Las directoras Andrea Giadach y Alejandra Díaz Scharager, de ascendencia palestina y judía respectivamente, invitaron a un grupo de creadores a trabajar en una obra conjunta. El resultado es El círculo, que se estrenó anoche. La obra pone en escena las tensiones por las que pasan los actores y actrices convocados a hacer una obra sobre sus ideologías, biografías y ascendencias. Shlomit Baytelman y Samantha Manzur son parte de este proceso. Tienen distintas formaciones, son de distintas generaciones y vienen de mundos en conflicto.  A pesar de todo eso, no solo logran trabajar juntas, sino también escucharse y entenderse. Lo que difícilmente ocurriría en otro ámbito, lo logra el teatro.

El círculo es una obra poco convencional que hace referencia al proceso mismo de trabajo de creación. ¿Qué nos podrían contar de esta puesta en escena?

Shlomit: El hecho de mostrar en escena lo que vivimos realmente, nuestro cotidiano, y hacer una síntesis de un año y medio de trabajo es exquisito. Quedó la cepa de esos encuentros. Eso gestó finalmente un texto donde se muestra todo ese tremendo proceso.

Samantha: Actuar en la obra se vuelve poco convencional en términos de lo que es la actuación, de representar a otros, porque están las biografías de nosotros comprometidas, las vivencias, la ideología, y yo creo que el proceso y la obra misma hace referencia a aquello, a lo que nos fue pasando, a los conflictos y encuentros que tuvimos, a cómo nuestras ideologías fueron progresando, evolucionando y acogiendo otras perspectivas.

-¿Cómo fue el proceso de trabajo, en cuanto a divergencias y convergencias ideológicas y de cómo entiende el mundo árabe y judío el conflicto? ¿Les hizo cambiar o mirar de otra forma algunas de sus creencias previas?

Samantha: Personalmente yo no siento que cambié enormemente mi ideología ni mis pensamientos, pero sí me entregué a un proceso en el que escuché otras historias, otras perspectivas y eso me hizo entrar en nuevos diálogos, en nuevos pensamientos e iluminaciones respecto a cómo puede ser tratado esto que para mí no es un conflicto. Es una ocupación y como seres humanos, más allá de ser judíos, palestinos o chilenos, necesitamos mirarlo como tal y tomar posición respecto a eso.

Shlomit: Siempre hubo una muy buena disposición a escucharnos, un amor de partida muy grande, a mí por lo menos algo me pasó que era muy rico estar, me daban ganas de ir. Nos fuimos modificando. Estábamos dispuestos a escuchar. Creo que somos un grupo muy especial, en ese sentido, y me encantaría que esta experiencia se tradujera en algo universal.

Shlomit Baytelman en uno de los ensayos

-¿Qué rescatarían respecto a este trabajo como encuentro entre dos mundos y visiones?

Samantha: El estar en el lugar del otro, para mí eso es la actuación, el traspasarse y entrar en cuerpos de otras personas, en cuerpos con otras ideologías, y ser otro.

Shlomit: Rescatar la posibilidad de una modificación aunque sea mínima. Porque aquí no hay una modificación política. Yo creo que todos tenemos muy claro lo que son nuestras comunidades, lo que estamos resguardando, pero hay algo que nos hace ser diferentes, cambió como el PH en estos encuentros, hay algo que ya no es igual, que está como más sedoso.

-Cuéntennos sobre sus procesos personales respecto a su mundo de ascendencia (árabe/ judío) y su motivación para participar en este trabajo colectivo

Samantha: Yo soy de una familia con ascendencia árabe de parte de papá, y es muy fuerte la línea árabe en mi familia, y también creo yo en cómo me determina como ser humano. Ha sido maravilloso estar en este proyecto, desde muchos aspectos: la reflexión; conocer a otras personas; estar con la Shlomit actuando, una artista con años de trayectoria, ver su visión; conocer a otros árabes o palestinos en escena; y así mucha gente que ha estado en este proceso tan intenso y fructífero.

Ensayos de la obra

Shlomit: Me encanta mi origen, no soy una gran estudiosa, pero siento que hay una tremenda cultura ahí. Me dan mucha pena y rabia los problemas políticos que no han permitido que eso quedara mostrado de otra manera, por los conflictos políticos tan mal llevados, en un pequeño lugar hermoso, donde hay un nudo, el nudo de la historia, de ahí parte todo, y cómo no se ha podido esa madeja desentramar. Entonces, me encanta por una parte estar con todo ese bagaje cultural que llevamos por ósmosis y habernos encontrado con este otro mundo, y ese respecto tácito que siempre ha existido, por lo menos dentro de mi familia, hacia lo árabe, lo palestino. Tengo ese conflicto dentro, y aquí de alguna manera logro entregar parte de esas emociones.

 

Hasta el 9 de junio en Matucana 100, espacio Patricio Bunster.

Jue a sáb, 20 hrs; dom, 19 hrs. $5.000 general; $3.000 estudiantes, 3ra edad y jueves popular. 90 min. +12

 

FICHA ARTÍSTICA

Investigación y Creación: Colectivo Natuf

Dramaturgia: Andrea Giadach

Dirección: Andrea Giadach y Alejandra Díaz Scharager

Asistencia de dramaturgia: Pablo Manzi

Elenco: Shlomit Baytelman, Moisés Norambuena, Samantha Manzur, Antonio Zisis, Constantino Marzuqa, Juan Carlos Saffie