“Cuando grande quiero ser hombre”. Esa era la frase que Paly Valentin (22) repetía a su madre desde los tres años. Siempre supo que era distintx, pero lo llevó de “manera natural”. “Me decían la niña-hombre del curso, así me llamaban mis compañeres con el fin de molestarme pero a mi no me molestaba realmente, yo era bien radical y a medida que fui creciendo surgieron más contradicciones, cada vez más serias”, comenta.

Los cuestionamientos de Sascha Fernandois (23) sobre estos temas llegaron más tarde, cuando ya estaba en la universidad estudiando la carrera de Psicología. “El acceso al privilegio de la información mediante la academia me dio la posibilidad de replantearme el género”, cuenta.

Tras años de reflexiones, ambxs se definen como personas no binarias. Pero, ¿a qué se refieren con esto? Paly explica que su forma de vivir se basa en la idea de rechazar “el género como algo estático” y con la incomodidad de asociarse o limitarse a algo estereotipadamente masculino o femenino.

Por su parte, Sascha coincide con Paly, agregando que rechazan los “parámetros establecidos sobre la biología de los cuerpos para determinar su identidad de género”. Por lo mismo, es enfáticx en que estas discusiones debe separarse lo biológico de lo cultural.

“En proceso de constante búsqueda personal. Siempre hago la invitación a perder el miedo, a romper estas estructuras. Para mí, los términos queer, no binario o género fluido, son básicamente ideas modernas de libertad“, señala Paly.

Paly Valentin / Crédito: Héctor Margaritas

“Una busqueda de autenticidad”

A pesar de aquella libertad de la que habla Paly, vivir y desarrollarse como una identidad no binaria no es sencillo, principalmente por los prejuicios de las personas. En esa línea, Sascha señala que la violencia más común que suelen enfrentar como comunidad es que asuman su género. “Te denominan por el género que tu pareces ser. Porque cuando hablas de no binariedad, la gente suele pensar en androginia inmediatamente, y cuando tu no representas eso, la gente te asigna un género”, explica.

“Une entiende que no es en mala, pero es simbólicamente violento. De todas formas, las violencias son muy variadas, porque cada una socializa su no binariedad de forma distinta”, agrega.

Si bien a Paly no le molestan los pronombre femeninos ni masculinos, entiende que sus pares se sientan incómodos por denominaciones incorrectas. “Es súper difícil arrancarse completamente de la percepción binaria, porque culturalmente tendemos a asociar todo hacia lo masculino o femenino. Es difícil pensar en que algo esté fuera de ese rango, pero el punto es permitirse ser libre al momento de identificarse y expresarse, sin tener que definirse o limitarse”, fundamenta.

“Por ejemplo, a la gente le cuesta entender que hay personas trans no binarias. Dicen: ‘pero sí está transitando, entonces ahora tienes que cambiar y verte como mujer u hombre’. Pero no es eso. Sólo buscamos una forma de sentirnos de manera plena. El no binarismo es una búsqueda de autenticidad”, agrega.

En su experiencia personal, Paly cuenta que cuando se presenta como una persona no binaria o de género fluido, a la gente le hace más sentido cuando su expresión de género es más masculina. “Ahí lo entienden más, pero si me ven desde un lugar más femenino, ahí no lo comprenden y lo cuestionan”, cuenta.

Sascha Fernandois / Crédito: @razrknf3

La violencia en el carnet

Los conocidos problemas de la comunidad trans con la forma en que son identificados institucionalmente, también se extienden a las personas no binarias, dado que actualmente nuestro sistema de identificación sólo se limita a informar el sexo biológico.

De esta forma, la Ley de Identidad de Género, que dentro de los próximos meses debería estar operativa, no solucionará este aspecto, dado que mantiene el binarismo del masculino o femenino. “Sería muy bonito que el día de mañana podamos realmente desprendernos de la importancia que tiene en la sociedad la idea del sexo biológico. A mí me violenta caleta la idea del carnet“, argumenta Paly.

“La gente ni se imagina como puede afectar a un otre el tema de la F o la M en el carnet. No es mi caso en particular, pero no puedo dejar de ver violencia en esa imposición. El asumirme como persona de género fluido también me hace aceptar esa condición de que algo va y viene y que no necesariamente tienen que llegar a un lugar concreto”, añade.

Por su parte, Sascha defiende que la cédula de identidad no sólo debería considerar el sexo biológico, sino también el género. Allí, sugiere que “debería haber una categoría donde una pueda describir cuál es el genero al que uno pertenece, y que también exista la posibilidad de indicar el genero no conforme. Es importante, porque una actualmente no es validada en su identidad de género. Si bien una se puede situar desde una radicalidad que no busca esa validación, igual existe y hay una materialidad histórica que la sustenta”.

Crédito: Antonia Sánchez

Contra el biologicismo

Así como las identidades no binarias se ven afectadas por la violencia ejercida por grupos conservadores, muchas veces también se ven cuestionadas en espacios que parecerían ser tolerantes y seguros para ellas.

En específico, Paly recuerda su experiencia en una asamblea feminista que sucedió el año pasado en una universidad privada.

“Empezaron con un discurso súper radical, cuestionando a las disidencias, diciendo que los gays seguían siendo hombres o que las mujeres trans habían crecido como hombres y que no entendían lo que era ser mujer, ligando mucho las cosas a la genitalidad. Se puso violento el ambiente, me choco caleta, me frustré y dieron muchas ganas de llorar”, cuenta.

Ante ese sentimiento, cuenta que levantó la mano y se dirigió a sus compañeras: “Lo siento cabras, pero yo no soy mujer. Yo me puedo ver como ustedes me quieren ver, pero no, jamás me he sentido mujer”, les dijo, quebrando así la discusión.

En esa línea, Paly expresa que entiende el feminismo como una lucha contra la violencia patriarcal y que todas las “cuerpas oprimidas y disidentes” son víctimas de eso. “No solo la vive la mujer biológica. Por eso creo que hay que luchar contra el machismo opresor, contra la heteronormatividad y el patriarcado, y así encontrar la bandera de lucha común, unir fuerzas. Creo en un feminismo interseccional”, declara.

Como ejemplo, Paly recuerda que previo la pasada marcha del 8M junto a su grupo de amigues disidentes se cuestionaron mucho cúal era su rol en ese espacio y que temieron ser rechazades por grupos biologicistas. “Ese día nos pusimos lo más reinas que pudimos, pensando en que íbamos a hacer resistencia. Llevamos un lienzo que decía ‘Cuerpxs maricas presentes’ y tuvimos un excelente recibimiento. A la gente le hacía sentido que estuviésemos ahí”, cuenta.

En aquel momento, Paly encontró una resistencia “muy poética en la palabra ‘marica’, que siempre se ha ocupado de forma despectiva, hoy la siento más linda que nunca y pienso en Lemebel mariquita linda, sintiéndome parte por fín de un lugar cálido y correspondido. Pienso que la sociedad ha avanzado y ya no se mata por el simple hecho de ser gay o lesbiana, se ataca porque se te nota, por ser fuertona y camiona, se discrimina por salirte de rango, por no encajar, por ser difíciles de definir“.

“Los argumentos biologicistas quedan cortos para poder hablar realmente de algo tan complejo como es la identidad. No podemos centrarnos sólo en algo concreto que es la biología de nuestros cuerpos”, complementa Sascha.

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