Mientras cientos de miles de ciudadanos marchaban por las calles de Brasil, el presidente de ese país, Jair Bolsonaro, viajaba a Dallas para recibir un galardón. Fue desde allá que afirmó que los estudiantes son unos “idiotas útiles a la izquierda”. La intención era aprovechar el título de “Personalidad del Año” otorgado por la Cámara de Comercio Brasil-Estados Unidos (comandada por muchos empresarios de los dos países que apoyaron su campaña presidencial) para quitar atención a las protestas por el recorte de más de 30% en el presupuesto a universidades y centros de formación profesional.

La estrategia le salió mal. Primero, porque la masividad de las marchas en casi 200 ciudades en todo país, y más de 250 mil en las dos más emblemáticas capitales regionales (São Paulo y Río de Janeiro) se volvió el tema principal de los noticieros brasileños.

Incluso su propia movida resultó ser una colección de errores no forzados y mal calculados. Para empezar, el alcalde de Dallas, el demócrata Mike Rawling, que inicialmente había dado la bienvenida al mandatario sudamericano, cambió su postura horas después, presionado por un documento firmado por 7 de los 14 concejales de la ciudad en repudio a las ideas machistas y racistas defendidas por el visitante. Rawling también se bajó del evento en donde se le entregó el premio a Bolsonaro.

Pero el bochorno más destacado involucró a una gran figura del Partido Republicano: el expresidente George W. Bush. El líder de la invasión a Irak tampoco quiso participar del evento-homenaje al brasileño, pero aceptó que este lo visitara en su oficina en Texas, y además reconoció ante la prensa que no lo había invitado y que lo recibió por pedido explícito de empresarios locales.

Para entender mejor la situación hay que regresar un par de semanas en el tiempo. A mediados de abril, la Cámara de Comercio Brasil-Estados Unidos anunció el premio de “Personalidad del Año” a Jair Bolsonaro, y trató de buscar un local para hacer la ceremonia oficial. La organización del evento buscó diferentes locales en la ciudad de Nueva York, incluyendo el Museo de Historia Natural y algunos importantes restaurantes de Manhattan. Sin embargo, tras el rechazo contundente expresado por el alcalde neoyorquino Bill de Blasio, dijo que “este odio (de Bolsonaro) no es bienvenido en la ciudad”, el resultado fue una colección de negativas de los grandes locales a ser sede de un homenaje al político de extrema derecha. Ese enorme rechazo recibido en Nueva York gracias a las declaraciones del alcalde llevó a Bolsonaro a declarar que sólo visitaría la ciudad nuevamente “cuando se vaya de Blasio”.

Sin poder hacerlo en Nueva York, los organizadores prefirieron llevar el evento a Dallas, ciudad donde está la sede de la Cámara de Comercio Brasil-Estados Unidos, que fue finalmente donde se realizó la ceremonia. Para justificar ese cambio, el ministro vocero del Palacio do Planalto, general Otávio Rêgo Barros, aseguró que “la idea de realizarlo en Dallas partió del expresidente George W. Bush y otros líderes republicanos que se han comunicado con nuestra cancillería para poder participar del evento”.

Sin embargo, según el diario carioca O Globo, que se comunicó con la asesoría de Bush y obtuvo como respuesta que “el expresidente no estuvo involucrado con la organización del evento y tampoco fue quien hizo la invitación (para que Bolsonaro fuera a Dallas), aunque por supuesto accedió al pedido de recibirlo en su oficina, una cortesía que suele tener con los dignitarios que vienen a la ciudad, por lo que tuvo una buena reunión con él”.