en las plantaciones (“Liao C, Luo Y, Fang C, Li B (2010) Ecosystem Carbon Stock Influenced by Plantation Practice: Implications for Planting Forests as a Measure of Climate Change Mitigation. PLoS ONE 5(5): e10867. doi:10.1371/journal.pone.0010867″).

Se concluye que es importante aumentar la recuperación de bosques naturales en vez de establecer plantaciones de ciclo corto para mitigar el cambio climático. Pero a la regeneración natural sólo se le asigna 34% de la superficie global en el Desafío de Bonn, siendo que además es la opción de restauración técnicamente más barata y sencilla.

Los autores llaman a las comunidades, a los silvicultores expertos y a las autoridades a priorizar la regeneración de los bosques naturales sobre otros tipos de plantación de árboles, y permitir que los sitios degradados recuperen su estado anterior con alto contenido de carbono. Esto implica afinar definiciones, transparentar informes de resultados, planes, e indicar claramente las ventajas y desventajas de los distintos usos del suelo, en base a la planificación territorial del uso del suelo.

Se sugieren 4 formas de hacerlo:

1. Ante todo, los países deben aumentar la proporción de terrenos en restauración con bosque natural. Cada 8,6 Mha adicional almacena otro 1Pg C en 2100. Área cerca del tamaño de Irlanda.

2. Priorizar la regeneración natural del trópico húmedo: Amazonas, Borneo y cuenca del Congo, todos con muy alta biomasa forestal comparados con regiones más secas. Pagos internacionales para crear y mantener nuevos bosques de captura de CO2, fondos de adaptación o conservación del clima movilizarán la acción.

3. En tercer lugar, construir sobre las reservas de carbono existentes. Trabajar la regeneración natural de bosques degradados y zonas parcialmente boscosas; establecer plantaciones y sistemas agroforestales en regiones sin árboles y, si es posible, preferir el cultivo agroforestal a las plantaciones.

4. En cuarto lugar, una vez restablecido el bosque natural: protegerlo. Esto por expansión de áreas protegidas; entregar derechos a los pueblos indígenas que protegen los bosques; cambiar la definición legal y evitar convertir el suelo para agricultura, y promover el compromiso de empresas de no cortar bosques naturales restaurados.

Puede ser poco realista esperar que todos los bosques naturales sean protegidos a perpetuidad, si consideramos que las plantaciones y la agricultura con árboles son parte esencial de muchos paisajes. Se requiere entonces extender el programa de restauración, no restringirlo. Lograr 350 Mha de bosques naturales nuevos es posible como parte de un área mucho mayor que incluya las plantaciones y la agroforestería.

Problemas que complican el esfuerzo de restauración global

Los autores del artículo de Nature destacan los siguientes problemas:

Aumentar drásticamente el área de plantaciones socavaría su rentabilidad, motivo por el cual los países les dan prioridad. Si se realizan los actuales planes, los sitios plantados globales crecerían de 157 Mha a 237 Mha. Esto implicaría un cambio importante del uso global del suelo. Los precios de productos de astillas y papel eventualmente caerían. Pero no se ha investigado los efectos económicos potenciales de este importante cambio en la política forestal.

También destacan que, a menudo las autoridades malinterpretan el término ‘restauración de bosques’, incluyendo como tal, por ejemplo, un monocultivo de eucalipto o pino de cosecha comercial. Los políticos y sus asesores inducen a error al público al abusar de definiciones amplias y terminología confusa. Sectores privados promueven la agenda de plantaciones por motivos comerciales y no de restauración de bosques que permitiría un mayor almacenaje de CO2.

Además señalan que las plantaciones no deben ser clasificadas como restauración de bosques al no cumplir con las definiciones de RPF. Y agregan: aunque muchas plantaciones cumplan la definición de FAO de lo que es un bosque (mayor a 0,5 hectáreas, con árboles de por lo menos 5 metros de altura y más de 10% de cobertura de copas), les faltan los componentes clave de protección de biodiversidad y mitigación de cambio climático. La interpretación informada o eficiente de la definición requiere urgentemente de una reforma para excluir las plantaciones de monocultivos.

Por último, indican que los informes a menudo confunden el proceso de regeneración natural del bosque con el tipo de cubierta terrestre resultante. Se puede clasificar el terreno como bosque natural aunque esté lejos de ser maduro. Por otra parte, los cálculos para beneficio del clima generalmente asumen que el terreno se convierte en bosque y permanece así para siempre. Pero, qué garantía hay de que estos bosques sean protegidos 50 o 100 años, en especial si está aumentando la demanda por tierra.

2021 a 2030 década para la Restauración de Ecosistemas

En marzo, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2021-2030 la década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas. La restauración podría eliminar hasta 26 giga toneladas de GEI de la atmósfera. La restauración de 350 millones de hectáreas de tierras degradadas de aquí a 2030 podría generar US$ 9 billones en servicios ecosistémicos y eliminar de la atmósfera entre 13 y 26 giga toneladas adicionales de GEI.

En el caso de Chile, de acuerdo con los objetivos RPF, dada la mayor superficie de bosques y ecosistemas naturales, y la mayor capacidad de almacenaje de CO2 de los bosques naturales, es conveniente que tanto el Estado como los privados den prioridad a su recuperación mediante varias formas de restauración de grandes áreas (evitando la presencia de animales y personas) para recuperar la dinámica de sus ecosistemas y con ello, la entrega de sus servicios ambientales (como almacenar CO2). Las actividades de plantación, inter-plantado y enriquecimiento pueden jugar un rol complementario importante.


Alfredo Unda es Ingeniero forestal de la Universidad de Chile y Master en Estudios Ambientales, de la York University Canadá.